Seguimiento de septiembre de 2026.
La Cartera Defensiva GTI ocupa el segundo escalón de nuestras seis Carteras GTI. Su objetivo es ofrecer una alternativa al inversor prudente que busca algo más de rentabilidad que la proporcionada por los instrumentos monetarios, pero sin asumir las oscilaciones propias de una cartera con una exposición elevada a bolsa.
Mantiene un 25 % de renta variable y un 75 % de activos defensivos. Su horizonte natural es de varios años y está concebida para quien puede aceptar pérdidas temporales moderadas, aunque concede una importancia especial a la estabilidad del patrimonio.
En septiembre hemos introducido una modificación relevante en su arquitectura: sustituimos la renta fija corporativa de corto plazo por bonos de tipo flotante y redistribuimos las ponderaciones del bloque conservador.
El cambio merece atención porque no responde a una previsión sobre los tipos de interés, sino a una decisión sobre qué riesgos queremos asumir y cuáles preferimos evitar.
Además, este mes compararemos la cartera con una alternativa indexada extraordinariamente sencilla: un 20 % de renta variable global y un 80 % de renta fija global de corto plazo.
La comparación nos permitirá examinar una cuestión especialmente interesante: ¿puede una cartera con más bolsa resultar menos volátil que otra aparentemente más conservadora?
1. La nueva arquitectura: menos exposición a los tipos de interés
La composición actual de la Defensiva GTI es la siguiente:
Los bonos flotantes sustituyen a la renta fija corporativa corta tradicional. Su particularidad es que sus cupones se revisan periódicamente tomando como referencia determinados tipos de interés.
Esto reduce su sensibilidad directa a las variaciones de los tipos de mercado, aunque no elimina otros riesgos, especialmente el de crédito.
La nueva estructura también disminuye el peso del monetario y aumenta el de la renta fija ultracorta.
No estamos renunciando a obtener rentabilidad en la parte conservadora. Estamos intentando conseguirla sin depender tanto de la duración.
Es una diferencia importante.
2. Un dato que resume el cambio: duración prácticamente nula
El X-Ray cerrado a 30 de septiembre muestra una duración efectiva de 0,01 años, frente a los 1,77 años del informe anterior.
La calidad crediticia media permanece en BBB.
| Indicador | Agosto | Septiembre |
|---|---|---|
| Renta variable efectiva | 23,44 % | 23,53 % |
| Obligaciones netas | 39,20 % | 41,97 % |
| Efectivo neto | 36,72 % | 33,82 % |
| Duración efectiva | 1,77 años | 0,01 años |
| Calidad crediticia media | BBB | BBB |
Fuente: X-Ray de Morningstar de agosto y septiembre de 2026.
El dato de duración es llamativo, aunque conviene interpretarlo correctamente.
Una duración efectiva de 0,01 años significa que, según el modelo utilizado por Morningstar, la sensibilidad directa del bloque de renta fija a pequeños movimientos de los tipos de interés es prácticamente nula.
Pero no significa que el riesgo de la renta fija sea prácticamente nulo.
Los bonos flotantes siguen estando expuestos a la solvencia de sus emisores, a los diferenciales de crédito y a posibles problemas de liquidez.
Además, la cifra agregada de duración puede depender de cómo Morningstar trate los instrumentos flotantes y determinadas posiciones de los fondos.
Por tanto, la interpretaremos como una señal de sensibilidad muy reducida a los tipos, no como una medición perfecta de todos los riesgos de la cartera.
La calidad crediticia BBB recuerda precisamente que la parte conservadora no está compuesta exclusivamente por deuda pública de máxima calidad.
Esta modificación tiene una consecuencia práctica: la Defensiva debería depender menos de la evolución de los tipos de interés, pero continúa dependiendo de las condiciones del crédito y, naturalmente, de la bolsa.
Y existe una contrapartida que no debemos olvidar: si los tipos de interés descienden, los cupones de los bonos flotantes también tenderán a ajustarse a la baja.
Reducir la duración no proporciona una ventaja gratuita.
3. ¿Qué rentabilidad está obteniendo?
