Cuando pensamos en cómo mejorar nuestra situación financiera solemos empezar por el mismo sitio: ganar más, ahorrar más e invertir mejor.
Es perfectamente razonable. Para la inmensa mayoría de nosotros, el salario constituye el punto de partida desde el que construimos nuestro patrimonio.
Pero ¿es también así como se han creado las grandes fortunas?
Barry Ritholtz plantea una respuesta bastante diferente en su reciente artículo «How Wealth Is Created in America», publicado en The Big Picture. Su análisis se centra en Estados Unidos y, especialmente, en el origen de los grandes patrimonios. Su conclusión es provocadora:
«Nadie se hace rico únicamente con un salario y un 401(k)».
El 401(k) es un plan estadounidense de ahorro para la jubilación. Pero no deberíamos quedarnos en la literalidad de la frase. Para un lector español, lo verdaderamente interesante es preguntarnos qué hay detrás de ella.
La respuesta aparece repetidamente a lo largo del artículo:
las grandes fortunas se construyen, sobre todo, mediante la propiedad de activos.
Artículo original: How Wealth Is Created in America — The Big Picture
¿De dónde procede la riqueza de los más ricos?
Ritholtz parte de la denominada «K»: una representación de una economía en la que una parte de la población prospera mientras otra queda rezagada.
Su interés en este artículo está en la rama superior. ¿De dónde procede el patrimonio de quienes han acumulado grandes fortunas?
Para responder, se apoya, entre otras fuentes, en la Survey of Consumer Finances y el Flow of Funds de la Reserva Federal estadounidense.
Y su primera respuesta es muy significativa.
1. Crear y vender una empresa
Según Ritholtz, en el entorno de los 25 millones de dólares de patrimonio —aproximadamente el 0,1% superior— crear y posteriormente vender una empresa constituye, con diferencia, la principal fuente de riqueza en Estados Unidos.
Y aquí aparece un detalle interesante.
No estamos hablando solamente del fundador de la próxima gran tecnológica.
Ritholtz menciona negocios mucho más prosaicos: concesionarios de automóviles, empresas de climatización, recogida de residuos, distribuidores de bebidas, constructoras regionales o grupos de consultas médicas.
Empresas que crecen durante años hasta que finalmente son adquiridas por un competidor, un comprador estratégico o una firma de private equity (capital privado).
Según los datos de Altrata citados por Ritholtz, alrededor del 70% de las personas con patrimonios ultraelevados son self-made, es decir, su fortuna no procede fundamentalmente de una herencia, y la propiedad empresarial ocupa un lugar predominante.
La primera enseñanza empieza a aparecer:
el gran salto patrimonial no suele producirse porque el propietario haya cobrado un salario extraordinario, sino porque posee algo cuyo valor ha aumentado extraordinariamente.
2. Trabajar para otro... pero convertirse también en propietario
La segunda vía que identifica Ritholtz resulta especialmente interesante porque difumina la frontera entre trabajador y propietario.
Empleados que entraron pronto en empresas posteriormente exitosas y altos directivos pueden haber recibido durante años acciones, RSU (acciones concedidas como remuneración), opciones y otros incentivos vinculados al capital de la empresa.
Si la compañía crece enormemente, también lo hace su patrimonio.
Ritholtz señala que desde mediados de los años ochenta este mecanismo se ha convertido en una formidable máquina de creación de riqueza.
Otra vez encontramos la misma idea.
El directivo puede percibir un salario muy elevado. Pero la posibilidad de alcanzar un patrimonio excepcional aparece cuando participa en la propiedad y en la revalorización del negocio.
3. Heredar ayuda, pero no explica todo
La herencia aparece en tercer lugar.
Según las cifras manejadas por Ritholtz, aproximadamente el 25% de la riqueza de los patrimonios ultraelevados procede de herencias.
Es una cifra considerable, aunque quizá menor de la que intuitivamente podríamos esperar.
Además, heredar y crear riqueza no son categorías completamente excluyentes. Alguien puede recibir un patrimonio importante y multiplicarlo posteriormente mediante empresas o inversiones.
Ritholtz menciona aquí la denominada «gran transferencia de riqueza» que se producirá entre generaciones en Estados Unidos, aunque advierte de que existen dudas sobre si alcanzará realmente las dimensiones que algunas estimaciones anticipan.
4. El inmobiliario: propiedad, tiempo y deuda
La inversión inmobiliaria aparece como otra de las grandes fuentes históricas de riqueza.
Ritholtz menciona familias que han acumulado durante generaciones importantes carteras de inmuebles comerciales y residenciales mediante un uso «modesto e inteligente» del apalancamiento (utilización de deuda para invertir).
El inmobiliario estadounidense disfruta además de determinadas ventajas fiscales que favorecen la acumulación y transmisión del patrimonio.
Pero, dejando a un lado unas particularidades fiscales que no son trasladables directamente al inversor español, vuelve a aparecer el mismo patrón:
propiedad de un activo + tiempo + reinversión + crecimiento de su valor.
