Ir al contenido principal

Aviso: Los contenidos de este blog tienen una finalidad exclusivamente reflexiva, divulgativa y formativa, orientada a facilitar la comprensión del ahorro, la inversión y las finanzas personales. Las opiniones, análisis y contenidos publicados no constituyen asesoramiento financiero ni recomendaciones personalizadas de inversión. Cada inversor debe adoptar sus decisiones teniendo en cuenta sus propias circunstancias, necesidades y objetivos, siendo consciente de que toda inversión implica riesgos y valorando, cuando resulte conveniente, la posibilidad de acudir a un asesor financiero o patrimonial debidamente cualificado y acreditado.

En Portada

Qué leer para aprender a invertir: un itinerario para el inversor particular

Si alguien quisiera aprender a invertir y nos preguntara qué debería leer, sería fácil darle una lista de diez o veinte buenos libros. Lo difícil es decirle por cuál empezar. Porque no todos enseñan lo mismo ni deberían leerse necesariamente en el mismo momento. Bogle puede ayudarnos a comprender por qué la sencillez funciona; Bernstein, por qué una cartera es algo más que una colección de inversiones; Housel, por qué podemos acabar estropeando una estrategia perfectamente razonable; Marks, qué significa realmente asumir riesgo; y Haghani y White plantean una pregunta que probablemente solo tiene sentido después de haber entendido buena parte de lo anterior:  cuánto deberíamos arriesgar . De ahí nace esta selección. No pretende reunir  los mejores libros de inversión , establecer un ranking ni construir una biblioteca exhaustiva. Es una propuesta mucho más práctica:  un posible camino de lectura para quien quiera adquirir progresivamente una cultura inversora sólida . Tam...

Qué leer para aprender a invertir: un itinerario para el inversor particular


Si alguien quisiera aprender a invertir y nos preguntara qué debería leer, sería fácil darle una lista de diez o veinte buenos libros. Lo difícil es decirle por cuál empezar.

Porque no todos enseñan lo mismo ni deberían leerse necesariamente en el mismo momento.

Bogle puede ayudarnos a comprender por qué la sencillez funciona; Bernstein, por qué una cartera es algo más que una colección de inversiones; Housel, por qué podemos acabar estropeando una estrategia perfectamente razonable; Marks, qué significa realmente asumir riesgo; y Haghani y White plantean una pregunta que probablemente solo tiene sentido después de haber entendido buena parte de lo anterior: cuánto deberíamos arriesgar.

De ahí nace esta selección.

No pretende reunir los mejores libros de inversión, establecer un ranking ni construir una biblioteca exhaustiva. Es una propuesta mucho más práctica: un posible camino de lectura para quien quiera adquirir progresivamente una cultura inversora sólida.

Tampoco hace falta leerlos todos antes de invertir. En realidad, uno de los aprendizajes que encontraremos en estas páginas es que una estrategia sencilla puede ponerse en práctica sin poseer grandes conocimientos financieros.

Pero entender por qué hacemos algo ayuda mucho a seguir haciéndolo cuando llegan las dificultades.

Y en inversión, tarde o temprano, llegan.


Primera etapa. Comprender qué significa invertir

John C. Bogle — 

El pequeño libro para invertir con sentido común

Si hubiera que recomendar un solo libro para empezar, probablemente elegiría este.

John C. Bogle, fundador de Vanguard y uno de los grandes impulsores de la inversión indexada, desarrolla una idea extraordinariamente sencilla: el conjunto de los inversores posee el mercado y, antes de costes, obtiene necesariamente la rentabilidad del mercado. Después de costes, obtiene menos.

La consecuencia es poderosa. Si resulta extraordinariamente difícil identificar de antemano quién será capaz de superar consistentemente al mercado, una alternativa razonable consiste en poseerlo ampliamente diversificado y hacerlo con costes muy bajos.

Pero reducir a Bogle a «comprar fondos indexados» sería quedarse en la superficie.

Su verdadera enseñanza tiene más que ver con una filosofía de inversión: diversificar, controlar aquello que podemos controlar —especialmente los costes—, evitar la actividad innecesaria y conceder al tiempo la oportunidad de hacer su trabajo.

Para quien empieza, proporciona algo más importante que una lista de productos:

Un punto de partida.