Los resultados reconstruidos por Morningstar hasta el 30 de septiembre son los siguientes:
| Periodo | Rentabilidad |
|---|---|
| Últimos 3 meses | 0,94 % |
| Últimos 6 meses | 4,02 % |
| Año 2026 | 4,92 % |
| Último año | 6,33 % |
| 3 años anualizada | 6,43 % |
| 5 años anualizada | 4,61 % |
Fuente: Morningstar, X-Ray de septiembre de 2026.
La cartera presenta una rentabilidad anualizada superior al 6 % en los últimos tres años y algo superior al 4,5 % en los últimos cinco.
Son resultados interesantes para una arquitectura con solamente una cuarta parte del patrimonio en renta variable.
Pero hay una precaución especialmente importante este mes.
La cartera ha cambiado de composición.
Por tanto, las rentabilidades históricas que ahora presenta Morningstar corresponden a una reconstrucción utilizando la composición actual, no a la trayectoria real de una cartera que hubiera mantenido esos mismos componentes durante todos los años anteriores.
Esto significa que no podemos atribuir a la sustitución de la renta fija corta por bonos flotantes ninguna mejora histórica observada.
Tampoco sería correcto presentar las diferencias respecto al X-Ray de agosto como la rentabilidad obtenida gracias al cambio.
Estamos examinando una arquitectura distinta, aunque conserve la misma filosofía defensiva.
Lo que sí podemos hacer es estudiar cómo se habría comportado históricamente la nueva combinación.
Y sus resultados merecen atención.
4. La rentabilidad importa, pero la volatilidad también
La relación entre rentabilidad y riesgo continúa siendo uno de los principales criterios con los que evaluamos las Carteras GTI.
| Indicador | 3 años | 5 años |
|---|---|---|
| Rentabilidad anualizada | 6,43 % | 4,61 % |
| Volatilidad | 2,39 % | 2,89 % |
| Ratio de Sharpe | 1,46 | 0,88 |
Fuente: Morningstar, X-Ray de septiembre de 2026.
La primera observación es que la volatilidad continúa siendo reducida.
Una desviación típica anualizada del 2,39 % a tres años resulta coherente con el carácter defensivo de la cartera.
Además, el Sharpe de 1,46 indica que, durante ese período, la relación entre rentabilidad y riesgo ha sido favorable.
A cinco años, el Sharpe desciende a 0,88, aunque continúa reflejando una relación razonablemente positiva entre ambos factores.
No deberíamos interpretar estas cifras como una demostración de superioridad de la nueva composición.
Son estadísticas históricas reconstruidas.
Pero sí nos permiten comprobar que la arquitectura actual resulta compatible con el perfil de riesgo que pretendemos mantener.
Y esto es particularmente relevante porque la reducción de duración no ha venido acompañada, en la reconstrucción histórica, de una volatilidad elevada.
La cuestión pendiente será comprobar si esa combinación continúa funcionando en el futuro.
5. ¿De dónde procede realmente el riesgo?
La renta variable continúa siendo la principal fuente de fluctuaciones.
Los dos componentes bursátiles presentan volatilidades individuales a tres años del 11,43 % y el 8,72 %, considerablemente superiores a las del bloque conservador.
En cambio, los bonos flotantes muestran una volatilidad del 0,36 %, el ultracorto del 0,42 % y el monetario del 0,25 %.
Estas cifras ayudan a entender por qué el conjunto mantiene una volatilidad reducida.
Pero también aparece una cuestión interesante al examinar las correlaciones.
Los componentes defensivos no son completamente independientes entre sí. Los bonos flotantes y el ultracorto presentan una correlación de 0,83, mientras que las correlaciones de ambos con el monetario también son elevadas.
Esto merece una reflexión.
Diversificar entre tres fondos defensivos no significa necesariamente diversificar entre tres riesgos independientes.
La cartera mantiene instrumentos con características distintas, pero parte de sus movimientos responde a factores comunes.
Por eso la diversificación debe valorarse por su aportación real, no por el número de fondos.
La presencia de monetario, ultracorto y flotantes sigue teniendo sentido funcional. Sin embargo, debemos vigilar que la concentración en instrumentos de crédito a corto plazo no genere una falsa sensación de independencia.
La duración puede ser mínima y, aun así, existir riesgos compartidos.
