¿Está la bolsa cara? Algunos indicadores para tomar la temperatura al mercado
¿Está la bolsa cara? ¿Hay demasiado optimismo? ¿Se acerca una recesión? ¿Hay suficiente liquidez para que las subidas continúen?
Quien intenta responder a estas preguntas descubre rápidamente un pequeño problema: no existe un indicador capaz de resumir por sí solo el riesgo de los mercados.
Hay indicadores que miden el miedo, otros que intentan mostrarnos si una subida bursátil es sólida, algunos anticipan cómo evoluciona la economía y otros nos dicen cuánto estamos pagando por los beneficios de las empresas.
Cada uno observa una parte distinta de la realidad.
El artículo que compartimos hoy propone precisamente mirar el mercado desde varios ángulos: sentimiento de los inversores, amplitud de las subidas, indicadores adelantados de la economía, valoraciones y liquidez del sistema financiero.
Entre otros, Diego F. (Moclano) explica qué podemos aprender del VIX, el Fear & Greed Index, la línea avance/descenso, los PMI, la curva de tipos, el PER esperado o el balance de los bancos centrales.
Pero ¿qué significa todo esto para quien no está acostumbrado a manejar estos conceptos?
Primero, ¿qué estamos intentando medir?
Podemos agrupar estos indicadores en cinco grandes familias.
1. Sentimiento: ¿domina el miedo o la euforia?
Los mercados no se mueven únicamente por beneficios empresariales, tipos de interés o crecimiento económico. También influyen las expectativas y el comportamiento de millones de inversores.
El VIX, conocido habitualmente como «índice del miedo», mide la volatilidad que el mercado de opciones espera para el S&P 500 durante aproximadamente los próximos 30 días. Cuando sube con fuerza suele indicar mayor nerviosismo e incertidumbre; cuando permanece muy bajo, refleja un mercado más tranquilo.
Eso no significa que un VIX bajo anuncie necesariamente una caída ni que uno alto indique que haya llegado el momento de comprar. Nos informa de la temperatura emocional del mercado, no de lo que sucederá después.
El Fear & Greed Index —índice de miedo y codicia— intenta ir un poco más allá combinando distintas variables para estimar si entre los inversores predomina el temor o, por el contrario, un optimismo elevado.
Su utilidad tampoco consiste en predecir el próximo movimiento de la bolsa. Nos ayuda a recordar que los mercados pueden atravesar momentos en los que las emociones colectivas se alejan considerablemente de la normalidad.
2. Amplitud: ¿sube todo el mercado o solamente unas pocas empresas?
Un índice puede subir aunque muchas de las empresas que lo componen estén cayendo.
¿Cómo es posible?
Porque las compañías más grandes tienen mucho peso en índices como el S&P 500. Si unas pocas grandes empresas suben con suficiente fuerza, pueden arrastrar al índice aunque muchas otras no participen de la subida.
Para detectar estas situaciones existen los indicadores de amplitud de mercado.
Uno de los más conocidos es la línea avance/descenso, que compara diariamente cuántas acciones suben frente a cuántas bajan y va acumulando el resultado.
Si el índice alcanza nuevos máximos y la línea avance/descenso también lo hace, la subida está participada por muchas compañías. Si el índice continúa subiendo mientras cada vez menos acciones acompañan el movimiento, aparece una divergencia que merece nuestra atención.
No significa que la bolsa vaya a caer inmediatamente. Nos indica simplemente que la subida puede estar apoyándose sobre una base cada vez más estrecha.
3. Economía: ¿está mejorando o deteriorándose la actividad?
La bolsa y la economía no son lo mismo. Además, los mercados financieros suelen intentar anticipar lo que ocurrirá meses después.
Por eso resultan interesantes algunos indicadores adelantados.
Los PMI (Purchasing Managers' Index) se elaboran mediante encuestas a responsables de compras de empresas y permiten obtener una impresión relativamente rápida de cómo está evolucionando la actividad.
La referencia más sencilla es 50: normalmente, una lectura superior indica expansión de la actividad y una inferior, contracción. Más importante que una lectura aislada puede ser observar su tendencia: si está mejorando o deteriorándose durante varios meses.