Burton G. Malkiel — 

Un paseo aleatorio por Wall Street

Después de Bogle surge una pregunta bastante natural.

¿Por qué debería conformarme con el mercado? ¿No podría hacerlo mejor seleccionando las acciones adecuadas, encontrando al mejor gestor o anticipando los movimientos de la bolsa?

Burton Malkiel lleva décadas examinando esas preguntas.

Un paseo aleatorio por Wall Street permite introducirse, sin necesidad de grandes conocimientos previos, en cuestiones como la eficiencia de los mercados, el análisis fundamental y técnico, las burbujas especulativas, la diversificación o la dificultad de obtener persistentemente rentabilidades superiores.

Malkiel no sostiene que los mercados sean perfectos ni que los precios sean siempre correctos. Su mensaje es más incómodo: detectar una ineficiencia después de que haya ocurrido es mucho más sencillo que aprovecharla sistemáticamente antes que los demás.

Bogle nos ofrece una filosofía.

Malkiel ayuda a comprender por qué tiene sentido.

Al terminar estas dos primeras lecturas, el inversor debería haber adquirido ya una defensa bastante útil frente a una de las grandes tentaciones de los mercados: creer que invertir consiste fundamentalmente en descubrir qué va a subir a continuación.


Segunda etapa. Comprender cómo se construye una cartera

William J. Bernstein — 

Los cuatro pilares de la inversión

Aquí subimos un escalón.

Bernstein parte de una convicción interesante: para invertir razonablemente bien necesitamos conocimientos procedentes de disciplinas diferentes.

Los cuatro pilares a los que alude el título son teoría de la inversión, historia financiera, psicología y funcionamiento de la industria de inversión.

Esta combinación convierte el libro en algo bastante más rico que un manual de construcción de carteras.

Podemos conocer la relación histórica entre riesgo y rentabilidad, pero si desconocemos cómo se han comportado los inversores durante las grandes burbujas y crisis quizá terminemos repitiendo sus errores.

Podemos entender la diversificación, pero si ignoramos los incentivos comerciales de la industria financiera podemos acabar pagando innecesariamente por productos que no necesitamos.

Y podemos construir una cartera teóricamente impecable que resulte completamente inadecuada para nuestra capacidad de soportar pérdidas.

Bernstein introduce así una idea que merece acompañarnos durante todo el itinerario:

Invertir no es solamente elegir inversiones. Es construir un sistema que podamos mantener.

Para quien quiera profundizar posteriormente en asignación de activos existen textos más especializados, pero Los cuatro pilares de la inversión ofrece una base suficientemente amplia para comenzar.


Tercera etapa. Descubrir que nosotros también somos un riesgo para nuestra cartera

Morgan Housel — 

La psicología del dinero

Llegados aquí podríamos pensar que el problema está razonablemente resuelto.

Sabemos que conviene diversificar. Entendemos la importancia de los costes. Tenemos alguna noción sobre asignación de activos y sabemos que perseguir continuamente al ganador probablemente no sea una gran estrategia.

¿Por qué seguimos tomando malas decisiones?

Porque conocer lo que deberíamos hacer y ser capaces de hacerlo son dos cosas distintas.

Ese es el terreno de Morgan Housel.

La psicología del dinero apenas necesita matemáticas. Habla de paciencia, ahorro, riqueza, suerte, riesgo, expectativas, interés compuesto y libertad. Pero, sobre todo, habla de personas.

Una de sus grandes virtudes es explicar por qué dos individuos inteligentes pueden tomar decisiones financieras completamente diferentes sin que necesariamente uno de ellos sea irracional. Nuestra relación con el dinero está condicionada por nuestras experiencias, circunstancias, miedos y expectativas.

Esto tiene una consecuencia práctica.

La mejor cartera no es necesariamente la que ofrece la mayor rentabilidad esperada en una hoja de cálculo.

También tiene que ser una cartera con la que podamos convivir.

Porque una estrategia algo menos rentable que somos capaces de mantener durante veinte años puede resultar mucho mejor que otra teóricamente superior que abandonamos después de la primera caída importante.


Cuarta etapa. Aprender a no equivocarnos demasiado

Aquí propondría dos libros que se complementan especialmente bien.

Charles D. Ellis — 

Ganar jugando a no perder

El título parte de una analogía con el tenis.

