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Aviso: Los contenidos de este blog tienen una finalidad exclusivamente reflexiva, divulgativa y formativa, orientada a facilitar la comprensión del ahorro, la inversión y las finanzas personales. Las opiniones, análisis y contenidos publicados no constituyen asesoramiento financiero ni recomendaciones personalizadas de inversión. Cada inversor debe adoptar sus decisiones teniendo en cuenta sus propias circunstancias, necesidades y objetivos, siendo consciente de que toda inversión implica riesgos y valorando, cuando resulte conveniente, la posibilidad de acudir a un asesor financiero o patrimonial debidamente cualificado y acreditado.

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El espejismo de ganar un 3%: ahorrar no siempre significa conservar poder adquisitivo

  Ver cada mes unos euros de intereses en la cuenta produce una sensación agradable: nuestro dinero, por fin, está trabajando . Si además podemos disponer de él prácticamente en cualquier momento y apenas percibimos riesgo, parece difícil pedir mucho más. Pero hay una segunda pregunta, menos visible en el extracto bancario: ¿podemos comprar más cosas con ese dinero que hace un año? Esa es la cuestión central de «Cuando la rentabilidad no es suficiente» , artículo publicado el 16 de agosto de 2026 por Salud Financiera , cuya lectura recomendamos. El autor plantea de forma especialmente didáctica un problema que merece la pena comprender: una cuenta remunerada, un depósito o un fondo monetario pueden aumentar nuestros euros y, al mismo tiempo, no ser suficientes para conservar nuestro poder adquisitivo. Agradecemos a Salud Financiera un artículo que sirve como excelente punto de partida para hablar de algo bastante más importante que decidir qué cuenta paga unas décimas más: la dife...

El espejismo de ganar un 3%: ahorrar no siempre significa conservar poder adquisitivo

 

Ver cada mes unos euros de intereses en la cuenta produce una sensación agradable: nuestro dinero, por fin, está trabajando. Si además podemos disponer de él prácticamente en cualquier momento y apenas percibimos riesgo, parece difícil pedir mucho más.

Pero hay una segunda pregunta, menos visible en el extracto bancario: ¿podemos comprar más cosas con ese dinero que hace un año?

Esa es la cuestión central de «Cuando la rentabilidad no es suficiente», artículo publicado el 16 de agosto de 2026 por Salud Financiera, cuya lectura recomendamos. El autor plantea de forma especialmente didáctica un problema que merece la pena comprender: una cuenta remunerada, un depósito o un fondo monetario pueden aumentar nuestros euros y, al mismo tiempo, no ser suficientes para conservar nuestro poder adquisitivo.

Agradecemos a Salud Financiera un artículo que sirve como excelente punto de partida para hablar de algo bastante más importante que decidir qué cuenta paga unas décimas más: la diferencia entre ahorrar dinero y conservar su valor real.

Más euros no significan necesariamente más riqueza

El punto de partida del artículo es muy reconocible.

Después de muchos años en los que obtener una remuneración apreciable por el ahorro parecía casi imposible, la subida de los tipos de interés a partir de 2022 devolvió protagonismo a las cuentas remuneradas, depósitos y fondos monetarios¹.

De repente volvimos a hablar del 2%, 3% o incluso 4%.

Salud Financiera utiliza un ejemplo sencillo: 60.000 euros remunerados al 3% pueden generar alrededor de 1.458 euros netos anuales después de retenciones. El ahorrador termina el año con más dinero del que tenía al principio.

Entonces, ¿dónde está el problema?

En que estamos mirando únicamente la rentabilidad nominal².

Si nuestros 60.000 euros aumentan un 3%, pero durante ese mismo periodo los precios también aumentan un 3%, tenemos más euros, pero aproximadamente la misma capacidad para comprar bienes y servicios.

Y si los precios aumentan un 4%, nuestro saldo habrá crecido mientras nuestro poder adquisitivo habrá disminuido.

Esta distinción entre rentabilidad nominal y rentabilidad real³ es probablemente la enseñanza financiera más importante que podemos extraer del artículo.

