Barry Eichengreen, uno de los grandes especialistas contemporáneos en historia monetaria y finanzas internacionales, plantea en Money Beyond Borders: Global Currencies from Croesus to Crypto (Princeton University Press, 2026) una pregunta de enorme actualidad: ¿por qué algunas monedas consiguen ser utilizadas mucho más allá de las fronteras del país que las emite y qué hace que, con el tiempo, puedan perder esa posición?
Para responderla, Eichengreen adopta una perspectiva poco habitual en los debates actuales sobre el dólar. En lugar de comenzar por las decisiones de la Reserva Federal, la deuda estadounidense o el ascenso de China, retrocede unos 2.500 años. El recorrido comienza con las primeras monedas acuñadas en Lidia y atraviesa las monedas griegas y romanas, el florín de Florencia, la plata española, el florín holandés, la libra esterlina y, finalmente, el dólar. El último tramo llega hasta las criptomonedas y las monedas digitales.
No se trata simplemente de una historia del dinero. Lo que interesa a Eichengreen son las monedas internacionales: aquellas que, por distintas razones, terminan siendo utilizadas por personas, comerciantes, instituciones y gobiernos que viven fuera del territorio donde fueron creadas.
Ese recorrido permite aprender algunas cosas fundamentales sobre el dinero que utilizamos todos los días.
1. ¿Qué es realmente el dinero?
Estamos tan acostumbrados a utilizar euros que raramente nos preguntamos por qué un billete de 20 euros vale 20 euros.
El dinero cumple tradicionalmente varias funciones: permite realizar pagos, expresar precios y conservar capacidad adquisitiva para utilizarla posteriormente. Pero para que pueda desempeñarlas necesita algo fundamental: ser aceptado por los demás.
Esto se aprecia con especial claridad cuando una moneda atraviesa las fronteras de su país.
Dentro de un Estado existen leyes, instituciones y obligaciones —como el pago de impuestos— que favorecen la utilización de la moneda nacional. Pero cuando una moneda comienza a circular fuera de esas fronteras aparece una cuestión adicional: quienes la reciben tienen que encontrar razones para querer conservarla y volver a utilizarla.
La historia que cuenta Eichengreen muestra precisamente cómo determinadas monedas consiguieron alcanzar esa aceptación internacional.
Y aquí aparece una primera idea importante: el dinero no es únicamente el objeto que tenemos en la mano. Es también una relación basada en la expectativa de que otros estarán dispuestos a aceptarlo.
2. ¿Por qué algunas monedas cruzan las fronteras?
No todas las monedas han tenido la misma capacidad para hacerlo.
Eichengreen comienza su recorrido en la Antigüedad y muestra cómo algunas monedas terminaron utilizándose mucho más allá de su lugar de origen. Las monedas de Atenas, por ejemplo, estuvieron vinculadas tanto a su importancia comercial como a su poder político y militar. Más adelante otras monedas desempeñarían funciones semejantes en contextos históricos completamente diferentes.
Roma, Bizancio, las ciudades comerciales italianas, España, los Países Bajos o Gran Bretaña aparecen sucesivamente en esta historia.
Uno de los ejemplos especialmente llamativos es el solidus bizantino, cuya extraordinaria longevidad llevó a ser descrito como una especie de «dólar de la Edad Media»: durante siglos fue utilizado en territorios muy alejados del Imperio bizantino.
Pero el libro también permite comprobar que la expansión internacional de una moneda no depende de una única causa.
Importan el comercio y el tamaño de las transacciones que se realizan en esa moneda. Importa la estabilidad. Importa la reputación de quien la emite. Importan las finanzas y la posibilidad de utilizar esa moneda para prestar, endeudarse o conservar riqueza. Y también importa el poder político y geopolítico que existe detrás de ella.
La moneda internacional es, por tanto, mucho más que una pieza metálica, un billete o una anotación electrónica.
Forma parte de una red económica y financiera.
3. ¿Por qué una moneda termina imponiéndose sobre las demás?
Aquí encontramos una de las enseñanzas más útiles del recorrido histórico de Eichengreen.
Una moneda internacional resulta tanto más útil cuanto mayor sea el número de personas e instituciones que ya la utilizan.
Un comerciante tiene incentivos para aceptar una moneda si sabe que podrá utilizarla posteriormente. Los bancos encuentran ventajas en operar con ella si muchos de sus clientes la demandan. Las empresas pueden preferir fijar sus precios en una moneda ampliamente utilizada. Y los bancos centrales pueden mantener reservas en activos denominados en ella porque existe un mercado amplio donde comprarlos y venderlos.
Se genera así un proceso acumulativo.
Utilizamos una moneda porque otros la utilizan; y cuanto más la utilizamos, más útil resulta para los demás.
Pero Eichengreen muestra que esto no basta por sí solo. La historia de las monedas internacionales combina economía, finanzas y poder. Para mantener una moneda internacional hacen falta mercados capaces de proporcionar liquidez, activos en los que colocar el dinero y suficiente confianza en las instituciones que sustentan el sistema.
Esto ayuda a comprender por qué sustituir una moneda dominante es mucho más difícil de lo que parece.
No basta con crear otra moneda.
Hay que crear alrededor de ella un sistema suficientemente atractivo para que millones de agentes económicos tengan razones para utilizarla.
4. ¿Por qué ninguna moneda dominante es eterna?
El recorrido histórico de Money Beyond Borders contiene otra enseñanza importante: la primacía monetaria puede durar mucho tiempo, pero no es necesariamente permanente.
