Francisco García Paramés: cuando la paciencia es una virtud… y cuando puede convertirse en un problema
Hay una pregunta especialmente difícil en inversión: ¿Cómo sabemos si estamos siendo pacientes o simplemente nos estamos negando a reconocer que nos hemos equivocado?
La diferencia parece evidente cuando miramos hacia atrás. Mucho menos cuando tenemos una inversión perdiendo un 30%, un 50% o un 70% y seguimos convencidos de que el mercado terminará dándonos la razón.
La trayectoria de Francisco García Paramés ofrece un caso particularmente interesante para reflexionar sobre ello. No porque permita encontrar una respuesta sencilla —probablemente no exista—, sino porque contiene ejemplos extraordinarios de las dos posibilidades.
Durante décadas, mantener sus convicciones cuando buena parte del mercado pensaba de otra manera fue precisamente una de las razones de su éxito. Pero esa misma forma de invertir también estuvo detrás de algunos de sus errores más importantes.
Diego F., conocido como Moclano, repasa esta trayectoria en el artículo «Para bien, para mal, Paramés», publicado en El Rincón de Moclano. Su planteamiento resulta especialmente útil porque evita tanto la hagiografía como la descalificación: Paramés aparece como un gestor extraordinariamente exitoso durante determinadas etapas, pero también como alguien que ha tenido que convivir con errores importantes y largos periodos en los que su estilo quedó muy lejos del mercado.
Y precisamente ahí está lo interesante para un inversor particular.
No se trata de decidir si Paramés es un genio o un gestor sobrevalorado. Se trata de preguntarnos qué podemos aprender de una trayectoria de más de tres décadas sobre convicción, paciencia, errores, resultados y elección de gestores.
De Bestinver a convertirse en una referencia del value* español
La primera parte de la historia explica por qué Paramés alcanzó semejante reputación.
Se incorporó a Bestinver en 1989 y comenzó gestionando valores españoles. Con el tiempo amplió su ámbito hacia la renta variable internacional y desarrolló un estilo claramente identificado con la inversión en valor.
Moclano destaca los extraordinarios resultados conseguidos durante aquellos años y dos decisiones que contribuyeron especialmente a consolidar su prestigio: mantenerse alejado de la burbuja tecnológica de finales de los noventa y evitar posteriormente bancos e inmobiliarias antes de la crisis financiera.
No fueron decisiones cómodas.
No participar en una burbuja significa quedarse atrás mientras otros ganan dinero. Y evitar un sector que durante años lidera el mercado puede parecer un error hasta que deja de serlo.
La primera enseñanza aparece pronto:
Invertir de manera diferente al mercado solo tiene sentido si estamos dispuestos a soportar las consecuencias de ser diferentes.
No basta con declararse contrarian*. Hay que aceptar periodos prolongados durante los cuales la cartera puede comportarse mucho peor que el índice.
Pero hay una segunda cuestión igualmente importante. Bestinver no era únicamente Paramés. A su alrededor se desarrolló un equipo en el que participaron, entre otros, Álvaro Guzmán de Lázaro, Fernando Bernad y Beltrán Parages.
Esto introduce una cuestión que volverá a aparecer años después: ¿hasta qué punto el éxito de un fondo pertenece a una persona y hasta qué punto pertenece a un equipo, un proceso y una organización?
Para quien invierte en gestión activa, no es una pregunta menor.
El riesgo de invertir en un nombre
La salida de Paramés de Bestinver en septiembre de 2014 provocó una reacción extraordinaria entre los partícipes.
Moclano recuerda que llegaron a retirarse miles de millones de euros en muy poco tiempo.
Aquello mostró hasta qué punto muchos inversores no habían comprado simplemente unos fondos. Habían comprado, en buena medida, a Francisco García Paramés.
Ese fenómeno tiene una consecuencia importante.
Cuando identificamos completamente un fondo con su gestor estrella, incorporamos a nuestra inversión un riesgo adicional: el riesgo de persona clave.
El gestor puede marcharse. Puede cambiar de filosofía. Puede equivocarse. Puede dejar de contar con el equipo que contribuyó a sus resultados. O puede descubrir que el entorno institucional en el que obtuvo sus éxitos era más importante de lo que parecía.
