Lo que revela el Barómetro MyInvestor de octubre de 2026 sobre las expectativas, las decisiones y el comportamiento real de los inversores.

Hay algo aparentemente contradictorio en la manera en que muchos inversores contemplan el futuro. Desconfían de la evolución económica, esperan turbulencias bursátiles, temen la inflación y los conflictos geopolíticos, pero, al mismo tiempo, siguen invirtiendo y confían en que su patrimonio aumentará.
¿Estamos ante una generación de inversores que ha aprendido a convivir con la incertidumbre o, sencillamente, ante personas que se han acostumbrado a confiar demasiado en sus propias decisiones?
El Barómetro MyInvestor de octubre de 2026 ofrece una oportunidad interesante para reflexionar sobre esta cuestión. Su primera edición combina las respuestas de aproximadamente 2.500 clientes de la entidad con datos sobre sus movimientos reales de inversión durante el tercer trimestre del año.
Y ahí reside buena parte de su interés. Porque una cosa es lo que los inversores creen que sucederá, otra lo que dicen que harán y una tercera, posiblemente la más reveladora, lo que efectivamente hacen con su dinero.
Los resultados permiten identificar algunas tendencias, varias contradicciones aparentes y, sobre todo, una cuestión que merece nuestra atención: ¿está cambiando la manera en que los particulares se relacionan con los mercados financieros?
1. Una economía que preocupa y unas inversiones que generan confianza
El índice general de sentimiento del Barómetro MyInvestor se sitúa en 55,5 puntos sobre 100, ligeramente por encima del nivel neutral de 50. A primera vista, podría interpretarse como una actitud moderadamente optimista. Sin embargo, cuando descomponemos el indicador encontramos diferencias considerables.

El contraste resulta llamativo. Los encuestados muestran una visión pesimista de la economía mundial, prácticamente neutral sobre las bolsas y bastante más favorable respecto a sus propias inversiones. La intención de invertir alcanza 67,2 puntos.
¿Cómo debemos interpretar esta divergencia? Una primera explicación sería que los inversores han aprendido algo importante: la evolución de la economía y la de los mercados financieros no son necesariamente coincidentes.
Las bolsas descuentan expectativas futuras, no se limitan a reflejar la situación económica presente. Por eso pueden subir cuando las noticias económicas son malas, siempre que resulten menos negativas de lo esperado, o caer cuando la economía crece, si las valoraciones ya incorporaban expectativas excesivamente favorables.
Desde esta perspectiva, no existe contradicción alguna en mostrarse preocupado por la economía y mantener una actitud constructiva hacia la inversión a largo plazo. Pero hay otra interpretación posible, menos complaciente: los inversores podrían estar mostrando un exceso de confianza en sus propias decisiones.
Este fenómeno, relacionado con el denominado sesgo de optimismo, puede llevarnos a valorar nuestras perspectivas personales de manera más favorable que las del conjunto. No sabemos cuál de estas explicaciones predomina entre los clientes encuestados. El barómetro no permite establecerlo.
Lo interesante es que ambas pueden coexistir. Un inversor puede comprender que no necesita acertar con las previsiones económicas para obtener buenos resultados a largo plazo y, simultáneamente, sobrestimar su capacidad para seleccionar inversiones o soportar pérdidas.
La confianza es útil para invertir. El exceso de confianza, no necesariamente.
2. Se espera volatilidad, pero no se abandona el mercado
El 59,5% de los encuestados espera movimientos bursátiles volátiles e inciertos durante los próximos seis meses. Un 21,5% anticipa subidas selectivas y apenas un 4,6% prevé caídas generalizadas. La expectativa dominante no es, por tanto, una crisis bursátil, sino un mercado difícil de interpretar.
Además, el 83,5% identifica la inestabilidad geopolítica como uno de los principales riesgos, mientras que el 65,1% señala la inflación persistente y la evolución de los tipos de interés.
Sin embargo, cuando se pregunta por las decisiones previstas, aparece una actitud menos temerosa: el 50,7% manifiesta su intención de mantener sus inversiones sin cambios durante los próximos seis meses y otro 29,3% contempla aumentarlas o comenzar a invertir asumiendo riesgo bursátil. Solo un 4,2% declara su intención de reducir su inversión o no invertir.
