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Aviso: Los contenidos de este blog tienen un carácter exclusivamente reflexivo, divulgativo y formativo. Su finalidad es fomentar el aprendizaje y la reflexión sobre el ahorro, la inversión y las finanzas personales, sin constituir en ningún caso asesoramiento financiero ni recomendaciones de inversión personalizadas. Toda decisión de inversión debe basarse en un análisis propio y toda inversión conlleva riesgos.

Las bolsas siguen teniendo apoyo, pero el escenario ya no es el de 2025

Geopolítica, beneficios, economía y liquidez continúan sosteniendo al mercado. Juan Carlos Ureta cree que el ciclo no está roto, aunque ahora toca consolidar y digerir excesos.

Hace un año, en pleno verano de 2025, Juan Carlos Ureta, presidente ejecutivo de Renta 4 Banco, defendía una idea que entonces no resultaba precisamente evidente: tras el fuerte rechazo inicial a las políticas de la nueva Administración Trump, los mercados estaban empezando a adaptarse a un escenario diferente y encontraban razones para seguir subiendo.

Doce meses después, Ureta vuelve sobre aquella tesis en su comentario semanal publicado por Renta 4, bajo el título “Un año después: geopolítica, resultados, macro y liquidez siguen impulsando a las bolsas, pero en un contexto diferente”.

Y ese «contexto diferente» es probablemente lo más interesante del artículo para el pequeño inversor.

Porque Ureta no dice que se hayan acabado los argumentos favorables para la bolsa. Al contrario: sostiene que los cuatro grandes apoyos del mercado continúan funcionando. Pero introduce un matiz importante: no deberíamos esperar necesariamente que lo sucedido en 2025 vuelva a repetirse con la misma intensidad.

Cuatro pilares que siguen sosteniendo al mercado

La tesis de Ureta se apoya en cuatro factores: geopolítica, resultados empresariales, economía y liquidez.

1. Una geopolítica complicada, pero no necesariamente descontrolada

Vivimos rodeados de titulares geopolíticos inquietantes. Sin embargo, Ureta invita a separar el ruido de sus consecuencias económicas y financieras reales.

Su ejemplo más inmediato es el petróleo. Las perspectivas de un acuerdo en Irán y de normalización del estrecho de Ormuz provocaron una caída semanal del WTI del 8%, hasta los 77 dólares por barril.

Es una observación interesante para el inversor.

No se trata de negar los riesgos geopolíticos, sino de recordar que un acontecimiento político solo adquiere verdadera relevancia para los mercados cuando termina afectando a variables como la energía, la inflación, el comercio, los beneficios empresariales o los tipos de interés.

Conviene, por tanto, prestar menos atención al volumen de los titulares y más a sus consecuencias económicas.

2. Los beneficios siguen respaldando las cotizaciones

Este es posiblemente el argumento más sólido de todo el artículo.

Según los datos recogidos por Ureta, hasta el 31 de julio el 86% de las compañías que habían presentado resultados habían superado las previsiones del consenso tanto en beneficio por acción como en ingresos.

Además, varias empresas relacionadas con la inteligencia artificial han seguido presentando cifras muy fuertes.

Y aquí aparece una enseñanza fundamental: una cosa es que determinadas acciones hayan subido muchísimo y otra diferente que esas subidas carezcan completamente de respaldo empresarial.

Las valoraciones importan, por supuesto. Cuanto más exigente es el precio que pagamos, menor margen existe para decepcionar. Pero mientras los beneficios sigan creciendo, existe un soporte fundamental para las cotizaciones.

Para un inversor a largo plazo, probablemente sea más útil vigilar la evolución de los beneficios que intentar anticipar el próximo movimiento del índice.

3. La economía se desacelera, pero eso no equivale todavía a recesión

El tercer pilar presenta más matices.

Ureta observa signos de desaceleración en Estados Unidos: crecimiento débil del PIB durante el segundo trimestre y destrucción de 23.000 empleos en julio. El consumo parece perder algo de fuerza.

Al mismo tiempo, la inversión relacionada con la inteligencia artificial continúa siendo elevada.

Esto sitúa al mercado en una situación peculiar. Un crecimiento algo más débil no tiene por qué ser necesariamente malo para las bolsas si consigue reducir las presiones inflacionistas sin desembocar en una recesión.

Especialmente si un petróleo más barato ayuda también a moderar los precios.

El escenario favorable sería, por tanto, bastante concreto:

menos inflación + desaceleración moderada + beneficios empresariales resistentes.

Lo que suele denominarse un soft landing o aterrizaje suave.

Pero precisamente por eso habrá que seguir los datos. El IPC estadounidense, las ventas minoristas y la confianza del consumidor serán algunas de las próximas piezas del puzle.

4. La liquidez continúa siendo abundante

El cuarto soporte es menos visible para el inversor particular, pero muy importante: la liquidez.

Ureta interpreta las actuaciones de la Administración estadounidense en apoyo del yen como una muestra de la voluntad de intervenir cuando sea necesario para evitar tensiones financieras importantes.