Por eso un historial extraordinario merece atención, pero no debería analizarse únicamente preguntándonos cuánto ganó el gestor.
También deberíamos preguntarnos:
¿Qué condiciones hicieron posibles esos resultados y cuáles de ellas siguen existiendo?
Cobas y una prueba mucho más incómoda
Después de abandonar Bestinver, cumplir su periodo de no competencia y decidir finalmente no incorporarse a Azvalor, Paramés fundó Cobas Asset Management a finales de 2016.
Los primeros años fueron muy diferentes de los que habían cimentado su prestigio.
El growth*, la tecnología y las grandes compañías dominaron buena parte del mercado, mientras el estilo value atravesaba uno de sus periodos más difíciles. Una cartera concentrada y con exposición significativa a negocios cíclicos, materias primas y compañías con problemas quedó especialmente penalizada.
El resultado fue un prolongado periodo de resultados decepcionantes.
Aquí conviene introducir un matiz importante. Que un estilo de inversión atraviese una mala etapa no demuestra por sí mismo que el proceso esté equivocado.
Si cada gestor cambiara de estrategia cuando esta queda rezagada durante dos o tres años, prácticamente ninguna filosofía de inversión sobreviviría a un ciclo completo.
Pero tampoco podemos utilizar el «largo plazo» como explicación automática de cualquier mal resultado.
Y ahí aparece Aryzta.
Aryzta: la frontera entre convicción y obstinación
La panificadora suiza Aryzta se convirtió en una de las posiciones más importantes de Cobas y también en el símbolo de los problemas de aquellos años.
La tesis inicial tenía elementos reconocibles del value investing: una compañía aparentemente infravalorada, una posición relevante en su industria y la posibilidad de recuperar márgenes y beneficios.
Pero la situación empresarial fue deteriorándose.
Llegaron sucesivos profit warnings*, problemas importantes en varios mercados, deterioros de activos y finalmente una ampliación de capital fuertemente dilutiva. Moclano recuerda que la acción llegó a perder alrededor del 86% durante 2018 y que Cobas, lejos de abandonar inmediatamente la posición, aumentó su exposición.
Con la ventaja que proporciona el tiempo sabemos que los problemas no eran simplemente producto de un mercado excesivamente pesimista. Existía un deterioro empresarial real.
Pero la lección verdaderamente útil no consiste en señalar retrospectivamente el error.
Consiste en comprender por qué era tan difícil reconocerlo mientras estaba ocurriendo.
Precio y tesis no son lo mismo
Cuando una acción cae un 50%, pueden estar ocurriendo dos cosas completamente diferentes.
Puede que el negocio siga intacto y que simplemente haya caído el precio.
En ese caso, comprar más puede aumentar el margen de seguridad.
Pero también puede que la información disponible esté mostrando que nuestra estimación inicial del negocio era equivocada.
En ese caso, la caída del precio no convierte automáticamente la inversión en más barata.
Puede estar indicándonos que ha disminuido su valor.
Esta distinción es fundamental.
Promediar a la baja solo tiene sentido si hemos vuelto a analizar la empresa y podemos justificar que el valor permanece intacto. Comprar más simplemente porque el precio ha caído no es inversión en valor.
Esta conclusión es nuestra. No debemos atribuírsela a Moclano ni a Paramés. Pero el episodio de Aryzta proporciona un magnífico caso para entenderla.
La pregunta que ningún inversor puede evitar
El propio artículo de Moclano formula el problema con bastante precisión: la paciencia que permitió a Paramés evitar algunas de las grandes burbujas fue también la que contribuyó a prolongar determinadas inversiones equivocadas.
Y no existe una fórmula que nos permita distinguir siempre una situación de la otra.
Ese es uno de los problemas fundamentales de la inversión.
Podemos formularlo así:
¿Ha caído el precio o se ha deteriorado la tesis?
Son dos cosas muy diferentes.
Un inversor debería revisar especialmente:
si han cambiado las ventajas competitivas del negocio;
si el balance se ha deteriorado;
si la deuda amenaza la supervivencia de la compañía;
si la dirección ha incumplido reiteradamente sus objetivos;
si nuestra estimación de beneficios normalizados sigue siendo razonable;
y, sobre todo, qué hechos concretos nos harían admitir que la tesis estaba equivocada.