5. Finanzas, profesionales y propietarios de negocios
Ritholtz continúa su recorrido con las finanzas: gestores de hedge funds (fondos con estrategias muy flexibles), private equity, capital riesgo, banca de inversión, trading, gestión patrimonial o fusiones y adquisiciones.
Después aparecen médicos, abogados, consultores y otros profesionales.
Pero introduce una distinción especialmente relevante.
No es lo mismo ser un médico extraordinariamente bien pagado que ser propietario de un grupo de clínicas.
No es lo mismo ser abogado y facturar muchas horas que poseer una participación en una gran firma.
Una vez más:
ingresos elevados y patrimonio elevado no son exactamente la misma cosa.
El primero puede facilitar enormemente la construcción del segundo. Pero para Ritholtz, las grandes fortunas aparecen fundamentalmente cuando esos ingresos terminan transformándose en propiedad.
6. Comprar una gran empresa... y no venderla durante décadas
Hay una vía especialmente reconocible para cualquier inversor bursátil.
Ritholtz menciona a quienes compraron —o recibieron— acciones de Apple, Microsoft o Berkshire Hathaway hace varias décadas y sencillamente las conservaron.
Una posición concentrada (gran parte del patrimonio en pocas empresas) que se multiplica extraordinariamente puede terminar creando una fortuna.
Pero aquí debemos introducir una precaución que nos parece fundamental.
Ritholtz dice algo muy importante: este resultado es «raro como estrategia deliberada, común como resultado».
La diferencia es enorme.
Hoy sabemos qué empresas de los años ochenta y noventa se convirtieron en extraordinarios éxitos. Mucho más difícil habría sido identificarlas entonces y, además, mantenerlas durante todas sus crisis y caídas sin vender.
Por cada fortuna que podemos observar existe un número mucho mayor de apuestas concentradas que no terminaron igual.
Es el conocido sesgo de supervivencia: vemos con extraordinaria facilidad a los ganadores que sobrevivieron y mucha menos a quienes siguieron estrategias similares sin obtener el mismo resultado.
Por tanto, que la concentración haya creado grandes fortunas no significa que concentrar nuestra cartera sea una estrategia sensata para intentar reproducirlas.
7. La fama genera ingresos; el negocio alrededor de ella genera patrimonio
Ritholtz menciona también el entretenimiento, los medios de comunicación y el deporte.
Pero incluso aquí su argumento vuelve a ser empresarial.
Michael Jordan, Shaquille O'Neal, LeBron James o determinados actores no han construido grandes patrimonios únicamente cobrando por jugar, actuar o aparecer ante las cámaras.
Han creado empresas, adquirido participaciones, invertido o explotado comercialmente sus marcas.
Han convertido capacidad para generar ingresos en propiedad de activos.
8. Las aburridas franquicias también crean fortunas
Otra vía tiene mucho menos glamour.
Poseer varias decenas de restaurantes McDonald's o Taco Bell, o establecimientos de Planet Fitness, puede generar flujos de ingresos recurrentes que, reinvertidos durante muchos años, terminen convirtiéndose en un patrimonio considerable.
Probablemente esta sea una de las partes más interesantes del artículo precisamente porque desmonta una imagen habitual de la riqueza.
No toda gran fortuna nace de una idea revolucionaria.
A veces procede de hacer durante muchísimo tiempo algo relativamente aburrido, rentable y repetible.
9. Y también existe la suerte
Finalmente, Ritholtz incluye una categoría que él mismo reconoce haber dudado en incorporar: los golpes de suerte y las apuestas asimétricas (pequeñas pérdidas posibles frente a ganancias potencialmente enormes).
Comprar criptomonedas muy pronto, invertir una pequeña cantidad en una startup que termina multiplicándose extraordinariamente o determinadas circunstancias excepcionales han creado fortunas reales.
Pero Ritholtz hace una advertencia que merece conservarse:
no son replicables.
Que existan personas que hayan creado enormes patrimonios de esta manera no convierte esas apuestas en una estrategia razonable de creación de riqueza.
Y aquí llegamos a una distinción fundamental para el lector de InverAhorro.
Crear una gran fortuna no es lo mismo que construir nuestro patrimonio
Hasta aquí hemos intentado mantenernos muy cerca del argumento de Barry Ritholtz.
A partir de este punto comienza nuestra reflexión.
Podríamos leer su artículo y extraer una conclusión equivocada:
«Si quiero hacerme rico, debo montar una empresa, endeudarme para comprar inmuebles o concentrar todo mi dinero en unas pocas acciones».
No creemos que esa sea la enseñanza útil para un inversor particular.
Ritholtz está describiendo cómo se han creado grandes fortunas, no demostrando cuál es la estrategia que maximiza nuestras probabilidades de alcanzar nuestros objetivos financieros.
Son preguntas diferentes.
Existe además una asimetría importante.
Para crear una gran fortuna, la concentración puede resultar extraordinariamente poderosa. El empresario posee buena parte de una sola compañía. El ejecutivo acumula acciones de su empresa. El promotor concentra patrimonio en inmuebles.
Pero precisamente por eso existe también un enorme riesgo.
