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Aviso: Los contenidos de este blog tienen una finalidad exclusivamente reflexiva, divulgativa y formativa, orientada a facilitar la comprensión del ahorro, la inversión y las finanzas personales. Las opiniones, análisis y contenidos publicados no constituyen asesoramiento financiero ni recomendaciones personalizadas de inversión. Cada inversor debe adoptar sus decisiones teniendo en cuenta sus propias circunstancias, necesidades y objetivos, siendo consciente de que toda inversión implica riesgos y valorando, cuando resulte conveniente, la posibilidad de acudir a un asesor financiero o patrimonial debidamente cualificado y acreditado.

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Invertir bien empieza por dejar de intentar controlar lo incontrolable

  Objetivos, equilibrio, costes y disciplina: cuatro principios sencillos que pueden ser más importantes que acertar cuál será la próxima inversión ganadora. Buena parte de la información financiera que recibimos cada día gira alrededor de preguntas difíciles de responder. ¿Seguirá subiendo la Bolsa? ¿Cuándo bajarán los tipos de interés? ¿Está cara la renta variable estadounidense? ¿Qué fondo lo hará mejor el próximo año? ¿Llegará una recesión? ¿Es momento de reducir riesgo? Son preguntas legítimas. Algunas, además, son intelectualmente interesantes. El problema comienza cuando convertimos sus respuestas en el fundamento de nuestra estrategia de inversión. Porque hay algo incómodo que conviene reconocer desde el principio: no sabemos qué hará el mercado . Ni nosotros ni nadie. Y quizá por eso resulte tan poderosa una idea que Vanguard coloca en el centro de su documento Principios para invertir con éxito : las mejores posibilidades de éxito de una inversión se obtienen centrándose ...

Invertir bien empieza por dejar de intentar controlar lo incontrolable

 

Objetivos, equilibrio, costes y disciplina: cuatro principios sencillos que pueden ser más importantes que acertar cuál será la próxima inversión ganadora.

Buena parte de la información financiera que recibimos cada día gira alrededor de preguntas difíciles de responder.

¿Seguirá subiendo la Bolsa? ¿Cuándo bajarán los tipos de interés? ¿Está cara la renta variable estadounidense? ¿Qué fondo lo hará mejor el próximo año? ¿Llegará una recesión? ¿Es momento de reducir riesgo?

Son preguntas legítimas. Algunas, además, son intelectualmente interesantes. El problema comienza cuando convertimos sus respuestas en el fundamento de nuestra estrategia de inversión.

Porque hay algo incómodo que conviene reconocer desde el principio: no sabemos qué hará el mercado.

Ni nosotros ni nadie.

Y quizá por eso resulte tan poderosa una idea que Vanguard coloca en el centro de su documento Principios para invertir con éxito: las mejores posibilidades de éxito de una inversión se obtienen centrándose en aquello que podemos controlar. A partir de esa premisa organiza su filosofía alrededor de cuatro elementos: objetivos, equilibrio, costes y disciplina.

Parece sencillo.

Probablemente lo sea.

Lo difícil es hacerlo.

1. Antes de preguntarnos qué comprar, deberíamos saber para qué invertimos

Uno de los errores más habituales consiste en construir una cartera desde abajo.

Descubrimos un fondo interesante y lo compramos. Después aparece otro que ha obtenido buenos resultados. Más tarde añadimos una inversión que promete diversificar la cartera. Y terminamos acumulando productos aparentemente razonables sin saber exactamente qué función desempeña cada uno.

Vanguard propone recorrer el camino contrario.

Primero está el objetivo. Después, la cartera.

Un plan de inversión debería partir de algunas cuestiones elementales: cuánto dinero necesitamos, cuál es nuestro horizonte temporal, qué riesgo podemos asumir, cuánto podemos ahorrar, qué combinación de activos utilizaremos y cómo supervisaremos posteriormente la cartera.

La consecuencia es importante:

una cartera no es buena o mala en abstracto. Es adecuada o inadecuada para un objetivo determinado.

Una composición perfectamente razonable para alguien que está acumulando patrimonio con un horizonte de treinta años podría resultar completamente inadecuada para quien vaya a necesitar una parte importante de ese dinero dentro de tres.

Y hay otra variable a la que quizá prestamos menos atención de la debida: cuánto ahorramos.

Vanguard recuerda que aumentar las aportaciones periódicas puede llegar a ser más poderoso que asumir una cartera más arriesgada buscando mayores rendimientos.

Es una enseñanza especialmente valiosa porque devuelve parte del problema a nuestro terreno.

No podemos decidir cuánto rentará la Bolsa durante los próximos diez años.

Podemos decidir cuánto ahorraremos.

