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Aviso: Los contenidos de este blog tienen una finalidad exclusivamente reflexiva, divulgativa y formativa, orientada a facilitar la comprensión del ahorro, la inversión y las finanzas personales. Las opiniones, análisis y contenidos publicados no constituyen asesoramiento financiero ni recomendaciones personalizadas de inversión. Cada inversor debe adoptar sus decisiones teniendo en cuenta sus propias circunstancias, necesidades y objetivos, siendo consciente de que toda inversión implica riesgos y valorando, cuando resulte conveniente, la posibilidad de acudir a un asesor financiero o patrimonial debidamente cualificado y acreditado.

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¿Podemos anticipar la próxima recesión? Quizá esa no sea la pregunta más útil

Las recesiones preocupan a cualquier inversor. Cuando la economía se deteriora, aumentan las noticias negativas, las empresas revisan sus expectativas, puede crecer el desempleo y los mercados financieros suelen atravesar periodos difíciles. Parece lógico pensar que, si fuéramos capaces de anticipar la próxima recesión, podríamos proteger nuestro patrimonio antes de que llegara. Pero antes de preguntarnos si podemos predecirla conviene aclarar algo más elemental: ¿qué es exactamente una recesión y por qué se produce? El libro Recession: The Real Reasons Economies Shrink and What to Do About It , publicado en 2026 por Tyler Goodspeed, ofrece una perspectiva especialmente interesante para responder a estas preguntas. No vamos a hacer aquí una reseña del libro. Lo utilizaremos como punto de partida para comprender mejor un problema que afecta directamente al inversor: la diferencia entre comprender los riesgos económicos y ser capaces de anticipar el futuro . ¿Qué es realmente una recesió...

¿Podemos anticipar la próxima recesión? Quizá esa no sea la pregunta más útil

Las recesiones preocupan a cualquier inversor. Cuando la economía se deteriora, aumentan las noticias negativas, las empresas revisan sus expectativas, puede crecer el desempleo y los mercados financieros suelen atravesar periodos difíciles. Parece lógico pensar que, si fuéramos capaces de anticipar la próxima recesión, podríamos proteger nuestro patrimonio antes de que llegara.

Pero antes de preguntarnos si podemos predecirla conviene aclarar algo más elemental: ¿qué es exactamente una recesión y por qué se produce?

El libro Recession: The Real Reasons Economies Shrink and What to Do About It, publicado en 2026 por Tyler Goodspeed, ofrece una perspectiva especialmente interesante para responder a estas preguntas. No vamos a hacer aquí una reseña del libro. Lo utilizaremos como punto de partida para comprender mejor un problema que afecta directamente al inversor: la diferencia entre comprender los riesgos económicos y ser capaces de anticipar el futuro.

¿Qué es realmente una recesión?

Solemos identificar una recesión con «dos trimestres consecutivos de caída del PIB». Es una regla sencilla y útil como aproximación, pero una recesión es un fenómeno más amplio: una contracción significativa y suficientemente generalizada de la actividad económica, que puede manifestarse en la producción, el empleo, la renta, el consumo o las ventas.

Lo verdaderamente interesante del planteamiento de Goodspeed no está, sin embargo, en esa definición, sino en su explicación de por qué ocurren las recesiones.

Estamos acostumbrados a hablar del ciclo económico, expresión que sugiere una sucesión relativamente ordenada: expansión, madurez, recesión, recuperación y nueva expansión. La imagen resulta intuitiva. Si la economía lleva muchos años creciendo, parece razonable pensar que debe encontrarse cada vez más cerca de la siguiente contracción.

Goodspeed cuestiona precisamente esta idea.

Después de estudiar una larga sucesión de episodios históricos, sostiene que la duración o intensidad de una expansión no permite determinar satisfactoriamente cuándo llegará la recesión siguiente. Dicho de una manera sencilla, las expansiones no tienen por qué morir de viejas.

Su tesis puede resumirse así: las recesiones se entienden mejor no como una fase inevitable de un ciclo que periódicamente tiene que completarse, sino como desviaciones de la trayectoria de crecimiento provocadas por perturbaciones suficientemente importantes. Crisis financieras, guerras, shocks energéticos, pandemias u otros acontecimientos pueden golpear a una economía y provocar una contracción.

La diferencia no es menor.

Si Goodspeed tiene razón, es muy probable que sigamos padeciendo recesiones, porque seguirán produciéndose acontecimientos adversos. Pero no existiría un reloj económico que podamos consultar para saber cuándo llegará la siguiente.