Una vez creado el patrimonio, conservarlo suele requerir principios bastante diferentes: diversificación, control del riesgo y reducción de la dependencia de una única fuente de riqueza.
Crear riqueza y conservarla no son exactamente el mismo problema.
La lección que sí podemos aplicar
La mayoría de quienes leemos este tipo de artículos probablemente nunca fundaremos una empresa que vendamos por 100 millones de euros.
Tampoco necesitamos hacerlo.
La enseñanza aprovechable es mucho más sencilla.
Nuestro trabajo genera renta.
El ahorro nos permite conservar una parte de esa renta.
Y la inversión permite transformar progresivamente ese ahorro en propiedad de activos.
Cuando compramos participaciones de un fondo global diversificado, por ejemplo, estamos adquiriendo indirectamente pequeñas participaciones en multitud de empresas.
No somos sus fundadores ni controlamos sus decisiones. Pero dejamos de ser exclusivamente perceptores de renta para convertirnos también, en una escala infinitamente más modesta, en propietarios de capital productivo.
Ahí está probablemente la conexión más interesante entre el mundo de las grandes fortunas que describe Ritholtz y las finanzas de cualquier familia.
El salario importa muchísimo. Pero lo decisivo es qué hacemos con una parte de él
Tampoco deberíamos caer en el extremo contrario y menospreciar el salario.
Para la inmensa mayoría de las personas, el trabajo es precisamente la fuente que permite comenzar a acumular patrimonio.
Un buen salario facilita ahorrar. Una carrera profesional prolongada proporciona recursos. El capital humano —nuestros conocimientos y capacidad para generar ingresos— puede ser nuestro activo más importante durante buena parte de nuestra vida.
La cuestión es qué hacemos con una parte de esos ingresos.
Podemos consumirlos íntegramente.
Podemos mantener indefinidamente todo el ahorro en efectivo.
O podemos transformar gradualmente una parte en activos adecuados a nuestros objetivos, horizonte temporal y capacidad para asumir riesgos.
La riqueza financiera ordinaria rara vez se construye mediante un momento espectacular.
Suele parecerse más a esto:
trabajo → ingresos → ahorro → inversión → propiedad → tiempo → reinversión.
No garantiza hacerse rico.
Pero tampoco es ese necesariamente el objetivo.
Puede permitir algo mucho más relevante para la mayoría: acumular suficiente patrimonio para disponer de mayor seguridad, autonomía y libertad financiera.
Una última reflexión: no confundamos las historias de éxito con instrucciones
Los artículos sobre grandes fortunas tienen una capacidad extraordinaria para atraer nuestra atención.
El empresario que vendió su compañía por cientos de millones.
El empleado que conservó durante treinta años las acciones adecuadas.
El inversor que compró Bitcoin cuando nadie hablaba de él.
Son historias reales.
Pero una historia real no constituye necesariamente una estrategia reproducible.
Sabemos quién ganó precisamente porque ganó.
Mucho menos visibles son quienes crearon empresas que desaparecieron, concentraron su patrimonio en compañías que nunca despegaron, utilizaron demasiado apalancamiento inmobiliario o realizaron apuestas supuestamente asimétricas que acabaron simplemente en pérdidas.
Por eso quizá la enseñanza más útil del artículo de Ritholtz para un inversor particular no sea cómo hacerse extremadamente rico.
Es comprender una diferencia mucho más elemental:
ganar dinero y acumular patrimonio son dos procesos distintos.
El trabajo produce ingresos.
El ahorro conserva una parte de ellos.
La inversión permite convertirlos en activos.
Y la propiedad de esos activos permite participar durante años en la creación de valor de empresas y economías.
No necesitamos pertenecer al 0,1% para comprender esa lógica.
Ni necesitamos perseguir la próxima gran fortuna.
Para la mayoría, probablemente sea suficiente con algo menos espectacular y mucho más realista:
gastar menos de lo que ingresamos, ahorrar con regularidad, convertir parte de ese ahorro en activos diversificados, asumir únicamente el riesgo que podamos soportar y dejar trabajar al tiempo.
No es la fórmula que suele producir titulares.
Pero puede ser una excelente forma de construir patrimonio.
Fuente
Este artículo parte de Barry Ritholtz, «How Wealth Is Created in America», publicado en The Big Picture en agosto de 2026. Hemos procurado diferenciar las afirmaciones y datos aportados por Ritholtz de las reflexiones que desarrollamos a partir de ellos.
Recomendamos la lectura del original: How Wealth Is Created in America — The Big Picture
El valor del artículo de Ritholtz está, a nuestro juicio, en obligarnos a distinguir entre ingresos, ahorro, propiedad y creación de riqueza. Agradecemos especialmente que sus artículos sirvan, una vez más, como punto de partida para reflexionar y aprender.
Nota: las referencias a la aplicación de estas ideas al inversor particular, la diferencia entre crear y conservar patrimonio y las conclusiones sobre diversificación, ahorro e inversión son reflexiones de InverAhorro y no deben atribuirse a Barry Ritholtz. (ritholtz.com)


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