No es que los inversores que participaron en aquellos mercados fueran especialmente ingenuos. Tampoco que quienes elaboran previsiones económicas carezcan de conocimientos. El problema es mucho más profundo: estaban intentando anticipar un futuro que todavía no había ocurrido.
Barry Ritholtz utiliza un gráfico extraordinariamente sencillo para recordárnoslo en Nobody Knows Anything, Rate Expectations Edition, publicado el 4 de septiembre de 2026 en The Big Picture. La imagen procede de la Reserva Federal de San Francisco y representa cómo fueron cambiando durante 2026 las expectativas del mercado acerca de los tipos de interés estadounidenses.
La fuente original merece especialmente la pena porque permite observar gráficamente algo que en inversión resulta muy fácil olvidar: las expectativas no son fotografías del futuro. Son fotografías de lo que pensamos hoy sobre el futuro.
Y ambas cosas son muy diferentes.
El futuro que imaginábamos en febrero
A finales de febrero de 2026, los contratos de futuros sobre los tipos de interés descontaban una progresiva relajación de la política monetaria estadounidense. El mercado esperaba que el tipo de los fondos federales fuera descendiendo durante 2026 y 2027.
Después llegaron acontecimientos que aquel escenario no había podido incorporar.
El conflicto en Oriente Medio alteró las perspectivas sobre la energía y las cadenas de suministro. Las presiones inflacionistas aumentaron y el escenario monetario comenzó a modificarse.
En abril, el mercado ya había prácticamente eliminado las bajadas de tipos que esperaba pocas semanas antes.
En julio, el cambio era todavía más significativo: en lugar de esperar recortes, los mercados pasaron a descontar subidas de tipos.
Y a comienzos de septiembre, la Reserva Federal de San Francisco señalaba que los mercados esperaban que el tipo de los fondos federales pudiera situarse alrededor del 4,25% hacia mediados de 2027, equivalente aproximadamente a dos o tres incrementos de 25 puntos básicos desde los niveles existentes.
No estamos hablando de previsiones realizadas con años de diferencia.
Estamos hablando de unos pocos meses.
Una precisión sobre el artículo original
Conviene señalar un pequeño detalle porque en InverAhorro procuramos distinguir cuidadosamente entre la fuente y los datos que podemos contrastar.
Ritholtz escribe que en febrero de 2026 los participantes del mercado esperaban una sucesión de subidas de tipos. Sin embargo, tanto el gráfico de la Reserva Federal de San Francisco que inspira su artículo como la propia explicación publicada por esta institución muestran lo contrario: a comienzos de 2026 los futuros descontaban una relajación gradual de la política monetaria.
Todo indica, por tanto, que se trata simplemente de un lapsus en el texto.
No modifica su tesis. De hecho, probablemente la refuerza: en cuestión de meses el mercado pasó de esperar bajadas de tipos a esperar subidas.
El gráfico no demuestra que el mercado sea irracional
Aquí conviene introducir un matiz importante.
Sería muy fácil contemplar retrospectivamente esas previsiones y concluir que «el mercado se equivocó».
Pero esa interpretación sería demasiado simple.
Una expectativa de mercado no pretende necesariamente describir con certeza lo que ocurrirá. Refleja el precio que los participantes asignan hoy a distintos resultados futuros teniendo en cuenta la información disponible.
Y esa última expresión es fundamental:
la información disponible hoy.
En febrero, los mercados no podían incorporar plenamente a sus precios acontecimientos que todavía no habían sucedido o cuya duración y consecuencias económicas eran desconocidas.
Cuando cambia la información, cambian también los precios y las expectativas.
Por eso quizás resulte más correcto interpretar aquellas curvas no como sucesivas equivocaciones, sino como sucesivas actualizaciones de expectativas ante una realidad cambiante.
Ritholtz pone el acento precisamente en esa dificultad. A su juicio, muchas previsiones terminan siendo simples extrapolaciones de la situación presente o de la tendencia inmediatamente anterior.
Si nada importante cambia, pueden acertar.
El problema es que las cosas cambian.
Extrapolar es extraordinariamente tentador
Nuestra mente tiene dificultades para imaginar futuros que sean radicalmente distintos del presente.
Si la inflación está cayendo, tendemos a imaginar que seguirá cayendo.
Si los tipos están bajando, proyectamos nuevas bajadas.
Si una economía crece, prolongamos ese crecimiento.
Si una Bolsa lleva varios años proporcionando buenas rentabilidades, resulta tentador introducir rentabilidades similares en nuestras hojas de cálculo para los próximos diez años.
Y cuando una determinada clase de activo atraviesa una mala etapa, resulta igualmente fácil concluir que probablemente continuará haciéndolo.
La extrapolación proporciona algo psicológicamente muy atractivo: convierte la incertidumbre en una historia comprensible.
El problema es que la economía no se desarrolla siguiendo una línea recta.