En el tenis profesional, los puntos suelen ganarse mediante jugadas extraordinarias. En el tenis aficionado ocurre con frecuencia lo contrario: el partido lo pierde quien acumula más errores.

Ellis sostiene que algo parecido ha sucedido con la inversión institucional.

En mercados dominados por profesionales altamente preparados, con acceso inmediato a información y tecnología, intentar obtener una ventaja persistente sobre los demás resulta extremadamente difícil.

Por eso cambia la pregunta.

En lugar de:

«¿Cómo puedo ganar al mercado?»

podemos preguntarnos:

«¿Cómo puedo evitar perder por mis propios errores?»

Costes excesivos, rotación innecesaria, persecución de rentabilidades pasadas, cambios de estrategia, mala diversificación o decisiones emocionales pueden importar mucho más que encontrar ocasionalmente una inversión extraordinaria.

No es una filosofía espectacular.

Precisamente ahí reside parte de su valor.

Barry Ritholtz — 

Cómo no invertir

Ritholtz aborda un problema parecido desde un ángulo más contemporáneo.

En vez de construir otra receta para obtener grandes rentabilidades, se concentra en las maneras en que los inversores perjudicamos nuestro propio patrimonio.

Predicciones, narrativas convincentes, exceso de confianza, sesgos, modas, mala interpretación de los datos o necesidad constante de actuar pueden acabar teniendo consecuencias mucho mayores de las que imaginamos.

Hay una enseñanza común en Ellis y Ritholtz que merece ser interiorizada:

Para obtener un buen resultado financiero no siempre necesitamos hacer cosas extraordinarias. Evitar unas pocas decisiones realmente malas puede ser mucho más importante.

Esta idea nos prepara para el siguiente paso.


Quinta etapa. Entender qué significa realmente el riesgo

Howard Marks — 

Lo más importante para invertir con sentido común

Marks exige algo más al lector.

No porque su libro sea especialmente técnico, sino porque las preguntas empiezan a ser menos cómodas.

¿Qué es el riesgo?

¿Es simplemente que el precio de una inversión fluctúe mucho?

¿Una buena empresa es siempre una buena inversión?

¿Puede una inversión aparentemente segura convertirse en peligrosa porque hemos pagado demasiado por ella?

¿Qué ocurre cuando todos los inversores comparten el mismo optimismo?

Marks introduce conceptos como los ciclos, el precio, el riesgo, la incertidumbre y el pensamiento de segundo nivel.

Este último resulta especialmente interesante.

El pensamiento de primer nivel puede decir:

Esta es una gran empresa. Voy a comprarla.

El de segundo nivel obliga a seguir preguntando:

Es una gran empresa, pero ¿lo saben ya todos los demás? ¿Qué expectativas incorpora su precio? ¿Qué tendría que ocurrir para que esta inversión resulte mejor de lo que el mercado espera?

Marks nos recuerda así que en inversión tener razón sobre una empresa o sobre la economía no garantiza tener razón sobre una inversión.

Precio, expectativas y riesgo también importan.

Y aparece otra enseñanza que conviene retener: el riesgo es mucho más fácil de reconocer después de que se haya materializado que cuando se está acumulando.


Sexta etapa. La pregunta que solemos hacer demasiado tarde: ¿cuánto arriesgar?

Victor Haghani y James White — 

The Missing Billionaires

Después de muchos libros preguntándonos dónde invertir, Haghani y White desplazan el problema hacia otro lugar:

¿Cuánto deberíamos invertir o arriesgar en una determinada oportunidad?

La diferencia puede parecer pequeña. No lo es.

Podemos encontrar una inversión con expectativas favorables y, aun así, tomar una decisión desastrosa si apostamos demasiado.

The Missing Billionaires parte de una paradoja histórica: si durante generaciones han existido familias extraordinariamente ricas y los activos financieros han producido grandes rentabilidades a largo plazo, ¿por qué no encontramos hoy muchos más descendientes de aquellas familias entre las mayores fortunas?

La respuesta conduce hacia la gestión del riesgo, el tamaño de las posiciones, el consumo, la utilidad de la riqueza y el carácter multiplicativo de las pérdidas.

Aquí aparece una idea que el inversor debería haber ido descubriendo durante las lecturas anteriores:

Sobrevivir importa.