No debemos confundir estas respuestas con una prueba de resistencia psicológica. Contestar una encuesta no equivale a soportar una caída bursátil del 30% o del 40%. Pero tampoco deberíamos minusvalorar su significado: que una proporción elevada de inversores manifieste su disposición a mantener posiciones pese a esperar volatilidad es, cuando menos, una señal favorable.
La cuestión es si esa actitud se mantiene cuando la volatilidad deja de ser una previsión y se convierte en pérdidas reales. Aceptar intelectualmente que los mercados fluctúan es mucho más sencillo que convivir con una disminución importante de nuestro patrimonio.
3. Del sentimiento a los hechos: dónde está entrando realmente el dinero
Las encuestas presentan una limitación evidente: las personas no siempre hacen lo que dicen que harán. Podemos declarar que invertiremos sistemáticamente o que mantendremos nuestras posiciones durante las crisis. Después, cuando llega el momento de decidir con dinero real, nuestro comportamiento puede ser muy diferente.
Por eso resultan especialmente valiosos los datos internos de MyInvestor. Durante el tercer trimestre de 2026, sus clientes realizaron aportaciones periódicas por un importe conjunto de 1.018 millones de euros, considerando tanto productos individuales como servicios de gestión discrecional de carteras: una media mensual cercana a 340 millones.
Una media de 355.000 clientes realizó aportaciones periódicas cada mes; en septiembre, el número superó los 372.000. Estos datos no demuestran que mantendrán la disciplina durante una crisis prolongada, pero sí revelan un volumen considerable de inversión recurrente.
El predominio de la indexación
El informe recoge aproximadamente 627 millones de euros de suscripciones netas a fondos durante el trimestre. El 67% se dirigió a fondos indexados y el 33% a fondos de gestión activa. En la encuesta, el 73,3% señala los fondos indexados entre los vehículos que prevé utilizar durante los próximos doce meses.
Son magnitudes distintas: el 73,3% corresponde a preferencias futuras en una pregunta de respuesta múltiple; el 67% refleja el reparto efectivo de entradas netas. Ambas apuntan a la importancia de la indexación entre los clientes de la entidad.
Más del 80% de los menores de 44 años contempla utilizar fondos indexados para alcanzar sus objetivos. Sin embargo, sería precipitado interpretar estos resultados como una desaparición de la gestión activa: aproximadamente un tercio de las suscripciones netas se dirige a ella.
¿Estamos asistiendo a la consolidación de carteras con fondos indexados como núcleo y gestión activa como complemento? Es una hipótesis interesante, pero el informe no permite confirmarla: no sabemos cómo combina cada cliente sus inversiones.
La renta variable global y los monetarios concentran buena parte de las entradas
La distribución de los flujos por categorías también merece atención. Estas fueron las cinco categorías con mayores suscripciones netas:

La renta variable global de gran capitalización concentra cerca del 40% de las suscripciones netas a fondos; los monetarios en euros, aproximadamente el 15%. La combinación resulta interesante: conviven activos orientados al crecimiento y vehículos de elevada liquidez y reducida volatilidad.
Esto podría reflejar una separación entre patrimonio destinado a objetivos de largo plazo y dinero que se desea conservar disponible. Pero los datos agregados no permiten asegurar que ambas preferencias correspondan a los mismos inversores.
La convivencia entre activos de crecimiento y activos conservadores no es necesariamente una contradicción. Puede responder a necesidades financieras distintas.
Lo importante no es que una cartera tenga renta variable y monetarios, sino que las proporciones respondan al horizonte temporal, la capacidad de asumir pérdidas y las necesidades de liquidez de su propietario.
¿Y qué sucede con la renta fija?
Los fondos de renta fija captaron algo más de 19 millones de euros netos durante el trimestre, aproximadamente el 3% de las suscripciones totales a fondos. Dentro de este segmento, la deuda corporativa concentró el 82% de las entradas netas, mientras que el 83% se dirigió a deuda con grado de inversión.
