Cartera Defensiva GTI: invertir sin perder de vista la estabilidad.
Cuando pensamos en invertir, es fácil empezar por la pregunta equivocada: ¿Qué fondo debería comprar?
Antes hay otra mucho más importante:
¿Cuánto riesgo puedo asumir sin poner en peligro mis objetivos y sin sentirme obligado a abandonar la estrategia cuando lleguen las pérdidas?
La Cartera Defensiva GTI parte precisamente de esa pregunta.
Es la más prudente de las cinco Carteras GTI y pretende mostrarnos cómo puede construirse una cartera en la que la estabilidad tenga mucho más peso que la búsqueda de la máxima rentabilidad.
No es una recomendación ni una cartera que deba copiarse. Es un modelo didáctico, construido con fondos reales para que podamos medir su comportamiento y aprender de él.
Una idea muy sencilla: 25 % para crecer, 75 % para defender
La estructura de partida es deliberadamente simple:
| Tipo de inversión | Peso |
|---|---|
| Renta variable global indexada | 15 % |
| Renta variable global con enfoque de dividendos | 10 % |
| Renta fija corta en euros | 25 % |
| Renta fija ultracorta en euros | 25 % |
| Monetario en euros | 25 % |
Tenemos, por tanto, un 25 % de renta variable y un 75 % defensivo.
Pero el X-Ray nos permite ir un poco más allá de las etiquetas. Al mirar dentro de los fondos, la exposición efectiva de la cartera es aproximadamente un 23,35 % a acciones, un 40,30 % a obligaciones y un 35,70 % a efectivo.
Esta diferencia es interesante porque recuerda algo importante: el nombre de las categorías en las que colocamos nuestros fondos no nos dice exactamente qué tenemos. Para saberlo hay que mirar dentro de ellos.
¿A quién puede representar esta cartera?
A un inversor prudente.
Alguien que desea que sus ahorros crezcan con el tiempo pero concede mucha importancia a la estabilidad y no se sentiría cómodo viendo caer una parte considerable de su patrimonio durante una crisis bursátil.
Su horizonte debería ser de al menos 3-5 años, preferiblemente superior.
Esto no significa que cinco años garanticen un resultado positivo. Ningún plazo convierte una inversión en segura. Significa simplemente que una cartera que incorpora renta variable necesita tiempo para atravesar diferentes situaciones de mercado.
Y hay algo previo: el dinero que podamos necesitar a corto plazo no debería depender del comportamiento de los mercados.
El 25 % de renta variable: participar sin depender de la bolsa
¿Por qué introducir bolsa en una cartera defensiva?
Porque evitar cualquier fluctuación también tiene un coste.
A largo plazo, necesitamos alguna fuente de crecimiento que ayude al patrimonio a mantener su capacidad adquisitiva.
Por eso destinamos aproximadamente una cuarta parte de la cartera a renta variable.
El 15 % global indexado constituye el núcleo. Su función es participar de forma amplia en el crecimiento de las empresas de los mercados desarrollados sin intentar decidir qué país, sector o compañía será el próximo ganador.
El otro 10 % adopta un enfoque de dividendos. No porque los dividendos garanticen mejores resultados, sino porque buscamos complementar el índice global con una exposición algo diferente.
Y los datos muestran que existe cierta diferenciación entre ambas piezas: su correlación histórica a tres años es de 0,40, suficientemente positiva como para que ambas participen del comportamiento de las acciones, pero lejos de moverse exactamente igual.
Eso es lo que nos interesa de la diversificación: que cada pieza aporte algo diferente al conjunto.
El verdadero protagonista es el 75 % defensivo
La renta variable proporciona el potencial de crecimiento, pero no define esta cartera.
Lo hace su bloque defensivo.
Y aquí hemos preferido dividirlo en tres escalones.
25 % monetario: estabilidad
Su función es sencilla: estabilidad, liquidez y una remuneración relacionada con los tipos monetarios del euro.
