¿Puede agosto convertirse en el mes más delicado para los mercados?
Cuando pensamos en agosto solemos asociarlo a vacaciones y tranquilidad. Sin embargo, en los mercados financieros ocurre justo lo contrario: la menor liquidez puede amplificar el impacto de cualquier noticia.
En su último análisis, Jesús Sánchez-Quiñones destaca que este verano confluyen varios focos de incertidumbre: tensiones geopolíticas, dudas sobre la evolución de la inteligencia artificial, el comportamiento del yen, el precio de la energía y las expectativas sobre los bancos centrales.
Pero la reflexión más interesante va más allá de enumerar riesgos. La clave es que estos factores no actúan de forma aislada, sino que están interconectados.
Un repunte del precio del petróleo puede dificultar el control de la inflación. Una inflación más persistente puede condicionar las decisiones de los bancos centrales. Y todo ello puede trasladarse a unos mercados que continúan cerca de máximos.
No se trata de predecir una crisis, sino de entender que la coincidencia de varios factores de riesgo, en un periodo de escasa liquidez, aumenta la probabilidad de episodios de volatilidad.
Como ocurre tantas veces en economía, el riesgo no está en un único acontecimiento, sino en cómo interactúan varios al mismo tiempo.

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