El enemigo silencioso: la inflación

La inflación tiene una característica que la hace psicológicamente peculiar: no vemos desaparecer el dinero de nuestra cuenta.

Si invertimos 10.000 euros y nuestra inversión cae hasta 9.000, la pérdida resulta evidente. Vemos los 1.000 euros que faltan.

Con la inflación ocurre algo diferente.

Los 10.000 euros continúan allí. Lo que ha cambiado es la cantidad de bienes y servicios que podemos comprar con ellos.

Salud Financiera utiliza un dato ilustrativo: según los cálculos que presenta, desde 2011 la inflación acumulada en España ha sido aproximadamente del 35%. Dicho de manera sencilla, aquello que entonces podía adquirirse por 10.000 euros necesitaría hoy alrededor de 13.500.

El artículo compara esa evolución con la que habría tenido el dinero colocado en un fondo monetario como Groupama Trésorerie durante ese periodo y concluye que la rentabilidad obtenida habría resultado insuficiente para compensar el aumento acumulado de los precios.

Aquí conviene ser muy precisos: esto no demuestra que el fondo monetario haya funcionado mal.

Demuestra algo diferente y mucho más interesante.

Quizá le estamos pidiendo que haga un trabajo para el que no fue diseñado.

El instrumento puede ser bueno y el uso equivocado

Esta es, a nuestro juicio, la idea que merece desarrollar más allá del propio artículo original.

Una cuenta remunerada o un buen fondo monetario pueden cumplir perfectamente su función y, sin embargo, ser una solución inadecuada para determinado objetivo.

Pensemos en dos personas.

La primera necesitará 30.000 euros dentro de seis meses para pagar la entrada de una vivienda.

La segunda está acumulando 30.000 euros pensando en complementar su jubilación dentro de veinte años.

Ambas tienen exactamente la misma cantidad de dinero, pero no tienen el mismo problema financiero.

Para la primera, preservar el capital, mantener la liquidez⁴ y evitar oscilaciones importantes puede resultar mucho más importante que intentar superar la inflación.

Para la segunda, la inflación acumulada durante veinte años puede convertirse precisamente en uno de sus principales riesgos.

Por eso no existe una respuesta universal a la pregunta «¿es bueno un fondo monetario?».

La pregunta correcta sería:

¿Es adecuado este instrumento para el objetivo y el plazo que tengo?

El propio Salud Financiera termina condensándolo en una frase particularmente acertada:

«El problema no es usar cuentas remuneradas, el problema es usar un instrumento de corto plazo para objetivos de largo plazo».

El tiempo cambia la naturaleza del riesgo

Aquí aparece una paradoja importante para quien empieza a invertir.

Normalmente identificamos riesgo con la posibilidad de ver caer el valor de nuestra inversión.

Y es comprensible.

Una cuenta bancaria que muestra 50.000 euros hoy y 50.800 dentro de un año transmite seguridad. Una cartera cuyo valor puede pasar de 50.000 a 45.000 y posteriormente a 55.000 resulta psicológicamente mucho más incómoda.

Pero el riesgo no puede analizarse independientemente del horizonte temporal.

Para un dinero que necesitaremos dentro de tres meses, una caída temporal del 15% puede ser un problema grave.

Para un capital destinado a dentro de veinte años, el problema puede ser diferente: mantener durante décadas una rentabilidad inferior a la inflación.

Esto no significa —y es importante subrayarlo— que invertir garantice superar la inflación. No existe semejante garantía. Asumir mayor riesgo tampoco asegura obtener mayor rentabilidad.

Lo que significa es que cada horizonte temporal introduce riesgos diferentes y que la aparente ausencia de volatilidad⁵ no equivale necesariamente a ausencia de riesgo.

La rentabilidad real: la cifra que deberíamos aprender a mirar

Podemos convertir toda esta discusión en una regla sencilla.

Supongamos que nuestro ahorro obtiene un 3% anual y la inflación es del 2%.

Hemos ganado aproximadamente un 1% antes de considerar fiscalidad y otros factores.

Si obtenemos un 3% y la inflación alcanza el 4%, nuestra rentabilidad real será aproximadamente negativa.