Otro indicador muy seguido es la curva de tipos de interés, que compara los tipos que ofrece la deuda pública a distintos vencimientos.
En condiciones normales, prestar dinero durante diez años suele exigir una rentabilidad superior a hacerlo durante dos. En determinadas ocasiones ocurre lo contrario y los tipos a corto plazo superan a los de largo plazo: hablamos entonces de una curva invertida.
Históricamente, determinadas inversiones de la curva han precedido a recesiones. Pero nuevamente debemos evitar convertir una relación histórica en un reloj: no nos dice con precisión si habrá una recesión ni cuándo comenzará.
4. Valoración: ¿cuánto estamos pagando?
Una buena empresa no es necesariamente una buena inversión a cualquier precio.
Aquí entran los indicadores de valoración.
Uno de los más utilizados es el PER (Price Earnings Ratio), que relaciona el precio de una acción o de un índice con los beneficios de las empresas.
Simplificando mucho, si una acción cotiza a 100 euros y genera 5 euros de beneficio anual por acción, su PER sería 20.
El PER esperado o forward PER realiza el cálculo utilizando los beneficios que los analistas esperan para los próximos doce meses en lugar de los ya obtenidos.
Un PER elevado puede indicar que el mercado está pagando mucho por los beneficios esperados, pero no significa automáticamente que las acciones estén «demasiado caras». Las valoraciones deben interpretarse teniendo en cuenta los tipos de interés, el crecimiento esperado, la calidad de las compañías y, sobre todo, su propia historia.
Su utilidad está más cerca de ayudarnos a formar expectativas razonables sobre el futuro que de indicarnos el momento exacto para entrar o salir de la bolsa.
5. Liquidez: ¿hay dinero abundante o escaso en el sistema?
Finalmente encontramos un concepto algo más abstracto: la liquidez financiera.
Cuando los bancos centrales expanden sus balances comprando activos, reducen tipos o proporcionan abundante financiación al sistema, las condiciones financieras tienden a hacerse más favorables. Cuando ocurre lo contrario, esas condiciones pueden endurecerse.
Por eso algunos analistas siguen la evolución de los balances de los principales bancos centrales —como la Reserva Federal estadounidense o el Banco Central Europeo— junto con otras medidas de liquidez.
Conviene evitar una simplificación frecuente: que aumente la liquidez no significa automáticamente que la bolsa tenga que subir, ni su reducción obliga a que caiga.
Es una pieza más del entorno en el que funcionan los mercados.
Ningún indicador tiene la respuesta
Llegados hasta aquí podríamos caer precisamente en el error contrario: construir un enorme cuadro de indicadores y esperar que de él salga una señal inequívoca de «comprar» o «vender».
Probablemente lo más importante del artículo de Moclano no sea ninguno de estos indicadores individualmente.
Es la idea de confluencia.
Una señal aislada puede engañarnos.
Un VIX muy bajo puede permanecer bajo durante mucho tiempo. Un PER elevado puede seguir aumentando. Una curva invertida puede anticipar una recesión que tarde muchos meses en llegar. Una divergencia en la amplitud puede corregirse simplemente porque el resto del mercado termine incorporándose a las subidas.
Pero si varias señales independientes comienzan a apuntar simultáneamente hacia una situación parecida, al menos merece la pena prestar atención.
Imaginemos, por ejemplo, un mercado en el que coinciden:
valoraciones históricamente exigentes;
optimismo extremo entre los inversores;
una subida sostenida por cada vez menos compañías;
deterioro progresivo de los indicadores económicos;
y condiciones financieras menos favorables.
Ninguno de esos elementos permite afirmar que mañana comenzará una caída.
Pero todos juntos describen un entorno diferente del que existiría si las valoraciones fueran moderadas, la participación amplia, la economía estuviera mejorando y los inversores mantuvieran expectativas prudentes.
La confluencia no convierte los indicadores en una herramienta de predicción. Los convierte en una herramienta de contexto.
¿Necesita realmente todo esto un inversor particular?
Aquí llegamos a la cuestión que más nos interesa en Inverahorro.
Un pequeño inversor que construye una cartera diversificada pensando en diez, quince o veinte años no necesita levantarse cada mañana a consultar el VIX, los PMI, la curva de tipos y el balance de la Reserva Federal.