Una pérdida del 50% necesita posteriormente una ganancia del 100% simplemente para volver al punto de partida.

Por eso no basta con preguntarnos cuánto podemos ganar. Debemos pensar también qué ocurriría si estamos equivocados.

Haghani y White llevan esta reflexión bastante más lejos y utilizan herramientas matemáticas que pueden exigir mayor esfuerzo. Precisamente por eso no lo situaría al comienzo de nuestro recorrido.

Se aprovecha mucho mejor después de haber pensado previamente sobre diversificación, comportamiento y riesgo.


Séptima etapa. Aprender a convivir con aquello que no podemos conocer

Nassim Nicholas Taleb — 

El Cisne Negro

Nassim Nicholas Taleb — 

Antifrágil

Taleb tampoco es una lectura introductoria sobre inversión. Ni siquiera estamos propiamente ante dos manuales financieros.

Y, sin embargo, creo que deberían formar parte de una educación inversora avanzada.

El Cisne Negro nos enfrenta a acontecimientos muy improbables según nuestros modelos pero capaces de producir consecuencias enormes. También cuestiona nuestra tendencia a construir explicaciones convincentes después de que los hechos hayan ocurrido.

Esto resulta particularmente saludable en los mercados.

Una crisis financiera parece inexplicable hasta que sucede. Después aparecen centenares de explicaciones sobre por qué era inevitable.

Taleb nos obliga a reconocer los límites de lo que sabemos y, especialmente, de aquello que creemos poder predecir.

Antifrágil lleva la reflexión un paso más allá.

Hay sistemas que simplemente resisten los golpes. Otros pueden incluso beneficiarse del desorden y la incertidumbre.

No es necesario aceptar todas las tesis de Taleb para aprovechar sus libros. Su principal aportación a esta biblioteca quizá sea introducir una dosis de escepticismo frente a la precisión aparente de los modelos y recordarnos que el futuro contiene acontecimientos que nuestros cálculos pueden no haber contemplado.

Después de varios libros aprendiendo a tomar mejores decisiones, Taleb nos recuerda algo incómodo:

Siempre habrá cosas que no podremos saber.


¿Y Benjamin Graham?

El inversor inteligente

Una biblioteca sobre inversión que no mencionara a Benjamin Graham resultaría difícil de justificar.

El inversor inteligente es uno de los libros fundamentales de la historia de la inversión y su influencia sobre Warren Buffett y varias generaciones de inversores ha sido enorme.

Conceptos como el margen de seguridad, la diferencia entre inversión y especulación o la célebre alegoría de Mr. Market siguen siendo extraordinariamente valiosos.

Pero aquí haría una distinción.

Que un libro sea fundamental no significa necesariamente que sea el mejor libro para empezar.

Graham escribió en un mercado, una industria financiera y un contexto regulatorio muy diferentes de los actuales. Algunas herramientas, referencias y oportunidades de inversión que analiza pertenecen claramente a aquella época.

Por eso no colocaría El inversor inteligente como primera lectura para alguien que comienza hoy, pese a su enorme importancia histórica.

Lo leería más adelante.

Con cierta formación previa resulta más fácil separar aquello que pertenece al contexto de su época de los principios que siguen conservando plena vigencia.


Una posible ruta de lectura

Si hubiera que convertir todo lo anterior en un itinerario concreto, propondría este:

1. John C. Bogle — El pequeño libro para invertir con sentido común
Para construir una filosofía sencilla.

2. Burton G. Malkiel — Un paseo aleatorio por Wall Street
Para comprender los mercados y la dificultad de superarlos consistentemente.

3. William J. Bernstein — Los cuatro pilares de la inversión
Para empezar a pensar en términos de cartera.

4. Morgan Housel — La psicología del dinero
Para descubrir la importancia del comportamiento.

5. Charles D. Ellis — Ganar jugando a no perder
Para comprender por qué evitar errores puede ser una ventaja.

6. Barry Ritholtz — Cómo no invertir
Para reconocer muchos de esos errores en la práctica.

7. Howard Marks — Lo más importante para invertir con sentido común
Para profundizar en riesgo, precio, ciclos e incertidumbre.

8. Victor Haghani y James White — The Missing Billionaires
Para introducir el tamaño de las decisiones y la gestión integral del patrimonio.