Podemos saber que en el futuro habrá nuevos accidentes de tráfico sin poder anticipar dónde y cuándo se producirá el próximo.

Y esto nos conduce a la cuestión que realmente nos interesa en InverAhorro:

¿Hasta qué punto debería un inversor hacer depender sus decisiones de su capacidad para anticipar una recesión?

No podemos saber cuándo, pero sí observar vulnerabilidades

El planteamiento de Goodspeed necesita una matización importante.

Que no sepamos qué desencadenará la próxima recesión no significa que todas las economías estén igualmente preparadas para afrontar una perturbación.

Pensemos en un incendio. No sabemos qué edificio sufrirá el siguiente, pero sí podemos observar que unos son más vulnerables que otros.

Con la economía sucede algo parecido.

Un endeudamiento excesivo, un sistema financiero frágil, un deterioro del crédito o determinados desequilibrios pueden no permitirnos saber cuándo llegará una recesión, pero sí advertirnos de que sus consecuencias podrían ser más graves si finalmente aparece una perturbación.

Conviene distinguir, por tanto, entre dos cosas:

detectar vulnerabilidades y predecir acontecimientos.

No son lo mismo.

Esta distinción nos permite escapar de dos posiciones extremas. Ni las recesiones son perfectamente predecibles ni debemos concluir que el análisis económico carezca de utilidad porque nunca podamos conocer el futuro con certeza.

Podemos saber que el riesgo está aumentando sin saber si finalmente se materializará.

La curva de tipos: información no significa certeza

Un buen ejemplo es la conocida curva de tipos de interés.

En condiciones normales, los tipos a largo plazo suelen ser superiores a los de corto plazo. Cuando ocurre lo contrario hablamos de una curva invertida.

¿Por qué recibe tanta atención?

Porque históricamente diferentes medidas de su pendiente han mostrado capacidad para anticipar recesiones, especialmente en Estados Unidos. Existe evidencia económica que confirma que la curva contiene información relevante.

Pero debemos entender correctamente qué significa contener información.

La propia Reserva Federal ha estudiado diferentes indicadores y advierte que no existe un único predictor que funcione perfectamente en todos los periodos y horizontes. La información de la curva puede resultar además más útil cuando se combina con otras variables, por ejemplo las relacionadas con el crédito.

Una inversión de la curva puede decirnos:

«El riesgo de recesión ha aumentado».

Lo que no puede decirnos con precisión es:

«La recesión comenzará dentro de siete meses».

Y mucho menos:

«Hoy es el momento de vender la bolsa».

Una señal económica puede ser útil para comprender el entorno sin convertirse automáticamente en una señal de compraventa.

Esta diferencia será fundamental cuando pasemos de la economía a nuestra cartera.

Explicar el pasado es más fácil que anticipar el futuro

Existe además una dificultad que tiene menos que ver con la economía que con nuestra forma de pensar.

Después de una crisis, todo parece mucho más evidente.

Cuando observamos retrospectivamente 2008 vemos las hipotecas de baja calidad, el endeudamiento, el apalancamiento financiero y las vulnerabilidades acumuladas. Conociendo el desenlace, la historia parece conducir casi naturalmente hacia él.

Pero quienes tuvieron que tomar decisiones antes de la crisis no conocían ese desenlace. Aquellas señales convivían con muchas otras informaciones y explicaciones posibles.

Es lo que los psicólogos denominan sesgo retrospectivo: una vez que conocemos lo ocurrido tendemos a pensar que era más previsible de lo que realmente parecía antes.

Goodspeed se refiere también a la apofenia, nuestra tendencia a encontrar patrones incluso donde puede existir un componente importante de azar.

Para el inversor tiene una consecuencia práctica.

Después de una crisis recordamos a quien la anticipó. Con mucha menor frecuencia nos preguntamos cuántas otras crisis había pronosticado anteriormente esa misma persona que nunca llegaron a producirse.

Una previsión no puede juzgarse únicamente por sus aciertos.

También debemos contar sus errores.

Supongamos que conseguimos acertar

Imaginemos ahora que hemos analizado correctamente todos los indicadores y tenemos razones fundadas para pensar que habrá una recesión durante los próximos doce meses.

¿Deberíamos reducir nuestra exposición a bolsa?

No es tan evidente.