2. El riesgo debe decidirse antes de conocer el resultado

El segundo principio de Vanguard es el equilibrio.

La idea central es que la distribución entre diferentes activos debe partir de unas expectativas razonables de riesgo y rentabilidad y estar relacionada con nuestros objetivos. La diversificación ayuda después a limitar aquellos riesgos que no necesitamos asumir.

Aquí aparece una de las decisiones más importantes de cualquier cartera: la combinación entre renta variable y renta fija.

Históricamente, las acciones han proporcionado mayores posibilidades de crecimiento a largo plazo, pero también han sufrido oscilaciones y pérdidas considerablemente mayores. Los bonos han ofrecido generalmente una evolución más estable, aunque con una rentabilidad esperada inferior.

No existe una proporción universalmente correcta.

Existe una proporción que deberíamos ser capaces de mantener.

Esta última frase importa mucho.

Es relativamente fácil considerarse un inversor tolerante al riesgo después de varios años de subidas. Es bastante más difícil mantener esa convicción cuando una parte importante del patrimonio acumulado desaparece temporalmente de la pantalla.

Por eso el riesgo no debería establecerse pensando únicamente en cuánto queremos ganar.

También debemos preguntarnos cuánto podemos perder sin abandonar el plan.

Diversificar es reconocer los límites de nuestro conocimiento

Vanguard añade una segunda pieza: utilizar inversiones ampliamente diversificadas.

Diversificar no garantiza que nuestra cartera no vaya a caer. En una crisis importante pueden hacerlo simultáneamente muchas clases de activos.

Su finalidad es otra: evitar que nuestro futuro financiero dependa excesivamente de que hayamos acertado con una empresa, un país, un sector, un gestor o un determinado estilo de inversión.

En cierto modo, diversificar constituye una declaración de humildad.

Aceptamos que no sabemos quién será el próximo ganador y construimos la cartera de manera que no necesitemos saberlo.

3. No sabemos cuánto ganaremos, pero podemos saber cuánto pagamos

Llegamos al tercer principio: los costes.

Aquí existe una asimetría interesante.

La rentabilidad futura de nuestras inversiones es incierta. Los costes son mucho más previsibles.

Y cada euro destinado a gastos es un euro que deja de permanecer invertido.

Vanguard utiliza un ejemplo especialmente ilustrativo. Parte de una inversión hipotética de 10.000 euros que obtiene un 6% anual durante treinta años.

Con un coste anual del 0,3%, el capital final ascendería a 52.753 euros.

Con un coste del 1,2%, terminaría en 40.817 euros.

La diferencia es de 11.936 euros.

No procede concluir que el producto más barato sea siempre el mejor. El propio documento advierte de que los costes no constituyen el único factor que determina los resultados.

La enseñanza es más interesante:

un coste adicional debería tener una justificación.

Si pagamos más por gestión activa, asesoramiento, una determinada estrategia o cualquier otro servicio, deberíamos entender qué estamos obteniendo a cambio y por qué creemos razonable pagarlo.

El problema no es pagar.

El problema es pagar sin saber por qué.

Para el inversor español hay además una dimensión fiscal

Aquí conviene añadir una consideración que no procede del documento de Vanguard, sino de nuestro marco fiscal.

En España, cuando se cumplen los requisitos establecidos legalmente, el traspaso entre determinados fondos de inversión permite diferir la tributación de las plusvalías hasta el reembolso definitivo.

No significa que desaparezca el impuesto. Significa que se aplaza.

Esta particularidad puede facilitar la modificación o el rebalanceo de una cartera sin materializar inmediatamente las ganancias acumuladas.

Por eso, al comparar vehículos de inversión, no siempre basta con observar la comisión publicada. También pueden importar la fiscalidad, los costes de negociación, la facilidad de rebalanceo y la operativa.

Coste no significa solamente comisión de gestión.

4. Una estrategia solo funciona si somos capaces de mantenerla

Probablemente llegamos al principio más sencillo de explicar y más difícil de aplicar: la disciplina.

Vanguard la define como la capacidad de mantenerse fiel a un plan de inversión a lo largo del tiempo y bajo diferentes condiciones de mercado.

Porque el problema no termina cuando hemos construido una buena cartera.

Después tendremos que convivir con ella.

Habrá crisis, guerras, inflación, recesiones, burbujas, elecciones, subidas de tipos y acontecimientos que hoy ni siquiera somos capaces de imaginar.

Y, en algún momento, sentiremos la tentación de hacer algo.

Vanguard resume la disciplina en cuatro comportamientos: realizar aportaciones periódicas, permanecer invertidos durante los periodos de volatilidad, reequilibrar la cartera y mantener una estrategia de gasto disciplinada.

El documento incluye un ejemplo particularmente contundente.