La relación exacta es algo más compleja, pero para pequeñas tasas resulta útil pensar:

Rentabilidad real ≈ rentabilidad nominal − inflación

Hay además otro elemento que el ahorrador no debería olvidar: los impuestos.

Los intereses de una cuenta o depósito tributan cuando se perciben. Por tanto, la rentabilidad disponible para combatir la inflación no es necesariamente el porcentaje anunciado por la entidad, sino lo que realmente queda después de impuestos.

Esto permite entender por qué comparar únicamente el «3%» de una cuenta con el «2,5%» de otra dice bastante poco sobre nuestra evolución patrimonial a largo plazo.

Pero cuidado con extraer la conclusión equivocada

Salud Financiera introduce aquí una advertencia que consideramos especialmente valiosa.

Descubrir que los productos monetarios pueden no superar la inflación no significa que debamos salir inmediatamente a buscar cualquier inversión que prometa hacerlo.

Sería pasar de un problema relativamente manejable a otro potencialmente mucho mayor.

Una rentabilidad esperada superior suele venir acompañada de incertidumbre. Quien, preocupado por perder poder adquisitivo, invierte en algo que no comprende o asume un riesgo que no puede soportar puede terminar perdiendo bastante más que la inflación que pretendía combatir.

Por eso el salto desde ahorrador a inversor no debería comenzar preguntando:

«¿Dónde puedo conseguir más rentabilidad?»

Sería preferible empezar por:

«¿Para qué necesito este dinero, cuándo voy a necesitarlo y qué pérdidas puedo soportar?»

Solo después tiene sentido hablar de productos.

Esta es una interpretación de Inverahorro a partir del problema planteado por Salud Financiera, pero creemos que constituye una consecuencia práctica importante.

Las cuentas remuneradas y los monetarios sí tienen una función

Sería igualmente equivocado terminar este artículo pensando que debemos evitar estos productos.

El propio autor de Salud Financiera insiste expresamente en lo contrario y reconoce su utilidad para personas que empiezan a gestionar sus ahorros o para objetivos de muy corto plazo.

Nos parece un matiz fundamental.

Una cuenta remunerada, un depósito o un fondo monetario pueden resultar útiles, entre otras cosas, para mantener dinero que vamos a necesitar próximamente, constituir determinadas reservas de liquidez o evitar que el efectivo permanezca completamente improductivo.

Además, han tenido un efecto educativo nada desdeñable.

Muchos ahorradores han descubierto gracias a ellos algo elemental pero importante: el dinero tiene un coste de oportunidad⁶. Mantenerlo en una cuenta al 0% cuando existen alternativas comparables que lo remuneran significa renunciar a una rentabilidad posible.

Para alguien que nunca se había preocupado por dónde mantenía sus ahorros, descubrir esto ya supone un avance considerable.

El error aparece cuando convertimos una solución para la liquidez en una estrategia patrimonial para toda la vida.

No todo nuestro dinero tiene el mismo horizonte

De todo lo anterior podemos extraer una manera sencilla de pensar nuestro patrimonio.

En lugar de preguntarnos dónde colocar «nuestro dinero» como si todo formara una masa homogénea, podemos preguntarnos cuándo necesitaremos cada parte.

El dinero destinado a gastos próximos tiene unas necesidades.

El fondo para imprevistos tiene otras.

El ahorro para una compra dentro de tres años, otras.

Y el patrimonio destinado a dentro de quince o veinte años plantea un problema diferente.

No necesariamente deberíamos utilizar el mismo instrumento para todos ellos.

Esta forma de pensar cambia la pregunta desde:

«¿Qué producto da más rentabilidad?»

a otra bastante más útil:

«¿Qué función debe cumplir este dinero?»

Y solo entonces preguntarnos qué instrumento puede cumplirla razonablemente.

Una última precaución: rentabilidades altas en otras monedas

El artículo termina con otra observación interesante: las remuneraciones deben analizarse en el contexto del país y, especialmente, de la moneda en la que están denominadas.