La historia pasó por monedas asociadas a Atenas y Roma; conoció después el protagonismo del florín florentino, la plata española y el florín holandés; y durante el siglo XIX la libra esterlina ocupó una posición central en las finanzas internacionales.
Hoy esa posición corresponde al dólar.
Los cambios, además, no tienen por qué producirse de forma repentina. Una moneda puede conservar durante mucho tiempo algunas de sus funciones internacionales incluso mientras las circunstancias económicas que hicieron posible su ascenso comienzan a transformarse.
Esto permite introducir una distinción importante.
Que una moneda dominante tenga problemas no significa que exista automáticamente otra preparada para sustituirla.
El declive de una moneda y el ascenso de su alternativa son fenómenos relacionados, pero no idénticos.
Y esa distinción resulta fundamental para comprender el debate actual sobre el dólar.
5. ¿Por qué sigue dominando el dólar? ¿Puede perder esa posición?
Llegamos así a la cuestión contemporánea que recorre la parte final del libro.
El dólar ocupa una posición extraordinaria en el sistema monetario internacional. Se utiliza en el comercio, en las finanzas, en la denominación de numerosos contratos y como activo de reserva de los bancos centrales.
Su fortaleza no procede únicamente del tamaño de la economía estadounidense.
Detrás existen mercados financieros extraordinariamente profundos y líquidos, una enorme cantidad de activos denominados en dólares y una aceptación internacional que se refuerza precisamente porque empresas, inversores, bancos y gobiernos ya utilizan esa moneda.
Sin embargo, Eichengreen no considera que esa posición deba darse por garantizada indefinidamente.
La historia que acaba de recorrer impide hacerlo.
Su análisis presta atención a los riesgos que pueden deteriorar las condiciones sobre las que descansa la confianza en una moneda internacional. Pero existe simultáneamente una poderosa fuerza a favor del dólar: la ausencia, por ahora, de una alternativa plenamente convincente. Es una de las conclusiones que destaca Catherine Schenk en su reseña del libro para Finance & Development del FMI.
El euro posee algunas de las características necesarias, pero también limitaciones propias de la arquitectura económica y financiera europea. China tiene un enorme peso económico, pero el renminbi se enfrenta, entre otras cuestiones, a las restricciones derivadas de los controles sobre los movimientos de capital y a las características de su sistema financiero.
La pregunta correcta, por tanto, no es simplemente:
«¿Tiene problemas el dólar?»
Hay otra igualmente importante:
«¿Qué moneda está en condiciones de ofrecer todo aquello que actualmente ofrece el dólar?»
Desde esa perspectiva se entiende mucho mejor por qué las predicciones sobre el final de la hegemonía del dólar se han repetido durante décadas sin que hasta ahora se haya producido su sustitución.
6. ¿Puede lo digital cambiar las reglas?
El recorrido iniciado hace 2.500 años termina inevitablemente en nuestro presente.
Bitcoin, las stablecoins y las monedas digitales de los bancos centrales introducen nuevas posibilidades tecnológicas en una historia que durante siglos estuvo protagonizada por monedas metálicas, billetes y depósitos bancarios.
Pero situarlas al final del recorrido de Eichengreen ayuda a contemplarlas desde una perspectiva diferente.
La tecnología puede modificar cómo se crea, almacena o transfiere el dinero, pero permanece la pregunta que ha acompañado todo el libro: ¿qué hace que una determinada forma de dinero alcance una aceptación suficientemente amplia?
Eichengreen analiza estas nuevas formas de dinero sin presentar la aparición de las criptomonedas como prueba de que las monedas tradicionales estén destinadas a desaparecer. De hecho, ninguna de las alternativas actuales —incluido el renminbi o las monedas digitales— reúne todavía, en su análisis, las condiciones necesarias para sustituir al dólar como moneda internacional dominante.
La revolución tecnológica no elimina, por tanto, las preguntas fundamentales que aparecen una y otra vez a lo largo de la historia monetaria.
Las reformula.
Una historia del dinero que termina hablando de confianza
Después de recorrer Money Beyond Borders, quizá podamos mirar de manera diferente algo tan cotidiano como pagar un café con una moneda o mantener nuestros ahorros denominados en ella.
Detrás de ese gesto aparentemente trivial existe una construcción económica extraordinariamente compleja.
Una moneda funciona porque existe una comunidad dispuesta a aceptarla. Una moneda internacional da un paso adicional: consigue que esa comunidad desborde las fronteras del Estado que la emite.
Durante 2.500 años distintas monedas han conseguido hacerlo. Algunas dominaron durante décadas; otras, durante siglos. Finalmente todas vieron transformarse las circunstancias que habían sustentado su posición.
El dólar tampoco está al margen de la historia.
Pero una de las enseñanzas más interesantes del libro de Eichengreen es precisamente que perder la primacía y encontrar un sustituto son dos cosas diferentes.
Por eso, quizá la pregunta más útil no sea cuándo dejará el dólar de ser la moneda dominante.
Es otra mucho más elemental:
¿Qué hace que el mundo confíe en una moneda y esté dispuesto a seguir utilizándola?
La historia que cuenta Barry Eichengreen demuestra que responder a esa pregunta es bastante más difícil —y bastante más interesante— que limitarse a predecir cuál será la próxima moneda dominante.
Fuente principal: Barry Eichengreen, Money Beyond Borders: Global Currencies from Croesus to Crypto, Princeton University Press, 2026.


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