No esperamos grandes resultados de esta pieza. Tampoco los necesitamos.
En los últimos tres años, el fondo utilizado para representar esta función ha presentado una volatilidad de apenas 0,25 %.
Eso explica perfectamente para qué está ahí.
25 % ultracorto: subir un pequeño escalón
El segundo nivel intenta obtener algo más de rentabilidad aceptando unas oscilaciones todavía muy reducidas.
El fondo utilizado presenta una volatilidad histórica a tres años de alrededor del 0,40 %.
De nuevo, lo importante no es su nombre. Es su comportamiento.
No queremos que esta parte sorprenda positivamente. Queremos, sobre todo, que no sorprenda negativamente.
25 % de renta fija corta: aceptar algo más de movimiento
Aquí damos otro pequeño paso.
Aceptamos más riesgo de crédito y de tipos de interés buscando una rentabilidad potencial superior.
Pero seguimos evitando una duración elevada. El X-Ray sitúa la duración efectiva de la renta fija en 1,87 años.
Esto es deliberado.
Una cartera defensiva no necesita asumir grandes riesgos de duración simplemente porque tradicionalmente se considere que los bonos son la parte conservadora de una cartera.
La pregunta debería ser siempre:
¿La rentabilidad adicional esperada compensa el riesgo que estamos añadiendo?
¿Ha funcionado históricamente esta combinación?
Aquí es donde el ejercicio empieza a resultar interesante.
Morningstar permite reconstruir cómo se habría comportado esta combinación de fondos utilizando sus datos históricos.
Los resultados anualizados son:
| 3 años | 5 años | |
|---|---|---|
| Rentabilidad anualizada | 6,22 % | 4,31 % |
| Volatilidad | 2,55 % | 3,19 % |
| Ratio de Sharpe | 1,25 | 0,74 |
Los números son interesantes, pero debemos interpretarlos correctamente.
Una rentabilidad del 6,22 % anual durante los últimos tres años no es nuestra expectativa de rentabilidad futura. Este periodo ha sido especialmente favorable para determinados activos y los tipos monetarios han proporcionado una remuneración que no tiene por qué mantenerse.
Mucho más interesante para evaluar una cartera defensiva es observar cuánto se ha movido para conseguir esos resultados.
Y ahí encontramos una volatilidad del 2,55 % a tres años, frente al 11,67 % del componente global de renta variable utilizado en la cartera.
Eso sí empieza a decirnos algo sobre su carácter defensivo.
¿Y cuando las cosas han ido mal?
Esta es probablemente la prueba más importante.
La reconstrucción histórica de Morningstar encuentra que el peor periodo de tres meses fue de −6,07 %, coincidiendo con el desplome de febrero-marzo de 2020.
El peor periodo de seis meses habría sido −5,04 % y el peor periodo de doce meses, −3,23 %.
Es decir: defensiva no significa inmune a las pérdidas.
Una caída próxima al 6 % en pocos meses es perfectamente posible.
Pero precisamente ahí aparece la diferencia entre riesgo bajo y ausencia de riesgo.
Una cartera dominada por acciones sufrió movimientos muchísimo mayores durante aquel episodio. El objetivo de esta construcción no es evitar cualquier pérdida, sino reducir su magnitud hasta niveles que puedan resultar soportables para un inversor prudente.
Hay otro dato interesante. En esta reconstrucción, el peor periodo de tres años habría producido un −0,62 % anualizado, mientras que el peor periodo de cinco años habría terminado todavía con un +0,46 % anualizado.
No debemos convertirlo en una promesa para el futuro. Pero sí nos ayuda a comprender cómo se ha comportado históricamente una estructura de estas características.
Diversificar no significa acumular fondos
Otro aspecto interesante del X-Ray son las correlaciones.
El componente monetario apenas presenta correlación con el índice global (−0,07) y la renta fija corta muestra una correlación de sólo 0,07. El ultracorto presenta una correlación algo mayor, 0,24.
Esto nos interesa mucho más que tener diez o quince fondos.