Una cuenta que remunera un 10%, un 12% o un 15% no constituye automáticamente una oportunidad extraordinaria.

Puede estar reflejando una inflación mucho mayor, tipos de interés superiores y riesgos asociados a esa moneda.

Para un inversor español que convierta euros para obtener esa remuneración aparece además el riesgo de divisa⁷: una depreciación de la moneda puede reducir o incluso eliminar la ventaja obtenida mediante el mayor tipo de interés.

Una vez más, el porcentaje por sí solo no nos dice cuánto estamos ganando realmente.

De ahorrador a inversor no hay que dar un salto

Salud Financiera utiliza una imagen que resume bien su planteamiento: las cuentas remuneradas y los fondos monetarios pueden parecerse a los ruedines con los que aprendemos a montar en bicicleta.

Nos parece una buena metáfora siempre que añadamos algo: no todo el mundo tiene que quitarse los ruedines al mismo tiempo ni recorrer la misma carretera.

Invertir no consiste simplemente en sustituir productos seguros por otros arriesgados para intentar ganar más.

Consiste primero en comprender nuestros objetivos, asignarles un horizonte temporal y aceptar que cada solución tiene ventajas, limitaciones y riesgos.

Quizá por eso la enseñanza más importante del artículo no sea que una cuenta al 3% «renta poco».

Es algo más profundo:

tener más euros y ser más rico no son necesariamente la misma cosa.

La verdadera unidad de medida del ahorro a largo plazo no debería ser únicamente cuánto dinero aparece en nuestro extracto, sino qué capacidad de compra conserva ese dinero cuando llegue el momento de utilizarlo.

Y eso nos obliga a dejar de preguntar solamente cuánto remunera un producto para empezar a preguntarnos qué queremos que nuestro dinero haga por nosotros.


Glosario

1. Fondo monetario: fondo de inversión que invierte fundamentalmente en activos de renta fija de muy corto plazo y elevada liquidez. Su objetivo habitual es ofrecer estabilidad y una rentabilidad vinculada a los tipos de interés a corto plazo, aunque no garantiza el capital.

2. Rentabilidad nominal: porcentaje que aumenta o disminuye una inversión expresado en dinero, sin descontar el efecto de la inflación.

3. Rentabilidad real: rentabilidad obtenida después de tener en cuenta la inflación. Es la que permite aproximarnos a cuánto ha aumentado realmente nuestro poder adquisitivo.

4. Liquidez: facilidad con la que podemos disponer de nuestro dinero o convertir una inversión en efectivo sin asumir pérdidas significativas por hacerlo.

5. Volatilidad: medida de cuánto fluctúa el precio o valor de una inversión. Una elevada volatilidad implica mayores oscilaciones, pero volatilidad y riesgo no son exactamente lo mismo.

6. Coste de oportunidad: beneficio al que renunciamos al elegir una alternativa frente a otra. Mantener dinero sin remunerar, por ejemplo, tiene como coste de oportunidad los intereses que podríamos haber obtenido en otra opción adecuada.

7. Riesgo de divisa: posibilidad de ganar o perder dinero como consecuencia de las variaciones del tipo de cambio entre dos monedas.


Fuente y agradecimiento

Este artículo parte de «Cuando la rentabilidad no es suficiente», publicado por Salud Financiera el 16 de agosto de 2026. Recomendamos la lectura del artículo original, no solo por la cuestión concreta que aborda, sino por su capacidad para explicar de manera sencilla la diferencia entre acumular euros y conservar poder adquisitivo.

Agradecemos a Salud Financiera la publicación de un contenido que nos ha servido como punto de partida para desarrollar estas reflexiones educativas. Las ampliaciones sobre horizonte temporal, adecuación de los instrumentos a cada objetivo y organización del patrimonio son interpretaciones y desarrollos propios de Inverahorro y no deben atribuirse al autor original.

El planteamiento seguido responde al criterio editorial de utilizar las fuentes externas para extraer una enseñanza que continúe siendo útil más allá de la noticia o producto concreto, manteniendo separadas las afirmaciones de la fuente y nuestra interpretación.

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