Todavía necesitaríamos saber cuándo comenzará la recesión, cuánto durará, qué profundidad tendrá, qué parte del deterioro ha anticipado ya el mercado, cómo reaccionarán los bancos centrales y qué sucederá con los beneficios empresariales.

Y nos quedaría una pregunta especialmente difícil:

¿Cuándo volveremos a invertir?

Aquí aparece una diferencia esencial entre economía y mercados financieros.

Las bolsas no esperan a que un organismo estadístico confirme que la economía ha entrado en recesión. Los mercados intentan anticipar continuamente lo que sucederá en los próximos meses.

Por eso pueden empezar a caer antes de que la recesión haya comenzado.

Y también pueden comenzar a recuperarse cuando las noticias económicas todavía son muy negativas.

Quien pretenda utilizar una previsión de recesión para hacer market timing necesita, por tanto, acertar varias veces: interpretar correctamente las señales, salir antes de que el mercado haya descontado suficientemente el deterioro y volver antes de que haya anticipado la recuperación.

Podemos acertar la evolución aproximada de la economía y, sin embargo, equivocarnos con la bolsa.

Éste es probablemente el punto más importante de todo el artículo:

predecir una recesión y predecir el mercado son dos problemas diferentes.

Entonces, ¿para qué seguir la economía?

La respuesta no es dejar de hacerlo.

Comprender la inflación, los tipos de interés, el empleo, el crédito o la actividad económica nos ayuda a entender el entorno en el que invertimos y los riesgos que asumimos.

Lo importante es no confundir tres niveles diferentes:

Comprender el entorno → estimar riesgos → tomar decisiones de inversión.

El análisis económico puede ayudarnos mucho con los dos primeros. El tercero exige bastante más.

Si pensamos que ha aumentado el riesgo de recesión podemos preguntarnos, por ejemplo, si nuestra cartera sigue siendo coherente con nuestro horizonte temporal, si disponemos de liquidez suficiente o si estamos asumiendo más riesgo del que realmente podemos soportar.

Eso es muy diferente de concluir:

«Como espero una recesión, debo salir del mercado».

En el primer caso analizamos nuestra vulnerabilidad.

En el segundo hacemos depender la decisión de nuestra predicción.

De predecir el futuro a estar preparados para él

Quizá aquí encontremos la enseñanza más útil para el inversor particular.

Existen dos maneras de enfrentarnos a un futuro incierto.

Podemos intentar averiguar qué ocurrirá.

Pero también podemos preguntarnos:

¿Qué me ocurrirá si sucede algo que no esperaba?

Esta segunda pregunta explica buena parte de los principios básicos de una gestión prudente del patrimonio.

Diversificamos porque no sabemos qué activos serán los ganadores.

Mantenemos suficiente liquidez para nuestras necesidades próximas porque no sabemos cómo estarán los mercados cuando necesitemos disponer del dinero.

Elegimos un nivel de riesgo compatible con nuestro horizonte y nuestras circunstancias porque no sabemos cuándo llegará la siguiente caída.

Y procuramos no concentrar excesivamente nuestro patrimonio porque tampoco sabemos de dónde procederá la próxima perturbación.

La diversificación, la liquidez, el horizonte temporal y el control del riesgo no eliminan la incertidumbre.

Hacen algo probablemente más importante:

Reducen nuestra dependencia de acertar el futuro.

Quizá estamos haciendo la pregunta equivocada

Seguramente seguiremos intentando anticipar las recesiones. Y tiene sentido hacerlo.

La curva de tipos contiene información. El crédito contiene información. También el empleo, la inflación y la actividad empresarial. Analizar esas variables puede ayudarnos a comprender mejor el entorno económico.

Pero debemos reconocer los límites de ese conocimiento.

Saber que ha aumentado la probabilidad de una recesión no significa saber cuándo llegará. Anticipar correctamente una recesión tampoco significa saber cuándo caerá la bolsa. Y acertar ambas cosas todavía nos obligaría a determinar cuándo volver a asumir riesgo.

Por eso quizá la pregunta más útil para un inversor no sea:

«¿Cuándo llegará la próxima recesión?»

Sino:

«¿Qué ocurrirá con mi patrimonio si llega cuando no la espero?»

La primera nos invita a hacer una predicción.

La segunda nos obliga a pensar en nuestro horizonte temporal, nuestra liquidez, nuestra diversificación y el riesgo que realmente podemos soportar.

Podemos seguir intentando comprender el futuro.