Compara el comportamiento de dos inversores con una cartera 60% renta variable y 40% renta fija durante la crisis provocada por la Covid-19.

Uno mantuvo la cartera.

El otro pasó a efectivo el 21 de marzo de 2020 y regresó al mercado el 25 de julio.

En el periodo estudiado por Vanguard, hasta finales de 2024, el primero obtuvo una rentabilidad acumulada del 62% y el segundo del 37%.

Naturalmente, se trata de un ejemplo histórico concreto y no demuestra que reducir riesgo sea siempre una equivocación.

Demuestra algo diferente.

Salir del mercado crea inmediatamente una segunda decisión: cuándo volver.

El market timing exige acertar dos veces.

Y el segundo acierto puede ser todavía más difícil que el primero.

Reequilibrar también es disciplina

Mantener el rumbo tampoco significa permanecer inmóvil.

Imaginemos que hemos decidido que nuestra cartera debe contener un 60% de renta variable y un 40% de renta fija.

Después de una fuerte subida bursátil, la distribución pasa a ser 70/30.

Puede parecernos una excelente noticia. Nuestro patrimonio ha aumentado.

Pero ha ocurrido algo más: también ha aumentado el riesgo de nuestra cartera.

Vanguard plantea el rebalanceo precisamente como el mecanismo para recuperar la asignación de activos deseada: reducir aquello que ha ganado demasiado peso y aumentar aquello que lo ha perdido.

Eso obliga a hacer algo psicológicamente incómodo: vender parte de lo que mejor se ha comportado para comprar aquello que ha quedado rezagado.

Pero el propósito fundamental del rebalanceo no es adivinar qué activo subirá después.

Es mucho más modesto.

Volver al riesgo que habíamos decidido asumir antes de saber cuál sería el ganador.

La inversión como proceso, no como sucesión de pronósticos

Quizá esta sea la enseñanza más importante de los cuatro principios de Vanguard.

Podemos concebir la inversión de dos maneras.

La primera consiste en intentar encadenar buenas decisiones sobre el futuro:

qué mercado subirá, qué gestor batirá a su índice, cuándo llegará la próxima corrección, cuándo terminará, qué sector liderará el siguiente ciclo.

La segunda consiste en construir un sistema que no necesite una sucesión de predicciones acertadas para funcionar razonablemente bien.

Definimos nuestros objetivos.

Elegimos una combinación de activos compatible con ellos.

Diversificamos.

Controlamos los costes.

Ahorramos periódicamente.

Reequilibramos.

Y procuramos no destruir el plan cada vez que los mercados nos asustan.

Eso no garantiza el éxito.

No existe una cartera que pueda hacerlo.

Pero reduce nuestra dependencia de algo extraordinariamente difícil: tener razón una y otra vez sobre un futuro que desconocemos.

Una última pregunta

Tal vez podamos resumir todo el documento de Vanguard en una pregunta que convendría hacernos de vez en cuando:

¿Cuánto depende el éxito de mi estrategia de aquello que puedo controlar y cuánto depende de que mis previsiones resulten correctas?

Si nuestra cartera necesita que acertemos continuamente, quizá tengamos un problema.

Una estrategia robusta debería admitir que nos equivocaremos.

Porque controlar el proceso no significa controlar el resultado.

Significa intentar que nuestro futuro financiero dependa menos de nuestros pronósticos y más de nuestras decisiones.


Glosario breve

Asignación de activos: distribución de una cartera entre diferentes tipos de inversión —por ejemplo, renta variable, renta fija y liquidez— de acuerdo con sus objetivos y nivel de riesgo.

Diversificación: distribución de las inversiones entre diferentes activos y fuentes de riesgo para reducir la dependencia de cualquiera de ellos.

Reequilibrio: operaciones destinadas a devolver una cartera a la distribución de activos previamente establecida.

Market timing: estrategia consistente en intentar anticipar los movimientos del mercado para decidir cuándo entrar y salir.

Fuente

Este artículo está basado principalmente en Principios para invertir con éxito, publicado por Vanguard en 2025. El documento articula su filosofía alrededor de cuatro principios —objetivos, equilibrio, costes y disciplina— y de una idea común: centrarse en aquello que el inversor puede controlar.

Las consideraciones relativas a la fiscalidad y a las particularidades de determinados vehículos de inversión en España son aportaciones de InverAhorro y no deben atribuirse a Vanguard.

Los contenidos de InverAhorro tienen una finalidad exclusivamente reflexiva, divulgativa y formativa. No constituyen asesoramiento financiero ni recomendaciones personalizadas de inversión. Toda inversión implica riesgos y cada inversor debe adoptar sus decisiones atendiendo a sus propias circunstancias, objetivos y tolerancia al riesgo.

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