Hacerlo incluso podría resultar contraproducente si termina reaccionando continuamente ante cada cambio.
Entonces, ¿para qué conocerlos?
Quizá para algo bastante más sencillo.
Para entender mejor el entorno en el que estamos invirtiendo sin confundir ese conocimiento con la capacidad de predecirlo.
Si aparecen simultáneamente señales de euforia, valoraciones exigentes, deterioro económico y menor participación en las subidas, no sabemos cuándo llegará una corrección. Ni siquiera sabemos con certeza si llegará próximamente.
Pero puede ser un buen momento para hacernos algunas preguntas:
¿Estoy asumiendo más riesgo del que pretendía?
¿Ha aumentado mucho el peso de la renta variable simplemente porque ha subido?
¿Estoy comprando porque encaja en mi plan o porque temo quedarme fuera de las subidas?
¿Podría soportar una caída importante sin abandonar mi estrategia?
Quizá la respuesta no sea vender.
Puede ser simplemente rebalancear la cartera y devolverla a los porcentajes que habíamos establecido, o incluso no hacer absolutamente nada después de comprobar que continúa siendo adecuada para nuestros objetivos.
Los indicadores también pueden ayudarnos cuando domina el miedo
Y ocurre algo parecido en sentido contrario.
Imaginemos un mercado después de fuertes caídas. Las noticias son pésimas, el VIX está disparado, los inversores muestran un pesimismo extremo y las valoraciones son bastante inferiores a las de unos meses antes.
Nuestra reacción emocional puede decirnos:
«Tengo que salir antes de perder todavía más».
Los indicadores tampoco podrán asegurarnos que el mercado haya tocado fondo.
Pero pueden ayudarnos a comprender que estamos tomando una decisión en un entorno de miedo excepcional y obligarnos a preguntarnos si estamos modificando nuestra estrategia porque han cambiado nuestros objetivos o simplemente porque estamos asustados.
Esta función es mucho más modesta que predecir el mercado.
Y probablemente bastante más útil.
Termómetros, no oráculos
Podemos pensar en todos estos indicadores como los instrumentos del cuadro de mandos de un automóvil.
El indicador de temperatura no sabe adónde vamos.
El nivel de combustible tampoco.
Ni el cuentarrevoluciones.
Cada uno mide algo diferente y todos juntos nos proporcionan información sobre el estado del vehículo.
Pero ninguno conduce por nosotros.
Con los mercados ocurre algo parecido.
El VIX puede hablarnos del miedo. La amplitud, de cuántas compañías participan en las subidas. Los PMI, del pulso de la actividad económica. La curva de tipos, de las expectativas y condiciones monetarias. El PER, de cuánto estamos pagando por los beneficios. Y la liquidez, del entorno financiero en el que todo ello sucede.
Ninguno sabe qué hará mañana la bolsa.
Y quizá esa sea precisamente la enseñanza que debería llevarse de este artículo quien empieza a invertir.
No necesitamos que estos indicadores nos digan cuándo comprar o vender. Nos basta con que nos ayuden a comprender cuánto riesgo estamos asumiendo y a no tomar malas decisiones cuando cambie la temperatura del mercado.
En «Termómetro de los mercados», Diego F. (Moclano) explica de forma accesible algunos de los principales indicadores que utiliza para tomar el pulso a los mercados y controlar el riesgo.
Recomendamos su lectura, especialmente a quien quiera empezar a comprender qué hay detrás de muchas de las señales que aparecen habitualmente en la prensa financiera sin caer en la tentación de utilizarlas como fórmulas de predicción.
También recomendamos el artículo de J. C. Ureta en R4 "Nuevos récords y menos euforia, a la espera de que llegue el 'dream'", en el que se comenta la actualidad de los mercados a la luz de alguno de los indicadores comentados en este artículo.
Fuente
Diego F. (Moclano), [Termómetro de los mercados], El Rincón de Moclano.
Este artículo de Inverahorro parte de su publicación y desarrolla algunas de sus ideas desde una perspectiva específicamente educativa para el inversor particular. Las explicaciones, ejemplos y conclusiones prácticas añadidas por Inverahorro no deben atribuirse al autor original.

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