El informe también identifica demanda de fondos con vencimientos muy cortos y cupones flotantes. En renta fija, la rentabilidad esperada no puede analizarse al margen de la duración, la calidad crediticia y la remuneración recibida por asumir esos riesgos.
Un fondo de bonos no es necesariamente conservador por invertir en renta fija. La elección entre monetarios, bonos de corta duración, deuda corporativa y bonos largos debe responder a una evaluación de rentabilidad potencial y riesgos, no solo a las previsiones sobre los bancos centrales.
Que muchos inversores compren un determinado activo no demuestra que sea una buena inversión.
4. ¿Disciplina inversora o exceso de confianza?
Encontramos dos interpretaciones posibles. La primera es favorable: los inversores estarían incorporando diversificación, inversión periódica, horizontes amplios y menor dependencia de las previsiones económicas.
El 77,4% de los encuestados, al planteársele cómo invertir en el potencial bursátil de la inteligencia artificial, prefiere diversificar por geografías y capitalizaciones antes que concentrarse en las grandes tecnológicas. Solo el 7,6% apostaría decididamente por estas últimas. Además, el 36% declara invertir con un horizonte superior a diez años; entre los menores de 25 años supera el 50%.
Pero hay otra interpretación. Después de periodos favorables, los inversores pueden acostumbrarse a considerar las caídas como oportunidades transitorias y confiar en recuperaciones rápidas. Esa confianza puede ser razonable con un horizonte largo y una cartera adecuada, pero peligrosa si conduce a infravalorar el riesgo.
Hay una diferencia entre aceptar la volatilidad porque forma parte de una estrategia diseñada de antemano y aceptarla porque se confía en que las bolsas se recuperarán antes de necesitar el dinero. La primera actitud responde a planificación; la segunda puede esconder una apuesta implícita.
El barómetro no permite determinar cuál predomina. Tampoco conocemos las rentabilidades obtenidas, las pérdidas máximas soportadas ni la experiencia durante crisis anteriores. Sería un error concluir que estamos ante inversores necesariamente más preparados que los de generaciones precedentes.
5. La jubilación: cuando la confianza no equivale a preparación
Invertir no constituye un fin en sí mismo. Para muchas personas, uno de sus objetivos principales es disponer de recursos suficientes cuando termine su vida laboral.
El 52% de los encuestados considera que va bien encaminado para afrontar su jubilación. Un 38,5% reconoce que va tarde o todavía no se lo ha planteado suficientemente, mientras que alrededor del 9% cree que no conseguirá alcanzar ese objetivo.
Entre los 45 y 54 años, únicamente el 39,8% considera que va por buen camino. En esta etapa, la jubilación comienza a percibirse como relativamente cercana y el margen para corregir insuficiencias de ahorro se reduce.
Pero sentirse preparado y estarlo realmente son cosas diferentes. La suficiencia financiera depende del patrimonio, las pensiones esperadas, los gastos futuros, la vivienda, la situación familiar, la capacidad de ahorro y el horizonte de vida, entre otros factores que la encuesta no evalúa.
La planificación de la jubilación debería comenzar estimando cuánto necesitaremos, qué ingresos previsiblemente tendremos y qué margen de seguridad existe entre ambas magnitudes. Esa evaluación resulta más útil que una sensación general de optimismo o preocupación.
6. Lo que dicen, lo que hacen y lo que todavía no sabemos
El Barómetro MyInvestor permite confrontar tres dimensiones que conviene mantener separadas:
Los inversores muestran pesimismo sobre la economía mundial, esperan volatilidad y consideran importantes los riesgos geopolíticos, la inflación y los tipos de interés. Al mismo tiempo, confían moderadamente en su patrimonio y manifiestan disposición a seguir invirtiendo.
Los datos internos muestran aportaciones periódicas significativas, preferencia por fondos indexados y suscripciones netas concentradas principalmente en renta variable global y monetarios. La incertidumbre no ha impedido que continúe entrando dinero a través de esta entidad.
No sabemos si mantendrán esa disciplina durante una crisis prolongada, si sus carteras están adecuadamente diversificadas, si pueden soportar pérdidas o si su preparación para la jubilación es suficiente. Tampoco si las decisiones actuales seguirán pareciéndoles razonables cuando cambien las circunstancias.