Este último punto resulta especialmente importante.
Si antes de invertir somos incapaces de responder a la pregunta «¿qué tendría que ocurrir para que vendiera?», corremos el riesgo de construir una tesis que nunca pueda ser refutada.
Y una tesis que no puede ser refutada fácilmente puede terminar convirtiéndose en una creencia.
Después de los errores también hay que mirar
Una de las partes más interesantes del artículo de Moclano es precisamente la que recibe menos atención cuando se cuenta la historia de Cobas.
Después de los difíciles primeros años, la gestora fue modificando progresivamente algunas características de sus carteras.
Según el autor, redujo determinadas concentraciones, vendió varias compañías después de fuertes revalorizaciones y adoptó una configuración algo más defensiva. Moclano interpreta estos cambios como señales de aprendizaje después de los excesos de la primera etapa de Cobas.
También se produjo un cambio institucional significativo.
En 2024, Paramés decidió abandonar la consideración de sus fondos como «fondos de autor», destacando el creciente protagonismo del equipo de análisis.
La decisión resulta interesante porque introduce otra enseñanza sobre la gestión activa:
Un buen proceso de inversión debería poder sobrevivir a la persona que lo inició.
La institucionalización de un equipo, la existencia de analistas experimentados y la capacidad para discutir las tesis de inversión pueden ser mecanismos importantes para reducir precisamente algunos de los riesgos asociados a una convicción excesivamente personal.
Los resultados han vuelto
La recuperación posterior de Cobas ha sido muy significativa.
Los datos de la propia gestora confirman que Cobas Internacional obtuvo un 26,4% en 2025, frente al 19,7% de su índice de referencia, mientras Cobas Iberia alcanzó un 53,1%, frente al 52,5% de su referencia. (Cobas AM) Cobas Concentrados, por su parte, terminó 2025 con una rentabilidad próxima al 47%. (Cobas AM)
Y la recuperación no terminó ahí. A finales de julio de 2026, Cobas Internacional acumulaba aproximadamente un 21% adicional en el año. (Cobas AM)
Son resultados excelentes.
Pero aquí aparece probablemente la enseñanza más importante de todo el artículo.
El inversor que llega hoy a Cobas únicamente porque ha visto sus últimas rentabilidades puede estar cometiendo exactamente el error contrario al del inversor que se marchó después de sus peores años.
Uno vende después del sufrimiento.
El otro compra después del éxito.
Ambos pueden estar utilizando el retrovisor.
No basta con mirar quién ha ganado más
Cuando analizamos un fondo activo, las rentabilidades importan. Mucho.
Un gestor debe demostrar con resultados sostenidos que su proceso añade valor. La filosofía, las cartas trimestrales y un buen relato no sustituyen a los números.
Pero tampoco basta con ordenar los fondos por su rentabilidad de los últimos tres o cinco años.
La trayectoria de Paramés muestra por qué.
Un inversor que valore incorporar un gestor activo debería intentar responder, al menos, a cuatro preguntas:
¿Entiendo cómo gana dinero?
No basta con saber que practica value investing. Hay que entender qué tipo de compañías compra, cuánto puede concentrar, qué sesgos introduce y en qué entornos puede quedar rezagado.
¿Entiendo cómo puede perderlo?
Aryzta importa tanto como los grandes aciertos.
Conocer los errores históricos de un gestor permite entender riesgos que una ficha comercial difícilmente mostrará.
¿Puedo soportar su estilo cuando deje de funcionar?
Un fondo activo realmente diferente del índice inevitablemente atravesará periodos en los que lo hará peor.
Si sabemos de antemano que abandonaremos después de dos años de mal comportamiento relativo, probablemente no deberíamos contratar una estrategia que pueda necesitar cinco para demostrar su tesis.
¿Estoy comprando un proceso o una rentabilidad reciente?
Esta pregunta quizá sea la más importante.
El tamaño también importa
Moclano termina destacando otra decisión reciente de Cobas: limitar el crecimiento futuro de algunos de sus fondos.