6. ¿Cómo habría respondido en momentos difíciles?
El X-Ray permite examinar las peores ventanas históricas reconstruidas.
| Periodo | Peor rentabilidad |
|---|---|
| 3 meses | -6,11 % |
| 6 meses | -5,07 % |
| 1 año | -3,43 % |
| 3 años anualizada | -0,69 % |
| 5 años anualizada | +0,42 % |
Fuente: Morningstar, X-Ray de septiembre de 2026.
Las peores ventanas cortas se concentran alrededor de la crisis provocada por la pandemia.
La peor ventana trimestral alcanza una pérdida del 6,11 %.
Esto nos recuerda que una cartera defensiva puede sufrir caídas apreciables cuando los mercados atraviesan episodios extraordinarios.
La exposición a renta variable no desaparece, y los activos de crédito tampoco son inmunes a las tensiones financieras.
Más interesante resulta comprobar que, dentro del historial reconstruido, la peor ventana de cinco años mantuvo una rentabilidad anualizada ligeramente positiva.
No significa que una inversión a cinco años tenga garantizado recuperar su valor.
Significa únicamente que en las ventanas históricas examinadas por Morningstar, esta combinación concreta de fondos habría conseguido evitar pérdidas nominales anualizadas a cinco años.
No debemos convertir una observación histórica en una garantía.
Tampoco debemos confundir estas ventanas con el máximo drawdown, que exige examinar las pérdidas desde máximos hasta mínimos sucesivos.
La enseñanza es más sencilla: la arquitectura ha mostrado históricamente una capacidad defensiva apreciable, pero no elimina el riesgo de pérdidas temporales.
7. Una comparación interesante: Defensiva GTI frente a una indexada 20/80
Para valorar mejor el comportamiento de nuestra cartera, hemos construido una alternativa extremadamente sencilla.
Sólo dos fondos indexados:
20 % renta variable global y 80 % renta fija global de corto plazo.
No es una comparación entre dos carteras idénticas.
La indexada tiene cinco puntos menos de bolsa.
Pero precisamente por eso resulta interesante: permite comprobar si una cartera con menor exposición bursátil presenta necesariamente un riesgo inferior.
Los datos históricos reconstruidos por Morningstar ofrecen la siguiente comparación:
| Indicador | Defensiva GTI | Indexada 20/80 |
|---|---|---|
| Rentabilidad 2026 | 4,92 % | 2,10 % |
| Rentabilidad 1 año | 6,33 % | 3,13 % |
| Rentabilidad anualizada 3 años | 6,43 % | 5,71 % |
| Rentabilidad anualizada 5 años | 4,61 % | 2,49 % |
| Volatilidad 3 años | 2,39 % | 3,09 % |
| Volatilidad 5 años | 2,89 % | 3,98 % |
| Sharpe 3 años | 1,46 | 0,92 |
| Sharpe 5 años | 0,88 | 0,12 |
Fuentes: X-Ray de septiembre de 2026 de ambas carteras.
El resultado merece detenerse.
La Defensiva GTI tiene más renta variable, pero registra una volatilidad histórica inferior.
A tres años, el 2,39 % frente al 3,09 %.
A cinco, el 2,89 % frente al 3,98 %.
Además, ha obtenido mayor rentabilidad en ambas ventanas.
No significa que la Defensiva sea intrínsecamente superior.
Pero demuestra que el porcentaje de renta variable, por sí solo, no basta para conocer el riesgo de una cartera.
La diferencia está en la parte conservadora
La cartera indexada concentra el 80 % de su patrimonio en renta fija global de corto plazo.
Su duración efectiva es de 2,70 años y su calidad crediticia media es A.
La Defensiva, en cambio, distribuye su 75 % conservador entre monetario, ultracorto y bonos flotantes.
Y su duración efectiva actual, según Morningstar, es prácticamente nula.
Esto explica una diferencia estructural importante.
La cartera indexada acepta una exposición mayor a los movimientos de los tipos de interés. La Defensiva intenta reducirla, aunque mantiene exposición al riesgo de crédito.
La primera tiene mayor calidad crediticia media. La segunda presenta menor sensibilidad directa a los tipos.