Las opiniones, las intenciones y los comportamientos no son lo mismo. El barómetro combina estas dimensiones, pero no permite relacionarlas individualmente. Sabemos que muchos encuestados esperan volatilidad y que los clientes realizaron aportaciones periódicas; no podemos demostrar que quienes más temen la volatilidad sean precisamente quienes más invierten.
Para establecer esa relación necesitaríamos datos individuales que vinculasen las respuestas con los movimientos de inversión. Esta precisión evita extraer conclusiones que los datos no justifican.
7. Qué podemos aprender y qué no nos dice el barómetro
La primera limitación es el universo de estudio: aproximadamente 2.500 clientes seleccionados para reflejar la diversidad de perfiles de MyInvestor, no del conjunto de los inversores españoles. Los usuarios de una plataforma digital pueden diferir de los clientes de la banca tradicional.
La segunda es temporal: se trata de la primera edición de un barómetro trimestral. Todavía no hay serie histórica para distinguir tendencias persistentes de resultados coyunturales. Será interesante observar qué ocurre con el sentimiento y las aportaciones durante fases bursátiles adversas.
La tercera afecta a los flujos: las suscripciones netas muestran hacia dónde se dirige el dinero nuevo, descontados los reembolsos, pero no la composición del patrimonio total ni las motivaciones individuales. El informe tampoco facilita suficiente detalle estadístico para evaluar exhaustivamente la precisión de sus estimaciones.
Estas limitaciones no invalidan los resultados. Recuerdan que un barómetro de sentimiento sirve para comprender percepciones y comportamientos, no para anticipar con fiabilidad los mercados.
La cuestión de fondo
Durante décadas, buena parte de la conversación sobre inversión ha girado alrededor de una pregunta: ¿qué harán los mercados? Para un particular suele ser más útil otra: ¿qué debo hacer yo cuando los mercados se comporten de una manera que no esperaba?
La primera empuja hacia previsiones económicas y pronósticos bursátiles. La segunda obliga a examinar la situación financiera, el horizonte temporal, la cartera y la capacidad para asumir pérdidas. Una estrategia no debería depender de acertar sistemáticamente con previsiones inciertas.
El barómetro muestra que numerosos clientes siguen invirtiendo pese a contemplar un escenario complicado. Puede ser una señal de disciplina, pero solo si sus decisiones responden a una planificación adecuada y pueden mantenerse cuando lleguen dificultades.
Conclusión: el verdadero examen todavía está por llegar
El Barómetro MyInvestor de octubre de 2026 dibuja unos inversores moderadamente optimistas, preocupados por la economía, conscientes de la incertidumbre y, sin embargo, dispuestos a seguir poniendo su dinero a trabajar.
Los datos de aportaciones y suscripciones aportan consistencia a esa imagen. También muestran el peso de la indexación, la preferencia por la renta variable global y la presencia relevante de monetarios. Pero sería prematuro concluir que estamos ante inversores definitivamente más disciplinados o preparados.
La verdadera prueba no consiste en declarar que mantendremos nuestras inversiones cuando esperamos volatilidad, sino en hacerlo cuando las pérdidas son importantes, las noticias empeoran y la recuperación parece lejana. Y, sobre todo, en haber construido previamente una cartera que permita actuar así sin comprometer nuestras necesidades financieras.
Las próximas ediciones permitirán comprobar hasta qué punto las expectativas se traducen en comportamientos persistentes.
No necesitamos confiar en que el futuro será favorable para invertir razonablemente. Necesitamos una estrategia que siga teniendo sentido cuando el futuro no se comporte como esperábamos.
Fuentes y documentación
Fuente principal: Barómetro MyInvestor. Encuesta de sentimiento inversor. Octubre de 2026. Primera edición, basada en aproximadamente 2.500 respuestas y datos internos del tercer trimestre de 2026.
Los datos numéricos proceden del informe. Las interpretaciones, valoraciones críticas y conclusiones prácticas son elaboración propia de InverAhorro y no deben atribuirse a MyInvestor.
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