La liquidez no garantiza que las bolsas suban. Pero sí condiciona enormemente el entorno en el que operan los mercados.

Cuando el sistema financiero dispone de abundante liquidez, los episodios de tensión encuentran generalmente un terreno más favorable para ser absorbidos que cuando bancos centrales y gobiernos están retirándola.

Entonces, ¿por qué ser más prudentes?

Aquí está, a mi juicio, el verdadero mensaje del artículo.

Los cuatro motores continúan funcionando, pero los precios ya han recorrido una parte importante del camino.

Solo durante el segundo trimestre, según recuerda Ureta, el Nasdaq 100 avanzó un 27,5%, el S&P 500 un 15%, el Nikkei un 37,2% y el KOSPI coreano un extraordinario 67,8%.

Después de movimientos así, no debería sorprender que aparezcan correcciones.

Y algunas pueden ser violentas.

Eso es precisamente lo que está sucediendo en determinados segmentos relacionados con semiconductores, memorias e inteligencia artificial, mientras otros índices continúan marcando máximos históricos.

No es necesariamente una contradicción.

Corregir no significa que se haya terminado el ciclo

Ureta utiliza una expresión especialmente interesante: «corrección ordenada».

Su escenario central no es una nueva fase alcista comparable a la de 2025, pero tampoco el gran desplome que algunos inversores llevan tiempo pronosticando.

Más bien estaríamos entrando en una etapa de consolidación y digestión de excesos.

La diferencia es importante.

Una corrección puede ser perfectamente compatible con un mercado alcista de largo plazo. De hecho, eliminar excesos de valoración y especulación puede contribuir a hacerlo más sostenible.

Ureta contrapone esta visión al escenario de un crash similar al de 1987 que vuelve a plantear Michael Burry. Considera que existen razones para una corrección de cierta importancia, pero no para esperar necesariamente un proceso caótico.

¿Qué podemos aprender como pequeños inversores?

Quizá la principal enseñanza sea evitar los dos extremos que aparecen continuamente cuando los mercados están cerca de máximos.

Por un lado:

«Esto no puede seguir subiendo; hay que vender antes del desplome».

Por otro:

«La bolsa seguirá subiendo; hay que aprovechar para comprar todo lo posible».

Probablemente ninguno sea un buen punto de partida.

El artículo de Ureta sugiere una tercera posibilidad mucho más razonable: los fundamentos pueden seguir siendo positivos mientras las rentabilidades futuras se moderan y aumenta la dispersión entre empresas y sectores.

Eso tiene varias consecuencias prácticas.

Primera: no confundir máximos históricos con una señal automática de venta. Si beneficios, economía y liquidez continúan acompañando, que un índice esté en máximos no significa por sí mismo que vaya a desplomarse.

Segunda: tampoco extrapolar las rentabilidades recientes. Después de las extraordinarias subidas registradas desde 2025, esperar que ese ritmo continúe indefinidamente sería poco prudente.

Tercera: aceptar las correcciones como parte normal de la inversión. Que determinadas acciones caigan un 15%, un 20% o incluso más no significa necesariamente que todo el mercado esté iniciando una crisis.

Cuarta: distinguir índice y empresas. Podemos encontrarnos simultáneamente con índices cerca de máximos y compañías concretas sufriendo correcciones muy importantes. Cuanto mayores hayan sido los excesos previos, mayor puede ser esa dispersión.

Y quinta, probablemente la más importante: mantener una cartera coherente con nuestro riesgo. Si una corrección normal del mercado nos obliga a vender, posiblemente el problema no esté en la bolsa, sino en que habíamos asumido más riesgo del que realmente podíamos soportar.

Nuestro Cuaderno del Inversor

Podríamos resumir el artículo de esta semana en una idea sencilla:

Que los fundamentos sigan siendo buenos no significa que las bolsas tengan que seguir subiendo al mismo ritmo.

Ese matiz es especialmente importante después de un periodo de rentabilidades extraordinarias.

Ureta no plantea un mercado sin riesgos. Habla expresamente de excesos que deben corregirse y reconoce motivos para una corrección de cierta envergadura.

Pero tampoco comparte la idea de que cada valoración elevada, cada caída tecnológica o cada máximo histórico anuncien necesariamente el próximo gran crash.

Para quienes invertimos sin pretender adivinar el mercado, quizá sea suficiente con algo bastante menos espectacular: observar beneficios, inflación, crecimiento y liquidez; diversificar; mantener el riesgo bajo control y no modificar toda una estrategia de inversión por el titular de la semana.

En mercados financieros, sobrevivir a los excesos de optimismo suele ser tan importante como sobrevivir a los excesos de pesimismo.


Fuente: Juan Carlos Ureta Domingo, presidente ejecutivo de Renta 4 Banco, “Un año después: geopolítica, resultados, macro y liquidez siguen impulsando a las bolsas, pero en un contexto diferente”, comentario semanal publicado por Renta 4, agosto de 2026.

Este artículo tiene una finalidad exclusivamente divulgativa, formativa y reflexiva. No constituye asesoramiento financiero ni una recomendación personalizada de inversión.

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