Invertir bien no consiste únicamente en encontrar buenas oportunidades. Muchas veces, la diferencia entre un buen y un mal resultado está simplemente en evitar grandes errores.
Esa es una de las ideas centrales de How Not to Invest: The Ideas, Numbers, and Behavior That Destroy Wealth — and How to Avoid Them, del inversor y divulgador financiero Barry Ritholtz.
Un artículo de Kathleen Coxwell publicado en Money Talks News, posteriormente recogido en The Big Picture, resume tres de las lecciones más interesantes del libro. Y las tres tienen algo en común: el principal enemigo del inversor no siempre está en los mercados. Muchas veces está en su propia forma de interpretar y reaccionar ante ellos.
Veamos cuáles son esos tres errores y, sobre todo, qué podemos hacer para evitarlos.
1. Invertir al ritmo de las noticias
Abres el periódico y lees que se aproxima una recesión. En televisión hablan de una caída inminente de la bolsa. En las redes sociales todo el mundo parece estar comprando una determinada acción, criptomoneda o activo.
¿Qué haces?
Para Ritholtz, uno de los errores más frecuentes consiste precisamente en permitir que el flujo constante de noticias financieras determine nuestras decisiones de inversión.
El problema es que los objetivos de los medios y los del inversor son diferentes.
Los medios necesitan captar nuestra atención. Un titular como “Los mercados podrían experimentar cierta volatilidad durante los próximos meses” probablemente genere menos interés que “¿Se aproxima el próximo gran desplome bursátil?”.
Pero una cartera de inversión no debería gestionarse en función del titular del día.
El mercado puede reaccionar a elecciones, guerras, inflación, decisiones de los bancos centrales, resultados empresariales o cualquier otra noticia. Sin embargo, para alguien que está invirtiendo con un horizonte de 10, 20 o 30 años, la pregunta verdaderamente importante es otra:
¿Ha cambiado esta noticia mi plan financiero de largo plazo?
En muchas ocasiones, la respuesta será no.
Qué podemos hacer
Antes de modificar una cartera debido a una noticia, conviene hacerse tres preguntas:
¿Ha cambiado realmente mi situación financiera?
¿Ha cambiado mi horizonte temporal o mi tolerancia al riesgo?
¿O simplemente estoy reaccionando emocionalmente a algo que acabo de leer?
Si la respuesta es la tercera, probablemente no sea necesario hacer nada.
Y eso nos lleva a una de las paradojas de la inversión: no hacer nada también es una decisión de inversión.
A menudo, una muy buena decisión.
2. No entender correctamente los números
El segundo gran problema señalado por Ritholtz es lo que denomina economic innumeracy: la dificultad para interpretar correctamente las cifras económicas y financieras.
No significa necesariamente ser malo en matemáticas.
Puedes saber perfectamente calcular un porcentaje y, aun así, interpretar mal una estadística económica.
Por ejemplo, no es lo mismo obtener una rentabilidad nominal del 5% con una inflación del 1% que obtener ese mismo 5% cuando los precios están aumentando un 4%.
Tampoco es lo mismo escuchar que la deuda de un país asciende a una cantidad enorme que analizar esa deuda en relación con el tamaño de su economía.
Y una previsión que afirma que un índice bursátil alcanzará determinado nivel dentro de doce meses continúa siendo una estimación, por muchos decimales y gráficos que la acompañen.
Las cifras transmiten una sensación de precisión que a veces no existe.
Algunos errores especialmente frecuentes
Entre los problemas que destaca Ritholtz están:
confundir rentabilidad nominal y rentabilidad real;
infravalorar el efecto de la inflación;
no comprender bien cómo funciona el interés compuesto;
dejarse convencer por estadísticas seleccionadas interesadamente;
interpretar previsiones como si fueran certezas;
analizar cifras económicas sin ponerlas en contexto.
El interés compuesto es un buen ejemplo.
Al principio puede parecer decepcionantemente lento. Pero cuanto más tiempo permanece invertido el dinero, mayor importancia adquiere la rentabilidad obtenida sobre las ganancias acumuladas anteriormente.
Por eso el tiempo puede ser uno de los activos más importantes del inversor.
Qué podemos hacer
Cuando alguien presente una cifra para justificar una inversión, podemos preguntarnos:
¿Comparada con qué?
Y después:
¿Durante qué periodo?
Y una tercera pregunta:
¿En términos nominales o reales?
Estas sencillas preguntas pueden evitar muchas conclusiones equivocadas.
