Una pausa para pensar en la abundancia, la gratitud y esa felicidad que siempre parece estar un poco más lejos. Imagine por un momento que pudiera traer a casa a una persona que vivió hace doscientos años. Probablemente no necesitaría enseñarle un teléfono móvil ni explicarle qué es internet para dejarla asombrada. Bastaría con acompañarla hasta la cocina. Abrimos el grifo y sale agua potable. Giramos otro mando y obtenemos agua caliente. Abrimos el frigorífico y encontramos leche, carne, pescado, fruta llegada de otros continentes y alimentos que podemos conservar durante días o semanas. Después podríamos llevarla al salón. Tocamos un interruptor y se hace la luz. Elegimos prácticamente cualquier pieza musical que se haya grabado y empieza a sonar. Sacamos unas gafas y seguimos leyendo aunque nuestros ojos hayan envejecido. En unos segundos podemos enviar un mensaje a alguien situado a miles de kilómetros. Si todavía no estuviera suficientemente desconcertada, podríamos explicarle que...
Menudo problema. Hoy no hay forma de colocar nuestros ahorros de forma segura en un producto que nos dé un mínimo de rentabilidad.
Hay que aceptarlo. Las nuevas políticas monetarias de los bancos centrales, singularmente del BCE, han acabado con la comodidad y tranquilidad de los depósitos remunerados e imposiciones a plazo fijo.
Ahora, si queremos rentabilizar nuestros ahorros hay que cambiar de mentalidad. Decirle adiós al tradicional concepto de ahorro y darle la bienvenida a la inversión. Pasar de ahorradores a inversores. Y esto implica, entre otras cosas, estar dispuesto a asumir riesgos y adquirir un mínimo de conocimientos que nos permitan movernos en este nuevo entorno sin salir escaldados.
Pues bien, en este blog, nos proponemos reflexionar sobre estas cuestiones, buscando algo de luz entre tanto ruido, confusión y perplejidad. Y todo ello con la esperanza de encontrar el modo de arañar un mínimo de rentabilidad al ahorro, sin perder de vista su preservación.
Hay que aceptarlo. Las nuevas políticas monetarias de los bancos centrales, singularmente del BCE, han acabado con la comodidad y tranquilidad de los depósitos remunerados e imposiciones a plazo fijo.
Ahora, si queremos rentabilizar nuestros ahorros hay que cambiar de mentalidad. Decirle adiós al tradicional concepto de ahorro y darle la bienvenida a la inversión. Pasar de ahorradores a inversores. Y esto implica, entre otras cosas, estar dispuesto a asumir riesgos y adquirir un mínimo de conocimientos que nos permitan movernos en este nuevo entorno sin salir escaldados.
Pues bien, en este blog, nos proponemos reflexionar sobre estas cuestiones, buscando algo de luz entre tanto ruido, confusión y perplejidad. Y todo ello con la esperanza de encontrar el modo de arañar un mínimo de rentabilidad al ahorro, sin perder de vista su preservación.
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