Lo importante es procurar que nuestro patrimonio no dependa de haberlo comprendido perfectamente.


Para recordar

Goodspeed nos propone una forma distinta de pensar las recesiones: no necesariamente como una fase periódica que llega cuando una expansión se agota, sino como perturbaciones que apartan a la economía de su trayectoria de crecimiento.

Esto no convierte el análisis económico en inútil. Podemos detectar vulnerabilidades y reconocer que determinados indicadores señalan un aumento del riesgo sin saber exactamente cuándo se producirá la siguiente contracción.

Para el inversor, la diferencia es fundamental:

Comprender riesgos no equivale a predecir acontecimientos, y predecir la economía no equivale a predecir los mercados.

De ahí surge una enseñanza sencilla: ante un futuro que sólo podemos conocer imperfectamente, estar preparados puede resultar más importante que intentar acertarlo.

Glosario

Apofenia. Tendencia humana a percibir patrones, relaciones o regularidades incluso cuando pueden deberse, al menos parcialmente, al azar. En economía puede llevarnos a interpretar como ciclos previsibles fenómenos que presentan mucha más irregularidad de la que suponemos.

Ciclo económico. Expresión utilizada para describir las sucesivas fases de expansión y contracción de la actividad económica. Una de las ideas que cuestiona Tyler Goodspeed es precisamente que estas fluctuaciones respondan a un ciclo regular o que la duración de una expansión permita anticipar la siguiente recesión.

Curva de tipos de interés. Representación de los tipos de interés correspondientes a deudas con diferentes plazos de vencimiento. Normalmente los tipos a largo plazo son superiores a los de corto plazo. Cuando sucede lo contrario hablamos de inversión de la curva, fenómeno que históricamente ha mostrado cierta capacidad para anticipar recesiones, aunque no permite determinar con precisión cuándo se producirán.

Diversificación. Distribución del patrimonio entre distintos activos, mercados o fuentes de riesgo para reducir la dependencia respecto del comportamiento de una única inversión. No evita las pérdidas ni garantiza rentabilidad, pero puede hacer que una cartera sea menos vulnerable a un escenario concreto.

Market timing. Estrategia consistente en modificar la exposición a los mercados intentando anticipar sus movimientos. En el contexto del artículo, supondría reducir el riesgo antes de una recesión o caída bursátil y aumentarlo nuevamente antes de la recuperación. Su dificultad reside en que no basta con acertar una previsión: también es necesario acertar el momento de salida y el de regreso.

Recesión. Contracción significativa y generalizada de la actividad económica. Suele reflejarse en variables como producción, empleo, renta o ventas. No debe confundirse necesariamente con la regla simplificada de «dos trimestres consecutivos de caída del PIB», que es sólo uno de los criterios utilizados para identificarla.

Sesgo retrospectivo (hindsight bias). Tendencia a considerar un acontecimiento más previsible después de conocer su desenlace de lo que realmente parecía antes de producirse. Puede llevar al inversor a sobrevalorar retrospectivamente las señales que precedieron a una crisis y olvidar otras muchas advertencias que no llegaron a materializarse.

Shock económico. Acontecimiento o perturbación que altera significativamente el funcionamiento de una economía. Puede tener origen financiero, energético, geopolítico, sanitario, tecnológico o de otra naturaleza. Un shock puede ser difícil de anticipar y producir efectos muy diferentes dependiendo de las vulnerabilidades existentes previamente.

Vulnerabilidad económica. Condición que hace que una economía, empresa o patrimonio pueda sufrir especialmente ante una perturbación. Un elevado endeudamiento o un sistema financiero frágil son ejemplos posibles. Identificar una vulnerabilidad no equivale a predecir cuándo aparecerá el acontecimiento que la pondrá a prueba.

Resiliencia. Capacidad para soportar una perturbación, adaptarse a ella y recuperarse sin sufrir consecuencias que comprometan gravemente la situación posterior. Aplicada al patrimonio, implica procurar que nuestra estrategia pueda atravesar escenarios adversos sin depender de haberlos anticipado correctamente.

Este artículo toma como punto de partida Recession: The Real Reasons Economies Shrink and What to Do About It, de Tyler Goodspeed (2026), y desarrolla a partir de sus planteamientos una reflexión propia sobre predicción macroeconómica y gestión del riesgo. Las referencias a inversión son exclusivamente divulgativas y no constituyen una recomendación de inversión.

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