9. Nassim Nicholas Taleb — El Cisne Negro
Para entender los límites de nuestra capacidad de predicción.

10. Nassim Nicholas Taleb — Antifrágil
Para profundizar en nuestra relación con la incertidumbre.

Y dejaría Benjamin Graham y El inversor inteligente como una lectura clásica paralela, preferiblemente cuando ya dispongamos de cierta base.

No hay, naturalmente, ninguna necesidad de respetar este orden de manera rígida. Un lector puede sentirse especialmente atraído por la psicología y empezar por Housel; otro puede disfrutar desde el principio con Marks.

El itinerario pretende mostrar una progresión de ideas, no establecer un programa académico.


Lo que estos libros tienen en común

Resulta curioso observar qué ocurre cuando contemplamos conjuntamente libros escritos por autores tan diferentes.

Bogle defiende la sencillez.

Malkiel nos advierte de la dificultad de superar al mercado.

Bernstein incorpora historia y psicología.

Housel se concentra en nuestro comportamiento.

Ellis y Ritholtz nos enseñan a evitar errores.

Marks profundiza en el riesgo.

Haghani y White preguntan cuánto deberíamos arriesgar.

Taleb termina cuestionando nuestra capacidad para conocer el futuro.

Parecen asuntos distintos, pero poco a poco convergen.

Ninguno puede decirnos qué rentabilidad obtendremos durante los próximos veinte años.

Ninguno sabe cuándo llegará la próxima crisis.

Ninguno puede identificar hoy las empresas que dominarán la economía dentro de tres décadas.

Y probablemente sea una buena señal.

Porque aprender a invertir no consiste en aprender a predecir.

Consiste en comprender algunos principios suficientemente sólidos como para tomar decisiones razonables sin necesitar conocer el futuro.

Diversificar.

Controlar los costes.

No asumir riesgos que no podamos soportar.

Conocer nuestras limitaciones.

Evitar decisiones irreversibles.

Desconfiar de nuestra capacidad predictiva.

Mantener una estrategia durante suficiente tiempo.

Y saber que nuestro comportamiento puede terminar siendo tan importante como los activos que elegimos.


Una biblioteca que nunca estará terminada

Esta selección refleja inevitablemente preferencias personales. Otros lectores echarán de menos libros y autores que perfectamente podrían formar parte de ella.

No pretende ser un canon.

Tampoco creo que exista uno.

Hay magníficos libros sobre valoración, análisis de empresas, historia financiera, gestión activa, asignación de activos, economía o finanzas personales que no aparecen aquí.

He preferido otra cosa: pocos libros que, leídos en conjunto, permitan construir una manera de pensar sobre la inversión.

Con el tiempo seguramente incorporaremos otros.

Algunos merecerán una reseña. Otros servirán de punto de partida para un artículo. Y unos pocos quizá justifiquen una serie completa.

Pero tampoco deberíamos convertir la lectura financiera en otra forma de actividad compulsiva.

No necesitamos leer cien libros antes de empezar a invertir.

De hecho, después de leer muchos de ellos puede ocurrir algo bastante paradójico: terminemos haciendo menos cosas, no más.

Una cartera sencilla, ampliamente diversificada, con costes razonables, adecuada a nuestros objetivos y al riesgo que podemos soportar puede parecer intelectualmente poco emocionante.

Mantenerla durante décadas puede resultar bastante más difícil.

Quizá por eso merece la pena leer.

No para encontrar continuamente nuevas inversiones.

Sino para comprender mejor por qué invertimos como invertimos y ser capaces de mantener el rumbo cuando inevitablemente aparezcan razones para dudar.

Apéndice. Una mirada española: cinco libros para seguir aprendiendo

La mayor parte de los libros que hemos seleccionado procede del mundo anglosajón y, especialmente, de Estados Unidos. No resulta extraño: allí se desarrolló buena parte de la industria moderna de gestión de activos y existe una tradición extraordinariamente rica de literatura y divulgación financiera.

Pero un inversor español puede encontrar también entre nuestros autores algunas obras que merece la pena incorporar a su biblioteca.

No porque los principios fundamentales de la inversión cambien al cruzar el Atlántico. Diversificación, costes, riesgo, paciencia o comportamiento siguen siendo los mismos. Su interés está, sobre todo, en acercarnos esos problemas desde experiencias, productos y una cultura financiera más próximos a nuestra realidad.