No estamos comparando simplemente más riesgo frente a menos riesgo. Estamos comparando riesgos diferentes.
Y eso ayuda a interpretar sus resultados históricos.
8. La lección de 2022: los bonos también pueden caer
La cartera indexada 20/80 registró su peor ventana de doce meses entre diciembre de 2021 y diciembre de 2022, con una pérdida del 8,06 %.
Es un dato especialmente instructivo.
Una cartera con solamente un 20 % de renta variable podía sufrir una pérdida anual superior al 8 %.
La explicación no está únicamente en la bolsa.
Durante 2022, las fuertes subidas de los tipos de interés perjudicaron a numerosos fondos de renta fija. La diversificación tradicional entre acciones y bonos no proporcionó entonces la protección que muchos inversores esperaban.
La duración volvió a demostrar que no es gratuita.
La Defensiva GTI intenta reducir precisamente esa vulnerabilidad.
Pero debemos introducir un matiz importante.
Reducir la duración no equivale a eliminar el riesgo ni garantiza un comportamiento superior en todas las crisis.
En una crisis de crédito, los bonos flotantes y otros instrumentos corporativos también pueden sufrir.
Y si los tipos de interés descendieran con fuerza, la cartera indexada podría beneficiarse de las ganancias de precio de sus bonos, mientras que la Defensiva participaría mucho menos de ese movimiento.
La arquitectura elegida expresa una preferencia: asumir menos sensibilidad a los tipos y aceptar, a cambio, otras fuentes de riesgo y una menor capacidad para beneficiarse de determinadas bajadas de tipos.
No es una solución universal.
Es una decisión de construcción de cartera.
9. ¿Estamos complicando innecesariamente la cartera?
La comparación con la indexada 20/80 también obliga a plantearnos una cuestión incómoda.
¿Por qué utilizar cinco fondos cuando podríamos construir una cartera diversificada con solamente dos?
La simplicidad tiene ventajas indiscutibles.
Una cartera de dos fondos es fácil de comprender, mantener y reequilibrar. Reduce las decisiones que debe tomar el inversor y, por tanto, las oportunidades de cometer errores.
Nuestra Defensiva introduce más componentes y exige un seguimiento algo más elaborado.
Esa complejidad sólo estará justificada si aporta algo.
Los resultados históricos disponibles son favorables a la arquitectura GTI, pero no constituyen una prueba definitiva.
La cartera indexada también presenta una ventaja que no debemos pasar por alto: su bloque de renta fija tiene mayor calidad crediticia media.
Por tanto, no sería correcto concluir que la Defensiva tiene menos riesgo en todos los sentidos.
Tiene menos volatilidad histórica y menor duración.
Pero eso no significa que presente menos riesgo de crédito ni que vaya a comportarse mejor en cualquier escenario.
La comparación sirve para enseñar precisamente esto: la calidad de una cartera no puede reducirse a una sola cifra.
10. ¿Qué estamos ganando y qué estamos sacrificando?
La nueva composición de la Defensiva intenta conseguir tres cosas.
En primer lugar, mantener una exposición limitada a bolsa que permita participar parcialmente en el crecimiento de los mercados.
En segundo lugar, reducir la sensibilidad del bloque conservador a los movimientos de los tipos de interés.
Y, finalmente, obtener una remuneración razonable de los activos defensivos sin asumir duraciones que consideramos innecesarias para este perfil.
Pero también aceptamos contrapartidas.
La rentabilidad de los instrumentos flotantes y monetarios tenderá a ajustarse cuando cambien los tipos de referencia.
El crédito corporativo puede deteriorarse.
Y una cartera con duración muy reducida renuncia a buena parte de las ganancias que podrían obtener los bonos de mayor duración durante determinadas bajadas de tipos.
En definitiva, no estamos intentando eliminar los riesgos, sino seleccionar cuáles queremos asumir.
Ésa es una distinción fundamental.
11. Nuestro cuadro de control
El cambio de composición no altera el objetivo fundamental de la cartera.
Continúa siendo una solución defensiva, con una exposición bursátil limitada y una parte conservadora concebida para amortiguar las fluctuaciones.
Lo que ha cambiado es la forma de gestionar los riesgos dentro de ese bloque.