Los números son esenciales para invertir. Pero un número sin contexto puede ser más engañoso que útil.
3. Creer que tomamos decisiones racionales
Probablemente este sea el punto más interesante.
Nos gusta pensar que analizamos información, valoramos alternativas y después tomamos una decisión racional.
En la práctica, nuestro cerebro funciona de otra manera.
Ritholtz presta especial atención a los sesgos cognitivos, esos atajos mentales que nos ayudan a tomar decisiones rápidamente pero que también pueden provocar errores importantes al invertir.
Entre ellos destacan cuatro.
Aversión a las pérdidas
Perder 1.000 euros puede producirnos un dolor psicológico mayor que la satisfacción que obtenemos al ganar esos mismos 1.000 euros.
Esto puede llevarnos, por ejemplo, a mantener durante demasiado tiempo una inversión perdedora simplemente porque venderla supone reconocer la pérdida.
Sesgo de confirmación
Tenemos tendencia a buscar información que confirme lo que ya pensamos.
Si hemos comprado una empresa convencidos de que tiene un futuro extraordinario, probablemente prestaremos más atención a los análisis positivos y restaremos importancia a las opiniones que cuestionen nuestra tesis.
Exceso de confianza
Después de varias inversiones acertadas resulta muy fácil atribuir los resultados exclusivamente a nuestra habilidad.
Eso puede llevarnos a aumentar el riesgo, concentrar excesivamente la cartera o realizar demasiadas operaciones.
Sesgo retrospectivo
Después de que algo ocurra, todo parece mucho más evidente.
“Estaba claro que aquella empresa iba a caer.”
“Se veía venir la crisis.”
“Era evidente que ese mercado estaba en una burbuja.”
El problema es que normalmente no era tan evidente antes de que ocurriera.
La solución: crear un sistema que nos proteja de nosotros mismos
Una de las ideas más útiles de Ritholtz consiste en reconocer que probablemente nunca eliminaremos completamente nuestros sesgos.
Por eso puede ser más efectivo diseñar un sistema de inversión que reduzca las oportunidades de cometer errores.
Algunas herramientas sencillas pueden ayudar:
automatizar las aportaciones periódicas;
mantener una cartera diversificada;
establecer previamente una distribución de activos;
rebalancear siguiendo unas reglas;
escribir por qué compramos una inversión y en qué circunstancias la venderíamos;
evitar consultar continuamente el valor de la cartera;
reducir las decisiones tomadas en momentos de miedo o euforia.
El objetivo no es convertirse en una persona completamente racional.
Probablemente eso sea imposible.
El objetivo es construir un proceso suficientemente sólido como para que nuestras emociones tengan menos oportunidades de sabotearlo.
Invertir mejor puede significar equivocarse menos
La industria financiera dedica una enorme cantidad de tiempo a intentar responder preguntas como:
¿Cuál será la próxima acción que multiplicará su valor?
¿Qué mercado tendrá mejor comportamiento este año?
¿Cuándo llegará la próxima recesión?
¿Qué hará la bolsa durante los próximos doce meses?
Pero quizás exista otra pregunta mucho más útil:
¿Qué errores puedo evitar?
No vender presa del pánico durante una caída.
No perseguir la inversión de moda.
No confundir una predicción con un hecho.
No ignorar la inflación.
No concentrar todo nuestro patrimonio en una única apuesta.
No creer que podemos anticipar constantemente los movimientos del mercado.
Individualmente pueden parecer decisiones pequeñas. A lo largo de varias décadas, pueden marcar una diferencia enorme.
La idea que plantea How Not to Invest es precisamente esa: para obtener buenos resultados no siempre necesitamos ser extraordinariamente brillantes. A veces basta con evitar comportamientos extraordinariamente perjudiciales.
Y probablemente esa sea una de las lecciones más importantes para cualquier inversor de largo plazo.
Fuente
Este artículo está inspirado en las ideas recogidas por Kathleen Coxwell en “3 Mistakes You’re Probably Making With Your Investments”, publicado originalmente en Money Talks News el 3 de julio de 2025 y posteriormente reproducido en The Big Picture de Barry Ritholtz el 7 de agosto de 2026.
Las ideas comentadas proceden del libro de Barry Ritholtz, How Not to Invest: The Ideas, Numbers, and Behavior That Destroy Wealth — and How to Avoid Them.
Nota: Este contenido tiene carácter exclusivamente divulgativo y educativo y no constituye asesoramiento financiero ni una recomendación de compra o venta de ningún activo.

Comentarios
Publicar un comentario