Tampoco pretendemos ofrecer una relación exhaustiva de autores españoles. Hemos preferido mantener el mismo criterio utilizado en el resto del artículo: pocos libros, pero con una aportación suficientemente diferenciada.

Francisco García Paramés — 

Invirtiendo a largo plazo

Probablemente sea el libro español que con mayor claridad incorporaría a una biblioteca de formación inversora.

García Paramés combina en él su experiencia profesional como gestor con una exposición de las ideas que han ido configurando su filosofía de inversión. Aparecen la inversión en valor, la valoración de empresas, la paciencia, la independencia de criterio y la importancia de comprender aquello en lo que se invierte.

Pero quizá resulte especialmente interesante leerlo después de Bogle y Malkiel.

Estos últimos proporcionan algunos de los argumentos más sólidos a favor de la indexación y explican las enormes dificultades que entraña superar persistentemente al mercado. Paramés representa una perspectiva diferente: la de un gestor convencido de que determinadas ineficiencias pueden ser aprovechadas por quien tenga capacidad para valorar empresas, horizonte suficientemente largo e independencia frente al comportamiento de la mayoría.

No es necesario decidir que uno tiene razón y los otros están equivocados.

Precisamente una buena educación financiera debería permitirnos comprender argumentos diferentes antes de formar nuestro propio criterio.

El pequeño inversor tampoco necesita convertirse en analista de empresas para aprovechar la lectura. Algunas de las enseñanzas más transferibles tienen poco que ver con calcular el valor de una acción y mucho con la paciencia, el estudio, la disciplina y la necesidad de saber por qué poseemos una determinada inversión.

David Núñez Longueira y Santiago Casal Pereira — 

La guerra financiera asimétrica

El punto de partida de este libro resulta especialmente apropiado para un inversor particular.

El pequeño ahorrador participa en un sistema financiero en el que compite —directa o indirectamente— con bancos, gestoras, inversores institucionales, profesionales, algoritmos y organizaciones que disponen de muchos más medios, información y conocimientos que él.

Intentar vencerlos jugando a su mismo juego probablemente no sea una gran estrategia.

De ahí la idea de una guerra financiera asimétrica: aprovechar precisamente aquellas ventajas que sí están al alcance del pequeño inversor.

No necesitamos reaccionar antes que los demás ante una noticia. Tampoco realizar centenares de operaciones, disponer del mejor equipo de analistas ni intentar anticipar continuamente el próximo movimiento del mercado.

Podemos utilizar otras armas: tiempo, diversificación, costes reducidos, aportaciones periódicas, paciencia y disciplina.

Encontramos aquí una clara conexión con algunas de las enseñanzas de Bogle y Ellis. En lugar de intentar ganar haciendo más cosas que los demás, quizá nuestra ventaja consista precisamente en hacer menos y conceder al largo plazo la oportunidad de trabajar a nuestro favor.

Es también una lectura especialmente útil para cuestionar la idea de que una mayor sofisticación financiera conduce necesariamente a mejores resultados.

A veces ocurre justamente lo contrario.

Una alternativa a este libro, centrada igualmente en fondos indexados, es la Guía Bogleheads España.

Luis Ángel Hernández — 

De cero a inversor en fondos

Los libros anteriores nos han hablado de mercados, diversificación, riesgo, comportamiento y filosofía de inversión.

Pero tarde o temprano el inversor español se encuentra con una cuestión mucho más concreta:

¿Qué es exactamente un fondo de inversión y cómo podemos saber lo que estamos contratando?

Ahí situaría la principal aportación del libro de Luis Ángel Hernández.

Comprender una estrategia es una cosa. Entender el vehículo mediante el que vamos a aplicarla es otra.

Un inversor debería saber interpretar las principales características de un fondo, comprender qué hace realmente el gestor, conocer sus costes, valorar sus resultados con cierta perspectiva y evitar confundir una buena rentabilidad reciente con la demostración de que estamos ante una buena inversión.

Esta formación resulta particularmente relevante en España, donde los fondos constituyen uno de los principales instrumentos disponibles para canalizar el ahorro hacia la inversión y cuentan, además, con particularidades fiscales importantes.