Y eso será precisamente lo que deberemos vigilar durante los próximos meses.
12. Qué merece seguimiento a partir de ahora
Hay tres cuestiones que consideramos especialmente relevantes.
La primera será comprobar si la nueva arquitectura mantiene su baja volatilidad cuando cambien las condiciones de mercado.
La segunda será observar cómo responden los bonos flotantes y la renta fija ultracorta ante posibles tensiones de crédito. Una duración reducida no garantiza que ambos componentes se comporten de manera independiente.
La tercera será seguir comparando nuestra Defensiva con alternativas indexadas sencillas.
No necesitamos que gane todos los años.
Pero sí debemos exigir que su mayor complejidad tenga una función económica reconocible.
Si con el tiempo esa diversificación adicional no mejora la relación entre rentabilidad y riesgo, o no proporciona una capacidad defensiva apreciable, tendremos que reconsiderar su utilidad.
La arquitectura de una cartera debe justificarse por lo que aporta, no por lo sofisticada que parezca.
13. La enseñanza de septiembre: no todos los riesgos de la renta fija son iguales
Este seguimiento nos deja una idea especialmente interesante.
Cuando hablamos de carteras defensivas solemos fijarnos, ante todo, en el porcentaje de renta variable.
Pero dos carteras con exposiciones bursátiles muy parecidas pueden presentar riesgos considerablemente diferentes.
La duración de los bonos, la calidad crediticia, los instrumentos flotantes, la liquidez y las correlaciones entre componentes también importan.
La comparación con la indexada 20/80 lo ilustra bien.
Nuestra Defensiva, con un 25 % nominal de bolsa, ha mostrado históricamente menos volatilidad que una alternativa con solamente un 20 %.
Eso no significa que vaya a seguir ocurriendo.
Significa que una cartera defensiva no se construye simplemente reduciendo el porcentaje de acciones.
También debemos decidir qué riesgos queremos asumir con el dinero que no invertimos en ellas.
La nueva Defensiva GTI expresa claramente esa decisión: preferimos una parte conservadora con duración muy reducida, aunque eso implique renunciar a algunas ventajas de los bonos tradicionales y mantener determinados riesgos de crédito.
¿Será una elección acertada?
Los datos históricos reconstruidos resultan favorables.
Pero la verdadera prueba comenzará ahora, con el seguimiento de su comportamiento bajo esta nueva composición.
Porque nuestro objetivo no es demostrar que hemos diseñado la cartera perfecta.
Es comprobar, con datos y a lo largo del tiempo, si continúa haciendo aquello para lo que fue construida.
Y, por ahora, la respuesta es razonablemente favorable.
Nota metodológica
Los datos utilizados proceden de los X-Ray de Morningstar facilitados para este seguimiento, correspondientes a agosto y septiembre de 2026.
El X-Ray actualizado de la Defensiva está elaborado el 10 de octubre y utiliza rentabilidades hasta el 30 de septiembre. El de la cartera indexada 20/80 está elaborado el 6 de octubre y presenta también rentabilidades hasta el 30 de septiembre.
Morningstar reconstruye los resultados históricos a partir de los fondos integrantes y sus ponderaciones, suponiendo reequilibrios periódicos. Por tanto, no deben confundirse estas reconstrucciones con el historial real de una cartera que hubiera mantenido exactamente esa composición durante todos los períodos examinados.
Esta advertencia resulta especialmente importante en septiembre, dado que hemos modificado la arquitectura del bloque defensivo.
Además, las fechas de actualización de determinadas estadísticas pueden diferir entre fondos. Por ello evitamos atribuir significado a pequeñas diferencias entre informes consecutivos y centramos el análisis en magnitudes relevantes y características estructurales.
Las Carteras GTI tienen una finalidad exclusivamente divulgativa, formativa y de seguimiento. No constituyen asesoramiento financiero ni recomendaciones personalizadas de inversión. Las rentabilidades históricas o simuladas no garantizan resultados futuros. Cada inversor debe adoptar sus decisiones considerando sus circunstancias, objetivos, horizonte temporal y tolerancia al riesgo y, cuando resulte conveniente, acudir a un asesor financiero debidamente cualificado.



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