Leyendo un artículo publicado en Morningstar, que lleva por título: "Estos 15 fondos han costado miles de millones a los inversores americanos en la última década". He mirado el listado y me ha llamado la atención un Fondo de Fidelity que invierte en Renta Fija soberana de EEUU.
Se trata del Fidelity Series Long-Term Treasury Bond Index Fund (FTLTX). ¿Qué podemos decir sobre él? Después de investigar un poco os cuento lo siguiente (mezclo opiniones personales con datos reales, tenedlo en cuenta):
Es un fondo indexado que invierte fundamentalmente en Treasuries estadounidenses de vencimiento largo, siguiendo el Bloomberg U.S. Long Treasury Bond Index. No está disponible directamente para el inversor particular: Fidelity lo utiliza, entre otras finalidades, como componente de sus fondos y programas de gestión.
Lo extraordinario de sus resultados
Los datos de Fidelity a 31 de agosto de 2026 son estos:
Periodo | Rentabilidad anualizada |
|---|---|
1 año | +0,31 % |
3 años | +0,14 % |
5 años | −6,83 % anual |
10 años | −1,81 % anual |
Y el índice de referencia hizo prácticamente lo mismo: −1,78 % anual a diez años. Por tanto, el problema no fue Fidelity ni la gestión del fondo. El problema fue el activo que poseía.
Un −1,81 % anual durante diez años supone aproximadamente:
100 → 83,3
Es decir, una pérdida acumulada cercana al −17 % nominal, incluyendo los intereses cobrados. Y en términos reales, después de la inflación estadounidense del periodo, la pérdida de poder adquisitivo es muchísimo mayor.
Pero hay un dato todavía más llamativo. Una fuente que calcula los drawdowns del fondo sitúa su caída máxima desde el máximo de 2020 hasta octubre de 2023 alrededor del −47 %. Todavía no habría recuperado aquel máximo.
¿Cómo puede perder casi un 50 % un fondo de deuda del Tesoro?
Precisamente porque prácticamente no tenía riesgo de crédito, pero sí una enorme cantidad de riesgo de duración.
Este es el error conceptual que muchas veces se esconde detrás de la expresión «renta fija segura». Un Treasury a 20 o 30 años puede ser extraordinariamente seguro respecto al cobro del principal al vencimiento, pero tremendamente volátil respecto a su precio mientras lo mantienes.
La secuencia fue particularmente desfavorable.
Durante los años anteriores a 2022, los tipos de interés estadounidenses llegaron a niveles excepcionalmente bajos. Los bonos largos emitidos entonces proporcionaban cupones muy pequeños. Después llegó la inflación y la Fed elevó los tipos con enorme rapidez.
Resultado: los nuevos bonos empezaron a ofrecer rendimientos muy superiores y los antiguos bonos con cupones reducidos tuvieron que desplomarse de precio para competir con ellos.
Y cuanto mayor es la duración, mayor es el golpe.
Hay un dato de la documentación del fondo que me parece particularmente revelador: en febrero de 2026 todavía aproximadamente el 62 % de la cartera estaba formado por bonos con cupones inferiores al 4 %: 6,6 % entre 1–1,99 %, 32,4 % entre 2–2,99 % y 22,9 % entre 3–3,99 %.
Ahí está buena parte de la historia.
Y aquí aparece exactamente mi tesis sobre la renta fija larga: la duración hay que pagarla.
El fondo constituye casi un caso de laboratorio de “la duración no es gratis”.
El inversor que compró Treasury largos cuando proporcionaban rentabilidades del 1,5 %, 2 % o 2,5 % asumió una enorme sensibilidad a los tipos a cambio de una remuneración inicial muy pequeña.
Dicho de otra manera:
Asumió muchos años de duración sin que la TIR le pagara adecuadamente por hacerlo.
Y cuando los tipos subieron, ocurrió algo que suele sorprender al inversor acostumbrado a identificar «bonos del Tesoro» con seguridad: una parte supuestamente conservadora de la cartera pudo perder del orden del 40-45 %.
Lo interesante es compararlo con el conjunto del mercado de bonos. El propio prospecto de Fidelity muestra que, para el periodo terminado en diciembre de 2025, mientras este tipo de estrategia de Treasury largo sufría resultados extraordinariamente pobres, el Bloomberg U.S. Aggregate Bond Index obtuvo un +2,01 % anualizado a diez años.
No fue, por tanto, simplemente «una mala década para los bonos». Fue sobre todo una década desastrosa para determinadas combinaciones de duración muy elevada y rentabilidad inicial extremadamente baja.
Hay además una paradoja interesante ahora
No cometería el error de extrapolar esos diez años hacia adelante.
El fondo que hoy posee el inversor no tiene la misma relación rentabilidad/riesgo que tenía cuando los tipos estaban cerca de mínimos. Fidelity mostraba recientemente una yield a 30 días alrededor del 5,3 %.
Eso cambia considerablemente las matemáticas.
Una cartera de bonos largos que rinde aproximadamente un 5 % dispone de un colchón de carry mucho mayor que otra que rinde un 2 %. Sigue teniendo muchísimo riesgo de duración —una subida adicional de las tires podría producir nuevas pérdidas importantes—, pero ahora se cobra bastante más por asumirlo.
Y eso conecta perfectamente con la regla que hemos venido manejando: no basta con preguntar «¿cuánta duración tiene?». Hay que preguntar simultáneamente:
¿Cuánta duración estoy comprando y qué TIR me pagan por asumirla?
Este fondo ofrece un ejemplo histórico extraordinariamente limpio porque prácticamente elimina de la ecuación el riesgo crediticio. Si un fondo compuesto por deuda del Tesoro estadounidense puede sufrir semejante destrucción temporal de capital, queda muy claro que riesgo de crédito y riesgo de renta fija son cosas diferentes.
Fuentes:
https://fundresearch.fidelity.com/mutual-funds/performance-and-risk/31635V620?utm_source=chatgpt.com
https://portfolioslab.com/symbol/FTLTX?utm_source=chatgpt.com

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