Porque la diversificación no consiste en contar productos.
Consiste en combinar activos que respondan de manera diferente ante las mismas circunstancias.
Por eso la Cartera Defensiva GTI sólo necesita cinco piezas.
¿Y si incluso esto es demasiado riesgo?
También puede ocurrir.
El peor trimestre histórico reconstruido nos da una pista muy útil.
Una persona que considere insoportable ver temporalmente una pérdida cercana al 6 % probablemente no debería asumir este nivel de riesgo.
Y no hay absolutamente nada malo en ello.
Para un perfil extremadamente conservador puede tener más sentido una cartera exclusivamente monetaria o una combinación de fondos monetarios y ultracortos.
El objetivo no es asumir todo el riesgo que teóricamente podamos asumir.
Es asumir sólo aquel que podamos mantener cuando las cosas vayan mal.
Fondos reales, sin convertirlos en recomendaciones
La Cartera Defensiva GTI está construida con cinco fondos reales.
Necesitamos hacerlo así para disponer de precios, carteras, rentabilidades, volatilidades y correlaciones reales.
Pero en estos artículos preferimos hablar de funciones y no de productos.
No nos interesa especialmente saber si un determinado fondo gana dos décimas más que otro durante unos meses.
Queremos responder preguntas más importantes:
¿Está funcionando la cartera como esperábamos? ¿Está proporcionando suficiente estabilidad? ¿Cómo responde cuando cae la bolsa? ¿Compensa la rentabilidad obtenida el riesgo asumido? ¿Sigue cada pieza cumpliendo su función?
Los fondos son el instrumento que nos permite medir.
La cartera es lo que queremos estudiar.
Una última precaución: estos resultados no son una promesa
Hay una precisión metodológica importante.
La Cartera Defensiva GTI no lleva necesariamente cinco años funcionando exactamente con esta composición.
El X-Ray reconstruye sus resultados históricos a partir de las rentabilidades mensuales de los fondos que actualmente la integran y supone un rebalanceo mensual de la cartera.
Por tanto, estos datos responden a una pregunta concreta:
¿Cómo se habría comportado históricamente la cartera que hemos diseñado hoy?
No responden a otra muy distinta:
¿Cómo se comportará durante los próximos cinco años?
Eso nadie lo sabe.
Precisamente por ello iremos siguiéndola periódicamente.
La verdadera enseñanza de la Cartera Defensiva GTI
Quizá lo más interesante no sea que haya obtenido un 6,22 % anualizado durante los últimos tres años.
Es comprobar que ese resultado histórico se ha producido con una volatilidad del 2,55 %, mientras que aproximadamente tres cuartas partes de la cartera permanecían en activos defensivos.
Eso nos devuelve al principio.
Invertir bien no consiste necesariamente en obtener la máxima rentabilidad posible.
Una cartera sólo es buena para nosotros si podemos mantenerla.
La Cartera Defensiva GTI renuncia deliberadamente a buena parte de las ganancias que podría proporcionar una cartera mucho más expuesta a bolsa a cambio de intentar conseguir algo que para determinados inversores puede ser bastante más importante:
Una trayectoria más estable y unas pérdidas temporales más soportables.
No sabemos cuánto rentará en el futuro.
Pero sí sabemos qué queremos pedirle.
Crecimiento moderado, elevada estabilidad y suficiente resistencia para permitirnos mantener el rumbo cuando los mercados atraviesen dificultades.
Y ahora tenemos algo especialmente útil para comprobarlo: datos reales con los que contrastar nuestras expectativas.
Las Carteras GTI tienen una finalidad exclusivamente reflexiva, divulgativa y formativa. No constituyen asesoramiento financiero ni recomendaciones personalizadas de inversión. Cada inversor debe adoptar sus decisiones teniendo en cuenta sus circunstancias, objetivos, horizonte temporal y tolerancia al riesgo y, cuando resulte conveniente, acudir a un asesor financiero o patrimonial debidamente cualificado y acreditado.

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