No colocaría este libro en la misma categoría intelectual que Marks, Taleb o Haghani y White. Su función es diferente y mucho más práctica.

Precisamente por eso tiene sentido incluirlo.

Una educación financiera completa necesita grandes ideas, pero también debe ayudarnos a entender los productos que encontramos cuando entramos en nuestro banco, nuestra comercializadora o nuestra plataforma de inversión.

Del mismo autor tenemos "De cero a inversor en ETFs", un completo manual sobre este eficiente  y barato instrumento de inversión colectiva. El libro no da nada por sabido. Comienza con una introducción sobre conceptos básicos y termina con Carteras modelo, Errores comunes y una completa bibliografía para los más inquietos. Y la página del autor en Substack, Salud financiera, una lectura más que saludable para quien quiera seguir profundizando y aprendiendo cómo invertir a través de fondos.

Alejandro Estebaranz — 

El arte de invertir

Este último libro lo reservaría para quien quiera avanzar hacia un terreno más específico: la inversión directa en empresas.

Hasta aquí hemos insistido repetidamente en la diversificación y hemos explicado por qué para muchos inversores particulares la inversión indexada constituye una solución extraordinariamente difícil de superar.

Eso no significa que debamos ignorar cómo funciona la otra gran aproximación.

Seleccionar acciones exige analizar empresas, comprender sus negocios, estudiar sus ventajas competitivas, examinar sus cuentas, valorar sus perspectivas y, finalmente, determinar si el precio al que podemos comprarlas ofrece una relación suficientemente atractiva entre rentabilidad esperada y riesgo.

Estebaranz acerca al lector a esta forma de invertir.

No lo consideraría un libro imprescindible para quien simplemente quiera construir y mantener una cartera diversificada de fondos. Tampoco lo utilizaría como primera lectura para alguien que empieza.

Pero puede resultar interesante para el lector que, después de adquirir una base suficientemente sólida, quiera comprender qué hay detrás del análisis fundamental y de la selección de compañías.

Incluso aunque finalmente decida no invertir nunca en acciones individuales.

Entender cómo se analiza una empresa puede ayudarnos también a comprender mejor qué significa ser propietario de una acción y qué hay realmente detrás de las cotizaciones que vemos moverse todos los días.

Unai Ansejo y Carlota Corral —

Menos costes, más rentabilidad: Mi camino hacia la gestión indexada.

"Menos costes, más rentabilidad" es el resultado de años de experiencia y dedicación en el ámbito de la gestión de activos y la formación académica. Este libro ha sido cuidadosamente desarrollado a lo largo del tiempo, fusionando conocimientos teóricos y prácticos para ofrecer una guía completa y accesible sobre inversión.

Este libro es ideal para inversores y ahorradores que buscan una manera de gestionar su dinero sostenible, práctica y académicamente validada. También encontrarás la evolución personal del Unai como inversor, ofreciendo una perspectiva única y valiosa.

Sobre Unai

Unai es cofundador y co consejero delegado de Indexa Capital. Antes de Indexa, ha tenido más de diez años de experiencia como inversor institucional en la gestión de planes de pensiones (Itzarri EPSV) y de grandes patrimonios (Consulnor Gestión). Anteriormente fue analista para el front office de BBVA en Accenture.

También tiene una amplia formación académica financiera: es Licenciado en Ciencias Físicas y Doctor en Economía (cum-laude) por la Universidad del País Vasco con premio extraordinario de doctorado CFA Charter Holder y Profesor del Máster interuniversitario en Banca y Finanzas Cuantitativas.

Sobre Carlota

Carlota comenzó en Indexa en 2021 como desarrolladora full stack y gestora dentro del equipo de tecnología, y en enero de 2023 pasó a ser la directora de inversiones. Anteriormente, fue analista de datos en Bestinver (2015-2021). Es miembro del comité de dirección de Ellevate Network en Madrid.

Carlota es Ingeniera Superior Eléctrica por la Universidad Pontificia de Comillas ICADE-ICAI (Madrid, 2009-2014) y tiene la certificación FRM (Financial Risk Manager) de la Global Association of Risk Professionals.

No tenemos que estar de acuerdo con todos

Hay una razón adicional para reunir estos cuatro libros.

No defienden exactamente la misma manera de invertir.