Guerras, pandemias, innovaciones tecnológicas, crisis financieras, decisiones políticas, cambios fiscales, problemas energéticos o acontecimientos completamente inesperados modifican continuamente las condiciones sobre las que se habían construido nuestras previsiones.
Ritholtz lo expresa de manera particularmente interesante: un año puede ser demasiado corto para que se imponga una tendencia estructural y, al mismo tiempo, suficientemente largo para que ocurra algún acontecimiento inesperado capaz de alterar nuestras previsiones.
La diferencia entre una previsión y un escenario
Aquí aparece una distinción especialmente útil para un inversor particular.
No es lo mismo decir:
«Los tipos estarán al 4,25% dentro de un año».
que decir:
«Con la información disponible actualmente, el mercado está descontando unos tipos próximos al 4,25%».
La primera frase parece describir el futuro.
La segunda describe el presente.
Puede parecer una diferencia semántica, pero desde el punto de vista de la inversión es enorme.
Las curvas de tipos, las previsiones de inflación, las estimaciones de crecimiento o las expectativas de beneficios empresariales contienen información muy valiosa. Nos dicen qué espera actualmente el mercado y, por tanto, qué escenario puede estar incorporado en los precios.
Lo peligroso comienza cuando transformamos esas expectativas en certezas.
La propia Reserva Federal utiliza un lenguaje mucho más condicional. El gobernador Christopher Waller explicaba el 3 de septiembre que su postura dependería de los próximos datos: si continuaba la desinflación podría apoyar mantener los tipos; si la inflación volvía a acelerarse, podría considerar una subida.
Ese «si… entonces…» describe mucho mejor la naturaleza de una previsión económica.
No sabemos qué ocurrirá.
Podemos pensar qué haríamos si ocurre.
¿Y qué tiene todo esto que ver con nuestra cartera?
Mucho.
Supongamos que construimos una cartera partiendo de la siguiente convicción:
Los tipos van a bajar durante los próximos doce meses.
A partir de ahí podríamos aumentar considerablemente la duración de nuestra renta fija esperando beneficiarnos de la caída de las rentabilidades de los bonos.
Puede salir muy bien.
Pero observemos lo sucedido en 2026: una cartera construida a principios de año sobre la certeza de que se producirían determinadas bajadas de tipos habría terminado expuesta a un escenario completamente diferente pocos meses después.
El problema no estaría necesariamente en tener duración.
Estaría en haber construido la cartera de tal manera que necesitáramos acertar la previsión para que funcionase.
Esta distinción nos parece fundamental.
Una cosa es utilizar expectativas razonables para comprender los riesgos de nuestra cartera y otra muy distinta convertir una previsión macroeconómica en el pilar sobre el que descansa nuestra estrategia de inversión.
Una cartera no debería necesitar que sepamos qué ocurrirá
Esta es probablemente la enseñanza más importante que podemos extraer del artículo de Ritholtz.
La incertidumbre no es un defecto de nuestros modelos que algún día conseguiremos eliminar con mejores previsiones.
Es una característica del futuro.
Por eso la construcción de una cartera debería plantearse de manera diferente.
En lugar de preguntarnos exclusivamente:
«¿Qué creemos que va a ocurrir?»
quizá deberíamos preguntarnos también:
«¿Qué ocurrirá con nuestra cartera si estamos equivocados?»
La segunda pregunta obliga a pensar en escenarios.
¿Qué sucede si la inflación baja más lentamente de lo esperado?
¿Y si vuelve a subir?
¿Qué ocurre si los tipos permanecen elevados durante varios años?
¿Y si bajan rápidamente porque aparece una recesión?
¿Qué sucede si la Bolsa continúa subiendo?
¿Y si cae un 30%?
No necesitamos asignar una probabilidad exacta a cada posibilidad. Lo importante es comprobar que nuestra situación financiera no depende excesivamente de que se cumpla una sola de ellas.
Aquí es donde diversificación, horizonte temporal, liquidez, calidad crediticia, duración de la renta fija y nivel de exposición a renta variable dejan de ser conceptos abstractos.
Son mecanismos para convivir con un futuro que desconocemos.
Las previsiones pueden seguir siendo útiles
Nada de lo anterior significa que debamos ignorar las previsiones.
Sería una conclusión excesiva.
Las expectativas del mercado contienen información. Las previsiones económicas ayudan a pensar. Las curvas de tipos nos dicen mucho sobre cómo están valorando los inversores el escenario monetario. Las estimaciones de inflación permiten analizar distintos riesgos.
El error consiste en pedirles algo que no pueden ofrecernos.
Una previsión puede ayudarnos a elaborar un escenario central. Pero alrededor de ese escenario debería existir siempre un abanico de resultados posibles.
Cuanto más lejano sea el horizonte, mayor debería ser nuestra humildad sobre la precisión de cualquier cifra concreta.