La idea de fondo no es nueva en Paramés. Ya en la documentación inicial de Cobas defendía expresamente que su estilo de inversión no podía aplicarse a cantidades ilimitadas de dinero y que un patrimonio excesivo terminaría obligando a concentrarse en compañías más grandes. La propia gestora dejó por escrito esa preocupación desde sus primeros años. (Cobas AM)
La cuestión resulta particularmente relevante para estrategias que buscan oportunidades en pequeñas y medianas compañías.
Un fondo puede convertirse en víctima de su propio éxito.
Cuanto mayor es su patrimonio:
más difícil resulta construir posiciones significativas en empresas pequeñas;
mayor puede ser el impacto de las operaciones sobre el precio;
más complicada puede resultar la salida;
y menor es el universo de oportunidades realmente aprovechables.
Por eso el tamaño del fondo no es simplemente una cuestión comercial. Puede terminar siendo una variable de inversión.
La enseñanza que queda
La historia de Francisco García Paramés admite interpretaciones muy diferentes. Moclano acierta, a nuestro juicio, al resistirse a reducirla a una sola.
Sus años en Bestinver muestran lo que puede conseguir un gestor con un proceso consistente, independencia intelectual y capacidad para soportar largos periodos alejándose del consenso.
Los primeros años de Cobas muestran el reverso: la convicción no inmuniza frente al error.
Aryzta recuerda que una acción que cae mucho no necesariamente está más barata.
La posterior recuperación de Cobas demuestra, a su vez, que varios años de resultados decepcionantes tampoco prueban necesariamente que un proceso haya dejado definitivamente de funcionar.
Y los excelentes resultados recientes plantean una última advertencia: tampoco deberíamos confundir una buena racha con la desaparición del riesgo.
Quizá por eso la mejor enseñanza de esta historia no sea decidir si Paramés merece estar entre los grandes gestores españoles. Su trayectoria ya proporciona suficientes argumentos para que cada uno forme su opinión.
La enseñanza más útil para nosotros es otra:
Un buen inversor necesita convicciones suficientemente fuertes para soportar que el mercado le lleve la contraria, pero también un método suficientemente humilde para reconocer cuándo es él quien está equivocado.
Encontrar ese equilibrio es mucho más difícil que elegir entre value y growth, gestión activa o indexada. Y probablemente sea una de las habilidades que más separan la paciencia inversora de la simple obstinación.
Fuentes
Fuente principal: Diego F. (Moclano), «Para bien, para mal, Paramés», El Rincón de Moclano. El presente artículo utiliza su trabajo como punto de partida para analizar la trayectoria de Francisco García Paramés y extraer algunas enseñanzas para el inversor particular. Las interpretaciones y conclusiones prácticas señaladas como propias no deben atribuirse al autor original.
Para contrastar determinados datos de rentabilidad y aspectos de la filosofía y capacidad de los fondos se ha consultado asimismo documentación oficial de Cobas Asset Management.
Nota: las referencias a fondos y gestores tienen una finalidad exclusivamente divulgativa y educativa. Los resultados pasados no permiten conocer los resultados futuros y el análisis de una trayectoria histórica no constituye una recomendación de inversión.
* Glosario
Value investing (inversión en valor): estrategia que busca invertir en empresas cuyo precio de mercado se considera inferior a su valor real o razonable. La expectativa es que, con el tiempo, el mercado termine reconociendo ese valor.
Growth (inversión en crecimiento): estilo que prioriza empresas con expectativas elevadas de crecimiento de ventas y beneficios, aunque sus acciones puedan cotizar a valoraciones relativamente altas.
Profit warning (advertencia sobre beneficios): comunicación de una empresa anunciando que sus resultados serán peores de lo previsto anteriormente o de lo esperado por el mercado. Suele provocar una revisión de las expectativas y, con frecuencia, caídas en la cotización.
Contrarian (inversor contrario): enfoque que consiste en apartarse deliberadamente del consenso del mercado cuando se considera que este está equivocado. Implica estar dispuesto a invertir de forma diferente a la mayoría y soportar periodos en los que el mercado parece llevarnos la contraria.

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