García Paramés y Alejandro Estebaranz nos acercan a la gestión activa y a la selección de empresas. Núñez Longueira y Casal Pereira se sitúan mucho más cerca de la filosofía indexada. Luis Ángel Hernández ocupa otro terreno y nos ayuda a comprender uno de los principales vehículos utilizados para materializar unas estrategias u otras.

Podría parecer una contradicción incluirlos juntos.

Creo que ocurre justamente lo contrario.

Una biblioteca financiera no debería servir para confirmar continuamente aquello que ya pensamos. Debería exponernos también a argumentos diferentes y obligarnos a preguntarnos por qué estamos de acuerdo con unos y discrepamos de otros.

Después de leer a Bogle puede ser saludable leer a Paramés.

Después de conocer los argumentos a favor de la gestión activa puede ser igualmente conveniente volver a Malkiel.

Y después de estudiar sofisticadas estrategias de inversión quizá descubramos que una cartera sencilla y diversificada sigue siendo suficiente para nosotros.

Adquirir educación financiera no consiste en aprender una doctrina. Consiste en desarrollar criterio.

Estos cuatro libros españoles pueden ayudarnos a hacerlo desde perspectivas diferentes y, sobre todo, desde una realidad algo más cercana a la nuestra.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Fondos monetarios: peor el remedio que la enfermedad

Descartados los depósitos a plazo y fondos de inversión garantizados (por sus elevadas comisiones, escasa o nula rentabilidad y ventanas de liquidez prefijadas), ¿hay algún tipo de fondo de inversión que pueda cumplir un papel semejante? A priori, los fondos monetarios* , pero resulta peor el remedio que la enfermedad. Basta con echar un vistazo a la magnífica página de Morningstar (tomen nota), y de un total de 112 fondos en € con acumulación de beneficios (no reparten dividendos), estos son los 10 más rentables  en 2020: Datos Morningstar 23 de febrero de 2020 Creo que sobran los comentarios. Para esto, mejor estarse quietos. Ni uno solo de ellos consigue rentabilidad positiva anualizada en los últimos cinco años.  * Fondo monetario : Fondo de inversión que invierte, principalmente, en activos con elevada liquidez y reducido riesgo (depósitos, letras y bonos a corto plazo). Tienen como objetivo mantener el capital invertido a corto plazo.

¿Cómo están aguantando los Fondos de Renta Variable el envite del coronavirus? (II)

Amplío la perspectiva temporal del post anterior. Y los datos parecen confirmase. Los Fondos que invierten en bolsa china y asiática, los que mejor aguantan el chaparrón del #coronavirus desde el pasado día 19 de febrero. Y los centrados en renta variable USA los que más sufren. Lógico, por otra parte, dado la tremenda subida de los últimos años. Recuerdo que los datos reflejan el comportamiento de fondos de inversión de cinco categorías Morningstar , ( @MorningstarES)  que invierten en distintos mercados (empresas de gran capitalización y estilo blend). Lo mismo, desde otra perspectiva: Si la caída hubiera tocado fondo, las pérdidas medias en estos tipos de fondos no habrían sido excesivamente abultadas. USA un 13-14% de caída y Global/Europa un 10%. El problema es que nadie conoce la fecha final de este #cisnenegro.

¿Cómo están aguantando los Fondos de Renta Variable el envite del coronavirus?

En pleno descalabro de las bolsas mundiales, me ha picado la curiosidad por ver qué categorías de Fondos de Inversión de Renta Variable están sufriendo más en los últimos cuatro días. Y he aquí el resultado: Antes de nada, una primera consideración: el gráfico sólo refleja la evolución de 4 días, los últimos de los que hay datos disponibles al redactar este post y, en consecuencia, no se pueden extraer conclusiones más allá de la mera anécdota; entre otras cosas no recoge datos de días anteriores, seguramente los que más azotaron las bolsas asiáticas. Y en segundo lugar, tener en cuenta que la cotización de las diferentes divisas también influye en la evolución. Hecha esta observación, decir que el resultado me ha sorprendido. Los fondos de renta variable USA han sido los más castigados y los que invierten en Asia los que mejor han aguantado el chaparrón. Especialmente los "chinos". ¿Aviso de que lo peor está pasando en la zona "0"? De hecho, hoy día 27,...