Y cuanto más dependa nuestra cartera de que una determinada previsión sea correcta, más importante será preguntarnos qué sucedería si no lo fuera.
Acertar una previsión tampoco demuestra necesariamente que sepamos predecir
Ritholtz introduce además una observación incómoda.
Cuando una previsión termina siendo correcta, tendemos a interpretar el acierto como prueba de capacidad predictiva.
Pero no necesariamente lo es.
Puede ocurrir simplemente que durante ese periodo no apareciera ningún acontecimiento suficientemente importante para alterar la tendencia que habíamos extrapolado.
Dicho de otra manera: resultado y calidad del razonamiento no son exactamente lo mismo.
Una decisión sensata puede tener un mal resultado.
Una decisión imprudente puede tener uno excelente.
Y una previsión mediocre puede acertar.
Esto resulta particularmente importante al evaluar gestores, analistas e incluso nuestras propias decisiones de inversión. El resultado observado es información valiosa, pero no siempre permite determinar por sí solo la calidad del proceso que lo produjo.
De predecir el futuro a prepararnos para él
El gráfico que utiliza Ritholtz probablemente quedará olvidado dentro de unos años. Las discusiones sobre si la Reserva Federal subirá, mantendrá o bajará los tipos en su próxima reunión serán sustituidas por otras.
Pero la enseñanza permanecerá.
En febrero de 2026 el mercado disponía de determinada información y dibujaba un futuro.
En septiembre disponía de otra y dibujaba uno diferente.
Dentro de unos meses puede volver a cambiarlo.
No sabemos si los tipos estarán más altos o más bajos dentro de un año. Tampoco sabemos cuál será el nivel del S&P 500, cuánto crecerá Europa o dónde estará la inflación.
Podemos estudiar esas cuestiones. Podemos construir escenarios. Podemos incluso tener una opinión razonada.
Lo que probablemente no deberíamos hacer es confundirla con conocimiento.
Para un inversor particular, quizá la consecuencia más útil sea extraordinariamente sencilla: una buena cartera no es necesariamente aquella que obtiene el mejor resultado si acertamos lo que va a ocurrir, sino aquella que nos permite seguir adelante cuando ocurre algo diferente de lo que esperábamos.
Y, tarde o temprano, ocurrirá.
Glosario
Fondos federales (Federal Funds Rate): tipo de interés de referencia de la política monetaria estadounidense. La Reserva Federal establece un rango objetivo para este tipo.
Futuros sobre tipos de interés: contratos financieros cuyos precios permiten inferir qué niveles de tipos está descontando actualmente el mercado para determinadas fechas futuras.
Expectativas implícitas del mercado: estimaciones que pueden deducirse de los precios de determinados instrumentos financieros. No constituyen una predicción segura, sino el reflejo de las expectativas incorporadas en esos precios.
Punto básico: centésima parte de un punto porcentual. Una subida de 25 puntos básicos equivale a 0,25 puntos porcentuales.
Duración: medida de la sensibilidad aproximada del precio de un bono o una cartera de renta fija ante cambios en los tipos de interés. A mayor duración, normalmente mayor sensibilidad.
Escenario central: resultado que se considera más probable dadas unas determinadas hipótesis. No significa que vaya necesariamente a producirse.
Extrapolación: proyección hacia el futuro de una tendencia observada en el pasado o en el presente, suponiendo implícita o explícitamente que continuará.
Fuentes
Fuente principal
Barry Ritholtz, Nobody Knows Anything, Rate Expectations Edition, The Big Picture, 4 de septiembre de 2026.
El artículo original puede leerse aquí:
https://ritholtz.com/2026/09/nobody-knows-anything-rate-expectations-edition/
Agradecemos a Barry Ritholtz la publicación de una reflexión breve que, a partir de un solo gráfico, plantea una cuestión particularmente relevante para cualquier inversor: los mercados pueden elaborar expectativas razonables, pero eso no convierte el futuro en predecible.
Fuentes de contraste y contextualización
Federal Reserve Bank of San Francisco, Huiyu Li, SF FedViews: Productivity-Driven Growth Confronts Elevated Inflation, 3 de septiembre de 2026. Fuente del gráfico utilizado por Ritholtz.
Federal Reserve Bank of San Francisco, SF FedViews: Prospects for AI-related Activity Add to Uncertainty Around the Economic Outlook in 2026, 26 de febrero de 2026.
Federal Reserve, Christopher J. Waller, The Economic Outlook and Some Comments on My Policy Communication, 3 de septiembre de 2026.
Federal Reserve, comunicado del FOMC de 29 de julio de 2026.
Nota editorial
Las reflexiones sobre la diferencia entre previsiones y escenarios, la construcción de carteras que no dependan de acertar una previsión concreta y la distinción entre calidad de una decisión y resultado obtenido constituyen el desarrollo e interpretación de InverAhorro a partir de la cuestión planteada por Ritholtz; no deben atribuirse literalmente al autor.
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